EL CABARET DEL VERSO ISIDRO R. AYESTARÁN (c) 2008 - 2020
Abandonado en la puerta de un camerino en un destartalado cabaret, fue educado por siete cómicos de la legua en las más variadas artes escénicas entre libretos teatrales, plumas de vedette, pelucas, tacones de aguja, luces de neón, cuplés, coplas, boleros, marionetas, carromatos, asfalto y un sinfín de desventuras que acabaron por convertirlo en un pseudo-escritor de relatos y poemas que recita por escenarios de más que dudosa reputación junto a los espíritus de Marlene Dietrich, Bette Davis y Sara Montiel, quienes lo acompañan desde niño en sus constantes viajes a ninguna parte.
Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita del titular del "Copyright", bajo las sanciones establecidas en la Ley de Propiedad Intelectual, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático.
"Una muñeca sonriente acompaña a nuestro rapsoda. Ana Diosdado en Segunda
Enseñanza y Lamento de la calle madrileña Desengaño inspiran sus
versos. Versos libres, crudos, reales de sol y sombra, de cine y teatro,
de Charles y de Chaplin... Isidro R. Ayestaran hijo y nieto de
Cantabria, con una muñeca en la mochila recorre ciudades mirando y
escuchando vidas ajenas. Libu te brindó ayer su espacio. Gracias
por llenarlo de versos con nombre y apelidos. Venderemos tus libros con
mucho gusto en un intento de atraparte entre nuestras estanterias".
Fragmento del recital ofrecido el pasado viernes 23 de octubre en la librería MÁS QUE LIBROS de Santander con motivo de la presentación en la capital cántabra del poemario DE CUANDO QUISE ACARICIAR EL CIELO CON MIS PROPIAS MANOS.
"La femme de la nuit" es un poema dedicado a una vieja prostituta de la esquina de San Bernardo en Madrid, ya fallecida, quien se mantuvo cada noche en su esquina como un adorno más, a la espera de una compañía sincera o tan sólo una muestra de cariño o atención.
Va por ella.
DE CUANDO QUISE
ACARICIAR EL CIELO CON MIS PROPIAS MANOS
pequeñas historias en verso sobre los grandes
fracasos de unos personajes que agonizan en un asfalto que dispara miseria,
decepción y soledad.
Influenciado por el cine realizado en los años 40 y 50, varias
de sus imágenes y sus bandas sonoras han inspirado los poemas que pueblan esta
obra esculpida en un tiempo de desencanto y crisis económica y política.
Escrita a caballo entre Santander y Madrid, por sus
calles, sus plazas, sus cafés, sus locales de madrugada, con el papel y el
bolígrafo siempre a punto para hilvanar esta colección de versos que evocan
aquellos tiempos felices que canturreaban nuestras madres en sus viejas nanas
antes de irnos a dormir y que, contra todo pronóstico, se han transformado en
terribles pesadillas cotidianas nada más despertar, entonadas en este propósito
de acariciar el cielo de entonces a golpe de tecla, a golpe de verso…
“como si la vida sólo dependiera de
un poema… aunque nunca tuviera premio”.
Se agita el cubilete con la esperanza de un doble seis.
Se agita la esperanza de una luz más allá del túnel.
Se agitan banderas de mil colores bajo el aullido
de una sola voz que grita nuestro nombre.
“Agitar antes de usar” reza el prospecto en manos de un
ateo.
Os contaminan…
Nos contaminan…
Le contaminan…
Te contaminan…
Me contaminan…
Y al final del camino, tras la derrota a pie de caballo
uniformado, los aviones llegan a su base bajo la apariencia de muñecos de
trapo, de títeres manejados por el Gran Hombre que sienta su enorme culo en su
barroco trono.
Te contaminé/le contaminé/os contaminé…
Y el eco de su trueno se pierde a lo lejos,
más allá de esas verdes praderas que florecieron con el
abono y el agua de mi nudo en la garganta, de mi voz enmudecida tras la
pancarta hecha jirones, de aquellos brazos que se cruzaron porque pensaron que
la lucha ya no merecía la pena.
Ese leve timbre de voz, ese tenue timbre de mi voz, ese
sencillo y escaso trueno de voz que se atreve, que se arranca de mis entrañas
para gritar, contra la fuerza del uniforme: