EL CABARET DEL VERSO
ISIDRO R. AYESTARÁN

(c) 2008 - 2020

Abandonado en la puerta de un camerino en un destartalado cabaret, fue educado por siete cómicos de la legua en las más variadas artes escénicas entre libretos teatrales, plumas de vedette, pelucas, tacones de aguja, luces de neón, cuplés, coplas, boleros, marionetas, carromatos, asfalto y un sinfín de desventuras que acabaron por convertirlo en un pseudo-escritor de relatos y poemas que recita por escenarios de más que dudosa reputación junto a los espíritus de Marlene Dietrich, Bette Davis y Sara Montiel, quienes lo acompañan desde niño en sus constantes viajes a ninguna parte.

Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita del titular del "Copyright", bajo las sanciones establecidas en la Ley de Propiedad Intelectual, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático.
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promoción LA DIVINA SORAYA

Monchito Amapola, ayudante de camerino en la sala de espectáculos Luna Llena, será el encargado de introducir al espectador en la historia de Rafael Sandoval Santana, artista del transformismo conocido como La Divina Soraya.
Sátira berlanguiana sobre el mundo del transformismo y las clases sociales en una Santander nueva y fresca capitaneada por una peculiar alcaldesa.

REPRESENTACIONES:
11 octubre - Sala de Tres Teatro - Santander
26 octubre - Centro Cultural Dr. Madrazo - Santander

el CABARET BOHEK DE 2011 (parte 2/2)


Último fragmento del espectáculo CABARET BOKEH, representado en el extinto bar-galería Bokeh de la santanderina calle del Sol junto a la mimo Rous y la bailarina Lola.

TODOS A BORDO



Silencio de ánimas en la trinchera,
baile de banderas blancas a media asta,
luto en las medallas del general
y lágrimas en la del polizón que
embarcó junto a Caronte en su barca.
Los pasos bien medidos incitan
a la ejecución inexorable de los rehenes
mientras en el campo de batalla
Dios riega de una vida a borbotones
a quien adivinó el número de su pie.

No había más reglas que las
previamente descritas, y tras haber
lustrado la barca, Caronte dio por iniciado
el viaje a través de la tormenta.
Se llevó consigo al subsuelo bien
documentado, al refugiado que
acabó atrapado en la red de la mentira,
al desahuciado que acabó en la calle
con un coro cantando música de réquiem,
al reo de poca monta mil veces ajusticiado
que no obtuvo defensa entre tanta toga
de diseño muy bien pagado ni última cena
antes de la visita al paredón de turno,
a los ancianos abandonados a su suerte
entre monjitas, dentaduras postizas
y sopa de sobre, a los que guardaban
respetuosa fila de a uno en la cola del paro
y al político que presentó mociones
de censura en una suerte de tómbola
democrática pactada de antemano.

Viajaron juntos, además, los héroes
que no se leyeron el manual
de instrucciones y los cobardes
matriculados en ciencias infusas,
los que madrugaron para ir a un trabajo
precario y los que nunca quisieron ejercer
de pelotas relamidos por debajo
del ombligo de sus superiores,
las horas extras con nocturnidad y alevosía
y los turnos libres que nunca se respetaron,
los buenos días que nunca obtuvieron respuesta
y los “pase usted primero” rezumando
aroma a machismo nº5.

Sin temor a overbooking cínico, embarcaron
los locos desatados, los titiriteros
que nunca fueron amordazados,
los poetas cabareteros de bastón, chistera
y versos de purpurina y asfalto y los
cantautores ninguneados por las grandes
discográficas, los aspirantes a escritores
que naufragaban en editoriales de autoedición
de cheque en blanco y aquellos otros noveles
que no lograban librería que los pusiera en el
escaparate de sus best-sellers, entre títulos
de mierda redactados por tertulianos televisivos
en programas de mierda y escritos por negros
a los que se les pagaba una mierda.

