EL CABARET DEL VERSO
ISIDRO R. AYESTARÁN

(c) 2008 - 2020

Abandonado en la puerta de un camerino en un destartalado cabaret, fue educado por siete cómicos de la legua en las más variadas artes escénicas entre libretos teatrales, plumas de vedette, pelucas, tacones de aguja, luces de neón, cuplés, coplas, boleros, marionetas, carromatos, asfalto y un sinfín de desventuras que acabaron por convertirlo en un pseudo-escritor de relatos y poemas que recita por escenarios de más que dudosa reputación junto a los espíritus de Marlene Dietrich, Bette Davis y Sara Montiel, quienes lo acompañan desde niño en sus constantes viajes a ninguna parte.

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EN EL CAMINO DE LAS ESTRELLAS



A la última corista de mi cabaret le parece almodovariano
que este supuesto Príncipe de los Bohemios
pertenezca al mundo de la Semana Santa,
y que este año no pueda procesionar porque mis
cansados huesos me impidan estar de pie más allá de media hora.

Pero en la tarde de Jueves Santo me subí a una tribuna a ver
a mi gente desde la distancia nostálgica del “querer y no poder”,
mientras las lágrimas silenciosas se derramaban por el interior
de mis adentros, allí sentado a la diestra de una quimera de amor
y a la siniestra de mis dos pilares básicos, plenos de sabiduría y
cariño sincero ella, de sonrisa cómplice él;
y junto a gente que me quiere y adora, en un juego de sentimientos
recíprocos y mutuos de los años compartidos.
No dejes de ser mi peluchín”, me decía la dama que alberga en
su nombre a todos los ángeles del cielo junto a su marido, el
huraño más entrañable desde aquella película de John Ford
sobre un hombre tranquilo y sosegado.

Tras despedirme con un beso (que siempre son mil),
los hombres de negro de Reservoir dogs, en un cuadro sobre
la pared del Urban Classic, me llevó a escribir nuevos versos.
Aparecieron dos señoritas muy finas, que se sentaron encima
de unos periódicos para no albergar sus refinadas posaderas en
aquel antro decadente sobre los mitos del cine y la vida.
Y un chulazo extranjero, a lo James Dean con causa de gallardía,
se quedaba en mangas de camisa para ligarse a la más coqueta.
Esa chica te hará terriblemente infeliz y desgraciado”, le gritaba.
“¿Y por qué?”, me preguntaba mi silenciosa compañera.
Porque está demasiado bueno como para estar con una mujer,
teniendo en cuenta lo mullido que tengo mi regazo
”, respondí.
Y claro, la pobre Cascabel, testigo mudo y sonrojado por mi
último delirio de carne y deseo, me recordó que hacía pocos
días le había confesado a mi hermano Absenta que yo ya
andaba algo “alesbianado”, competencia desleal, a estas alturas,
de todos los poetas heteros de la sórdida noche.

Luego un brindis especial por todas las cosas buenas de la
vida que nunca se olvidan, al tiempo que Bunbury cantaba
por los altavoces eso de “Si no fuera por ti”, una cajetilla de
cigarrillos quedaba vacía sobre la mesa de madera, junto a un
pasquín sobre la humofobia, y una visita urgente al cuarto
de baño, atravesando unas cortinillas a lo Miguel Bosé
en “Tacones lejanos”, mientras cantaba aquello de
Si ahora tú te vas, no recuperarás, los momentos felices
que te hice vivir
…”
La banda sonora de una vida, escrita para mí.

En aquella noche especial de recogida espiritual,
conocí también a la gran Inmaculada Concepción, aunque
en un arranque sincero se presentó como “Macu”
para los amigos y todos los poetas de Santander,
la croupier más famosa del Gran Casino, antigua propietaria
del hoy desaparecido Bar Capitol y politoxicómana con
dignidad reconocida, que los excesos siempre han tenido
nombre, apellidos y Libro de Familia.
Y allí estaba ella, con sus amigos putativos, recitando a la noche
infinidad de versos a los que luego prendía fuego.
No lo olvides, Príncipe” – me decía en su delirio – “que
la poesía es el arma para explicar la justicia y la belleza
”.

Aquella madrugada que llevaba al Viernes Santo,
un transformista asistió atónito a un juicio sin sentido,
donde fue condenado, flagelado y asesinado por un grupo
de Skin Heads al grito de “¡¡Maricón el que no bote!!”,
y antes de lanzar su último suspiro, hizo la señal del amor,
muriendo por todos aquellos que no supieron gritar a
tiempo para detener todo aquel tormento.
Qué país, qué gente, qué carencia de todo…
Qué estruendo de ambulancias en mi corazón…
Qué lágrimas, que se llevó el viento y la lluvia de la noche…

Una noche en que las gatas no quisieron pasearse por el
tejado solitario de mi buhardilla de sentimientos agaterados,
aunque no sé si fue un sueño o fue realidad, pero creo
que alguien se quedó a mi lado en la cama, muy quieta,
dejando que la acurrucara entre mis brazos para, a los
pocos minutos, desaparecer en silencio tras quitarme los
zapatos, ponerme una manta sobre mi cansado cuerpo,
y regalarme un beso sincero de despedida, como las
ninfas de su vida, que pueblan su mundo de alquiler.

