EL CABARET DEL VERSO
ISIDRO R. AYESTARÁN

(c) 2008 - 2020

Abandonado en la puerta de un camerino en un destartalado cabaret, fue educado por siete cómicos de la legua en las más variadas artes escénicas entre libretos teatrales, plumas de vedette, pelucas, tacones de aguja, luces de neón, cuplés, coplas, boleros, marionetas, carromatos, asfalto y un sinfín de desventuras que acabaron por convertirlo en un pseudo-escritor de relatos y poemas que recita por escenarios de más que dudosa reputación junto a los espíritus de Marlene Dietrich, Bette Davis y Sara Montiel, quienes lo acompañan desde niño en sus constantes viajes a ninguna parte.

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presentación del libro de relatos BARBARIE



Todos los relatos están escritos en tiempo verbal presente y en tercera persona. En todos ellos aparece un personaje secundario que, sin ser hilo conductor de los relatos, muestra cierta complicidad entre todos ellos. Se trata de un mendigo llamado Diógenes.
EL ENJAMBRE , de Luis Ruiz Aja, muestra una estampa literaria realista del fenómeno social del 15M. Se exponen las diversas tendencias del movimiento, la evolución de los personajes a lo largo del tiempo hasta vincularlos con el tiempo actual. El título proviene de la teoría del enjambre, opuesta a la tradicional militancia política.
BOLEROS DE CONVENTO, de Isidro R. Ayestarán, poeta y autor teatral, es un ingenioso relato que se desarrolla en una institución religiosa dedicada a la caridad entre los más desfavorecidos, que ha sido expropiada por el Ayuntamiento, y que ha de cesar en su actividad. Nos muestra el último día de la misma.
VALE, de Pedro Santamaría, uno de los autores que más éxito tienen a nivel nacional en el ámbito de la novela histórica, trata de la presencia de un don Quijote, sobreviviente desde el siglo XVII, decepcionado por el rumbo de la historia de España; un don Alonso que ha colgado la adarga y la lanza en astillero, y que pasea por el retiro con Sancho.
EL OCTOGENARIO DE LA TRISTE FIGURA, de J.Fernando Lestón, en contraste con el anterior, muestra un Quijote encarnado en un anciano estrafalario que utiliza a su nieto como escudero, y que participa en los movimientos sociales de hoy día.
LA ÚLTIMA PALABRA, Juan F. Hierro, recrea los atentados en París de 2015. Sus personajes son dos jóvenes musulmanes y una pareja de recién casados españoles, a los que el destino lleva a encontrarse en la discoteca de infausta memoria.
EL REY AMARILLO, de Jorge Tomillo Soto-Jove, también el dibujante del libro, es un relato descarnado en el que se muestra la decadencia de un rey del espectáculo, una especie de superhéroe caduco, que es asaltado, en su decrepitud, por una pareja de punkis.
VIDA Y MUERTE DE UN PAJERO, de Javier Tazón Ruecas, escritor, trata de la pornografía, del sexo desquiciado de los tiempos modernos, de la pedofilia y de la burocracia administrativa, narrado todo ello en un tono distendido y humorístico.
A QUIEN CORRESPONDA, de A.G.Topán, tiene como  tema la miseria creciente que va cercando a muchas familias como consecuencia de la crisis económica, un monstruo informe que las arrincona, como esa sombra referente del famoso cuento de Julio Cortázar: La casa tomada.
ANSIEDAD, de Noelia Zorrilla, es un relato de violencia doméstica, que no de violencia de género. Un relato en el que los tópicos sociales se entrelazan con la demencia de uno de los protagonistas para criticar los lugares comunes al uso sobre el tema.

CABALLITO DE MADERA, Sebastián Lasarte, argentino relacionado con el mundo del teatro, nos narra, en boca de un niño de cinco o seis años, la crisis de los refugiados. Es un niño que aparece varado en una playa, con la cabeza en el agua, todos recordarán la imagen. La crudeza del tema es rebajada por la candidez de la visión infantil.
EL SÉPTIMO A, de Ramón Qu, profesor de técnica literaria, actor y promotor de la vieja tertulia del café Ópera, se enfrenta con los desahucios. Recrea, en forma de monólogo narrado, los últimos momentos del desahuciado que espera la llegada de la comisión judicial. 
DE CERDO, Áureo Gómez, creador teatral, director y actor, es un relato fantástico cuyo tema es la génesis misma del Círculo Decadente, con artes metaliterarias, sin escatimar recursos de extrañamiento y pasmo para el lector, en un tono jocoso y divertido.