Y, en fin, Caronte no tuvo piedad
con ninguno de ellos e inició su crucero
infernal mientras en el puerto,
pañuelo blanco en mano,
los despedían entre lágrimas plañideras
y congojas mil veces ensayadas
los dirigentes políticos con bolsillos
cinco tallas por encima de la media,
ministras de mantilla y rosario en mano
que rezaron tres credos por el recuerdo
de los valientes que desplegaban sus alas,
una virgen bien coronada con Medalla al Mérito
del Trabajo incluido y los banqueros millonarios
que se labraron su fortuna con el estiércol
de los números rojos de sus clientes
más desgraciados.

También les dijeron a viva voz
“¡buen viaje!” un nutrido grupo
de oenegés fraudulentas y una asociación
de veteranos del aire que siempre
estaban en las nubes en el día de la banderita,
todo el desfile de las Fuerzas Armadas
y una profusa representación de Jefes de Estado
ataviados con sus mejores galas,
consortes incluidas, claro.

Y, por último, por allí aparecieron
para acentuar la despedida, los verdugos
y los torturadores de los años de la lucha
más clandestina, la policía más corrupta
con traje de gala y las grandes damas
de las grandes obras de la Beneficencia
más abyecta, los periodistas de la infamia
y la mentira y los más doctos expertos en bricolaje,
versados en apretar las clavijas del más pintado.

Pero fue, entonces, en ese preciso instante
de miradas perdidas ante un viaje
a lo desconocido y las de quienes
siempre sostenían la balanza de su lado,
cuando Caronte se quitó la gorra
de capitán de barco, dedicó
un corte de mangas a los alojados
en la ribera del puerto, y todos a una,
tripulantes en esa nave de inocentes olvidados, 
dedicaron una enorme pedorreta
a los que se quedaron en tierra firme,
anonadados, atónitos y sorprendidos
por presenciar todo aquello,
entre surrealista y esperpéntico,
berlanguiano e incluso kafkiano,
segundos previos a que una ola gigantesca,
tsunami lo llaman unos, karma otros
y venganza certera los que nacieron
bajo el signo de tauro, los barriera de la faz
de la tierra que nunca debió haberles
pertenecido y a la que accedieron sin
plusvalías ni otra clase de impuestos.

El mar, inmenso mar, deslizó aquella
barca en busca de un nuevo horizonte,
una nueva tierra donde campar a sus anchas,
todos ellos, los que tenían la sombra
más alargada y los que de mayores querían
aspirar a volver a ser niños, los que
ensayaban sonrisas ante el espejo
y los que cantaban nanas a los más pequeños,
los que tocaban fox-trot en pianos
desvencijados en decadentes café-bares
y los que siempre soñaron que el mundo
era redondo, como aquellas canicas
de los juegos de su infancia.

- Un mundo redondo – se dijo para sí
un tripulante apoyado en la balaustrada
de la popa. Y mientras proseguía la travesía,
derramó una lágrima de ilusión y quimeras
mientras a su mente le venían ideas de todos
los colores acerca de cómo sería vivir una vida
en un mundo así.

Y cerrando los ojos, mientras el mar le mecía,
lo soñó con una sonrisa de esas que llevan
el color y la luz de las estrellas al alumbrar
el camino de los Justos.


(c) Isidro R. Ayestarán - MMXVII


Del material con el que están hechos
los sueños moldeé el eco de tu presencia,
grité el nombre que llevaba tu aroma,
tu recuerdo, tu persona.

Con los acordes de toda caricia
compuse la banda sonora
de nuestra historia, silbada
al viento minutos antes de la aurora.

Con el brillo de tu sonrisa
pinté el lienzo de la vida,
y con todo ella, y todo lo anterior,
dejé de tenerle miedo a la soledad


y esperé tranquilo a la muerte.

SILENTIUM.
(c) Isidro R. Ayestarán - MMXVII

CABARET BOKEH 2011 (parte 1/2)


Primer fragmento del espectáculo CABARET BOKEH, representado en el Bar-Galería BOKEH de Santander el 9 de agosto de 2011, junto a la mimo Cascabel (primer nombre artístico de Rous, quien también participó en los montajes Bohemian Cabaret y Carrousel) y la bailarina Lola (compañera en el espectáculo "Ooohhh.... loca navidad", representado en la sala Colilla Queens y el teatro Casyc de Santander).