Hoy es Viernes Santo y la lluvia cruje bajo mi velux.
Hoy se suspenderá una nueva procesión en Santander.
Pero hoy no acudiré a consolar a mi gente.
Hoy quiero quedarme a llorar en silencio entre las
cuatros paredes de mi reinado sin trono ni cetro.

Hoy me quedaré a esperar a que las estrellas aparezcan
a la hora de la noche para escribir algún nuevo verso,
que será el que te dedique a ti por hacer realidad mi sueño.
Y esta noche… no le tendré miedo a la soledad.


(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2009
fotografía original de Soledad Bezanilla

EL TESTIGO SOLITARIO DEL PASEO MARITIMO


Otro jamacuco.
Creo que mi corazón aguantará
dos o tres más, y los médicos
me dan largas alegando que he de tener
una vida más tranquila.
Hay que joderse.


Cada día que pasa me canso
más que el anterior,
y ya apenas puedo caminar más allá
del paseo marítimo,
por lo que me siento en uno de
sus bancos de madera,
ilustraciones constantes
de mis anteriores poemas,
y mientras cojo apuntes para
nuevos recitales, me dedico
a mirar a la gente.


Ante mis ojos pasean jubilados,
viudas que disfrazan su soledad
confundiéndose entre otros mortales,
turistas de primavera con acento extraño,
parejas comiéndose a besos y que
van cogidas de la mano...
Y yo, mientras, en mi Tercer Mundo de
convalecencia y muriéndome de hambre.
Qué mierda de pastillas sedantes.


Hay chulazos solitarios de los de
"toma pan y moja" que se sientan
en otros bancos a leer libros
o a mirar el paisaje,
estudiantes que se corren las clases,
perritos estrafalarios con adornos
estúpidos que sus dueños horteras
les ponen, y los pobres, con un ladrido,
me piden un auxilio a modo de crítica
en alguno de mis versos.


Y luego están mis padres,
que me distraen de mi mundo silencioso
con sus charletas constantes sobre
lo mal que funciona el gobierno.
¿No venderán bozales para hunanos?


Otro jamacuco.
Y yo, solo, mirando la vida,
que sin palabras me lo cuenta todo.


Ir y venir de cuerpos de todo tipo,
sin abdominales o con cintura de avispa,
maratones en el carril bici y
carreras de supervivencia entre aquellos
vagabundos que fueron algo importante,
y que ahora naufragan en el océano de
las colas enormes del paro.


Hace frío a la hora del almuerzo
en mi paraje cotidiano de enfermo solitario,
y como puedo, me levanto y dejo que
mis pasos me lleven hasta mi buhardilla,
donde tras leer mis apuntes sobre los
actores que pueblan este escenario,
lanzo una mirada sincera y certera
hacia no sé muy bien dónde,
para que el encargado de esas cosas
del teatro baje el telón muy despacio.


No están los tiempos para análisis, pienso.
Además, ya es la hora de tomarme
la pastilla de color rosa para los nervios.


Mañana tengo de nuevo consulta con mi médico.
Y como cada semana, le contaré mis cosas.
Y como siempre, al terminar,
él me dirá con la mejor de sus sonrisas:
"a cuidarse... y que pase un buen día".


Y sí...
hay que joderse.


Un poquito de amor en tiempos de guerra (Bunbury)

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2009

BLUES DEL ASFALTO (video fragmento del recital)




Nuevo fragmento del show poético teatral ofrecido el pasado 21 de diciembre en el escenario del MIL ROSAS (Santander), dentro del circuito artístico "La noche en vela", desarrollado a lo largo de diversas galerías de arte de la ciudad. En esta ocasión, se trata de un vídeo que recoge el momento en que recito "Blues del asfalto", en un montaje acentuado con diversas fotografías realizadas al equipo artístico que da vida a los personajes aparecidos en los versos, y con el tema musical "Canción cruel", de Bunbury, además del tema principal que Clint Eastwood compuso para su película "Changeling".

SHOW POETICO TEATRAL: "el poeta azul de las letras locas"


Nuevo fragmento del show poético teatral realizado el pasado 21 de diciembre de 2008 en la floristería MIL ROSAS de Santander. El vídeo es un montaje que recoge el final del espectáculo, con los versos de "el poeta azul de las letras locas", combinándolo con los temas musicales "Mein herr" de la película "Cabaret", la famosa "Digan lo que digan" de Manuel Alejandro e inmortalizada por Raphael, "Watermark" de Enya, "Once upon a time in the west" de Ennio Morricone y adaptada por Andre Rieu, y "Otto e mezo" de Nino Rota para la película de Federico Fellini y versionada para el Freak Show de Bunbury.