DECADENCIA: rojo asfalto





ROJO ASFALTO
mis versos más certeros hacia el blanco de la diana de la realidad social: los semáforos en rojo de cualquier peatón ante la vida, y el asfalto que canta baladas, canciones tristes como las del poeta que perdió el amor en una apuesta arriesgada a la carta más alta.

TROVADOR - Tras el velo de la madrugada



A partir del poema "Tras el velo de la madrugada", del poeta cántabro José Elizondo, el Trovador de la Madrugada bailó a ritmo de tango sobre el asfalto de sus versos.

BAJO EL VOLCÁN



Cuando despertó, hacía mucho tiempo que la aurora había dado los buenos días a los primeros vagabundos que yacían hacinados sobre el asfalto; ya se había recreado abiertamente con los que, bajo la continua pesadilla de su insomnio, habían anhelado desde hacía horas el desembarazarse de su cotidianeidad rutinaria; incluso se había deleitado con los que deslizaban sus tragedias ante hojas en blanco o partituras sobre pianos desvencijados que apenas dejaban entrever sus destellos melódicos.
El amanecer había madrugado, sí, y cuando Kayson decidió alejarse del territorio húmedo de sus sábanas onanistas, ya despuntaba el mediodía en el calendario y la música de réquiem sobre la humanidad mortecina.
Con un cigarrillo mal liado entre sus labios, vestido apenas con un minúsculo calzoncillo que no dejaba nada para la sugerencia y un sombrero de tejano americano, echó un vistazo por los botellines de cerveza que bailaban música lenta sobre el parquet. Blasfemó abiertamente al comprobar que la suerte en forma de alcohol le era esquiva de tanto habérsela jugado a una sola carta la noche anterior. Se estiró con deleite ante la ventana de su cuarto, a modo de escorzo esculpido sobre un bloque de mármol, una suerte de David entre Miguel Ángel y Donatello pero con aires de chapero suburbial, con la losa de su vello púbico despuntando en la erección matinal sin una porción de alimento en su interior. Había vaciado sus reservas pocas horas antes. Previo pago, claro.
Lesley sollozaba bajo la ventana de la alcoba de manera tímida, apenas audible para quien vuela en primera clase por su paraíso de nubes. Vestida con un camisón rasgado y con ráfagas de rimmel, sangre y lágrimas sobre el resto de un cuerpo malherido por los años dedicados a la autoflagelación, levantó la mirada con gran esfuerzo por entre los surcos de su angustia y apenas pudo decir nada que no significara otra cosa distinta a lo que evidenciaba en ese preciso instante.
– ¿Sigues aquí? – preguntó Kayson volviendo a su condición de hombre tras desperezarse a un ritmo lento incluso para él.
Ella volvió a humillar la mirada. El rió divertido y siguió buscando por el resto de la habitación. Un colchón sobre el suelo, un par de libros entreabiertos y separados en esquinas distintas, sábanas amontonadas en plan cordillera presta para la escalada… y poco más que no fueran botellas, cristales y fragmentos de una noche pesada.
– ¡¡Allí está!! – dijo tras volver a blasfemar como invitación a su juego de busca y captura.
Era un artilugio destartalado, una pequeña peana de madera con una bailarina de ballet rota a la que le faltaba una pierna, una de las manos y parte de su falda volátil. El resto, adoptando la posición de preparación para el ballet.
Kayson soltó una carcajada, la agitó entre sus manos unos segundos y una música pareció sonar del interior de la figura, que se movía torpemente de tan deshecha como estaba. Música de vals, sonido de otra época, distinta manera de bailar, otra forma de sentir la melodía… y él, retornando de nuevo al colchón, dejándose envolver por aquella sensación de bienestar, cerrando los ojos para soñar que volaba en dirección al paraíso.
Con la música, Lesley se retiró las lágrimas del rostro y se levantó poco a poco, con cansancio en unas piernas que ya jamás podrían dejar entrever lo que habían sido tiempo atrás. Se acercó al colchón y, como si fuera parte de ese mismo artilugio, bailó al son de aquella bailarina que había conocido épocas doradas. Con movimientos decididos, como si conociera la geografía exacta de aquella coreografía.