VARIETÉS, parte II - el mundo del transformismo y la sociedad LGTB

Segundo fragmento del nuevo espectáculo, dedicado especialmente al mundo del transformismo (guiño a los cuatro montajes representados en la sala Colilla Queens de Santander durante 2009 junto al maestro del transformismo Oky), y un homenaje a los que sufren la Ley fobia con los temas "Tacones en la noche" y "A flor de piel".
Con "El lugar donde ya no se pone el sol" el show va dedicado a todos los que sufren represalias o son aniquilados sistemáticamente por sus respectivos gobiernos (Chechenia, Irán...) debido a su opción sexual.

Va para tod@s ell@s!!!!!!

VARIETÉS, parte I - el mundo del cabaret


Primer fragmento del show VARIETÉS, grabado el pasado domingo 15 de octubre en el RVBICON de Santander. La parte dedicada al mundo del cabaret más deslenguado, socarrón y satírico, con números como "El titiritero", "No me dejes con la mesa puesta", "Cobijando mamarrachos" y "Señorita Medio Metro".

y 10 años después, llegan las VARIETÉS!!!!!





Diez años en el mundo de la farándula bien que se merecían una celebración por todo lo alto, y VARIETÉS, el nuevo montaje escénico, es la guinda de este pastel en forma de trayecto de largo recorrido por los distintos repertorios que han poblado mi carrera, desde aquellos primeros recitales con el blog literario "Nocturnos" pasando por los primeros espectáculos de "El cabaret de los sueños". Desde los shows en la sala Colilla Queens junto al maestro del transformismo OKY a, ya en solitario, con "Bohemian Cabaret" o "Trovador de la madrugada". Desde la sala Doble Arte al Rvbicon, pasando por el Canela, Retros, Ribera del Mar, Santa Fe, Zeppelin, Urban Classics y la sala Bukowski de Madrid.
Todos ellos han servido para cimentar al poeta y al artista, y la sala Rvbicon de Santander se armó con toda la caballería para levantar el telón con este espectáculo donde un excéntrico Maestro de Ceremonias, más glamouroso que nunca con su frac y su bastón, fue desgranando el repertorio más socarrón y cabaretero para dar paso, con chaleco y sombrero bajo, a los tangos y el arrabal del solitario alcoholizado que recita a las estrellas o al rapsoda comprometido con los problemas de hoy día convirtiendo su bastón en una escopeta con la que afrontar los distintos desafíos que la vida va poniendo en el camino.
Así fue VARIETÉS.
Y la próxima cita, el martes 31 en el Canela de Santander.

LÁGRIMAS DE DIOS


Lloró Dios al despuntar la aurora,
al desmadejar el ovillo del desaliento
y comprobar que, unánimes,
el dolor y la soledad se troquelaban
en el horizonte nocturno de la vida.
La noria de su silencio
se quedó sin tickets de entrada
y un nuevo aviso de bomba desarmó
el puzle no apto para menores de cinco años.

Vio Dios lo que había creado,
lo desteñido de su nombre
y lo desangelado de su entorno.
El mar ya no era azul, sino rojo.
El árbol, verde en primavera,
se tornó desnudo inmortal en un
otoño sin fecha de caducidad.
El invierno fue el único que
permaneció frío y glacial,
envolviendo al verano hasta
agotar su identidad. Y la torre de babel,
cada vez más alta, imponía el idioma
de la incomprensión a base de tiros en la nuca
y éxodos rutinarios hacia la solución última
en una frontera que había que adivinar.

Despuntó la aurora,
lloró Dios, y mudo,

optó por el suicidio.

(c) Isidro R. Ayestarán
SILENTIUM.
MMXVII

POR TI

Contaría las brazadas que me restan por alcanzarte,
las noches a la luz de las estrellas
por fundirme en tu mirada, las lágrimas
furtivas al nombrarte, ese nudo en la garganta
obligado mientras esquivo el primer plano
al otro lado de la barca. 

Por ti, sólo por ti, surcaría esta calzada
asfaltada de miedo y silencio,
por abrazarte de nuevo, retornar al juego
de las sonrisas infantiles y sentir la aventura
de la vida en cada poro de nuestra piel.

Esta misma piel que me arrancan a tiras,
desollada por la carroña burócrata
que utiliza la mentira y la nada más absoluta
para pulir su trono de mierda.

Por ti, sólo por ti,
que eres lo que de verdad merece la pena,
por quien me desalojo de la madrugada
para soñarte, por quien me abandono
en mis pensamientos al faltarme horas para anhelar

el regreso a casa.

(c) Isidro R. Ayestarán, MMXVII

BAUTISMO

La frontera se llamaba
ilusión, sueño, despertar, quimera.

Y aventura, música, baile y aquello
que en otros tiempos se denominaba
como “vestir de domingo”.

Pude leerlo en sus ojos
faltos de vida tras haber
viajado por la tierra del miedo,
el silencio y el temor,

y nadé como nunca hacia
esa otra orilla,
con el impulso y el aliento necesarios
para poder ser bautizado de nuevo
con cualquiera de aquellos nombres
esperanzadores con que soñábamos
desde el letargo de nuestro túnel de noche.

Sí,

una brazada más, y ya amanece.

texto y fotografía: Isidro R. Ayestarán

HERIDA


Te hirió la vida en un momento,
en un leve instante teñido de dolor
envuelto en lazadas de lágrimas sin aliento,
sin meta alguna, sin destino ni rasgueo
de banda sonora.

Te hirió a pelo,
sin avisar, sin anestesia,
sin última cena, sin derecho a una llamada,
sin un beso de buenas noches, sin un petting
previo al revolcón sobre la almohada.

Te hizo daño y la odiaste por ello,
porque tiñó de noche la aurora,
desafinó el canto del jilguero y estrelló
todos los aviones sobre las torres de cemento del alma.

Tu alma, tu cuerpo, tu anhelo.
Tú, siempre tú, como el niño que lloró
por vez primera al verse la herida tras caerse

de la infancia de cuatro ruedas.

(c) Isidro R. Ayestarán, MMXVII

NANA


Dejarás de tener miedo al asomarte
a esta ventana de lunes,
al aterrizaje forzoso de la
hoja del calendario,
a ese soplo de aire fresco
que se resquebraja mientras
se desliza entre tus dedos,
a la aridez del recuerdo de mi nombre,
a la torre de babel que se manifiesta
con cada tempestad, a cada lágrima
que vierten las nubes
para acompañarte en tu naufragio,
a vagar, solitaria, por el camposanto
de la añoranza.

Dejarás de tener miedo a las miradas
esquivas que se muestran en el escaparate
del disparate más acentuado,
al redoble del eco en la saeta
a una virgen entre flores,
cirios y costaleros,
a seguir paso a paso la receta para
caminar en dirección al centro de la diana,
a no encontrarte en medio de la multitud
que escapa en busca de la etiqueta
que reza “compañeros”.

Dejarás de tener miedo a
que yo no esté a tu lado,
a esa pista deslizante y peligrosa
donde se estrellan los pilotos automáticos,
a esa hoja en blanco hambrienta de letras
y sentimientos, a no encontrar el calor
de mi cuerpo al despuntar la aurora,
a que no te conteste al decirme buenos días,
qué tal dormiste, con quién soñaste…

Y dejarás de tenerle miedo al miedo,
a la velocidad de vértigo con que todo avanza,
a la distancia incomprendida que no
enseñan en los colegios, al estaño
con que se pinta el invierno,
a la tristeza en la pintura del payaso
que, divertido, recrea vidas en el escenario.

Y ese día, niña mía, lejos del miedo,
el temor, la soledad y el silencio,
te pararás en seco, echarás una
ojeada al mundo que te rodea,
y esbozarás una sonrisa sincera y abierta
al saber, de manera cierta,
que aún sin esas cosas, yo seguiré a tu lado
para cantarte por las noches,
como cuando sabías que yo estaba junto
a esa luz que se deslizaba por debajo de tu puerta.

Pero, ahora, mi niña,
duerme y no tengas miedo…

que enseguida te encuentran.

(c) Isidro R. Ayestarán, MMXVII