Kayson abrió los ojos, alejó el cigarrillo de la boca de un soplido certero y tras unos segundos observando el cuerpo de Lesley moviéndose al compás de la caja de música, con los jirones del camisón deslizándose por su anatomía endeble, arrojó con furia a la bailarina sobre una de las paredes. Y con el impacto y el estruendo, Lesley gritó al tiempo que se desmadejaba sobre el parquet, como si al cesar la música un Sansón bíblico hubiera derribado el templo empujando las columnas que lo sostenían.
Kayson también gritó con furia, alzando el vuelo sobre el colchón y aterrizando sobre ella con estrépito. La levantó como si fuera una muñeca de trapo, la zarandeó y la abofeteó salvajemente dos pares de veces antes de estrellarla contra el suelo.
El silencio se instaló en la alcoba de manera tajante y poderosa. Sólo el hilillo del sollozo de Lesley colocaba la pierna en la puerta para que lo dejaran pasar, como si fuera un cartero que llama más veces de las requeridas y decide entrar para que le firmen el taloncito del envío certificado.
Se habían conocido la noche anterior. El había llegado a la ciudad y se había instalado en aquel hotel de mala muerte. Ella paseaba su mala vida a cambio de unos billetes. El resto fue fácil. Un pacto nada caballeroso concluía que por una hora ella era capaz de hacerle cualquier maniobra nada desdeñosa. Y lo hizo. Cumplió su parte del trato. Pero él, lejos de solicitar hoja de reclamaciones, vertió sobre ella todo el fulgor de su cuerpo, pleno de alcohol y droga. Abusó de la hora del contrato extendiéndola más allá de la noche y la madrugada.
Ella sólo tenía ropa usada, maquillaje barato y muchas horas de vuelo rasante con el tren de aterrizaje deshecho desde hacía tiempo. Él, una bolsa que esquivaba de la mirada de ella, un atributo sexual poderoso, como de toro de rodeo, y aquella caja de música como único recuerdo de una infancia marcada a fuego en horas de maltrato paterno, reformatorios y uniformes judiciales. Una caja de música que sonaba a vida en un domingo perpetuo. Una música como señal de identidad para ambos.
Kayson se puso unos pantalones raídos, una camisa sin botones tras haberlos arrancado a lo largo de horas de presidio e interrogatorios y unas botas de montar con hebillas doradas. Adornó sus labios con otro cigarrillo tras un suspiro de desagrado, se colocó su bolsa de lona sobre la espalda y comenzó a andar en dirección a la puerta de salida.
Una última mirada entre ambos, como de reojo.
Ella volvió a levantarse torpemente, con aquel reguero de sangre desde la mejilla hasta la barbilla, con su pelo mugriento, sus ojos vidriosos nada catedralicios y su verdadero despojo como reflejo de un espejo donde la verdad – su verdad – se había cansado de reclamarla como suya.
Las sirenas de varios coches de policía hicieron acto de presencia, envolviendo la atmósfera de ruido ensordecedor en aras de la legalidad mal hilvanada en mamotretos apolillados desde hacía mucho tiempo. Pero esas sirenas no rompieron el silencio entre ambos, sus miradas y el significado de aquellos últimos instantes entre las cuatro paredes de aquel hotel de mala muerte. Como la suya.
Kayson esbozó una sonrisa triste, como de cansancio. Rebuscó en su bolsa y le arrojó un fajo de billetes. Luego, sin olvidarse nunca de su cigarrillo sobre los labios, se llevó el dedo índice de su mano derecha a ellos. Reclamaba silencio en aquel fatídico momento. Un silencio como el que le había acompañado toda su vida y del que quería alejarse para siempre.
Y lo logró. Su despedida fue todo menos silenciosa, una verdadera procesión de disparos con redoble de algarabía y gritos de viandantes.
Kayson, aquella vez, huyó en la dirección correcta. Su propio final ansiado desde hacía mucho tiempo.
Lesley se movió torpemente a lo largo del suelo de la habitación, entre los cristales de las botellas rotas y los fragmentos de las ventanas, deshechas por los disparos legales de la policía que vela por el bienestar ciudadano.
Se aferró a los restos de aquella bailarina que había sido entronizada tiempo atrás sobre una caja de música, y musitando la melodía que también había vivido y bailado tiempo atrás, cuando era una niña que supo a destiempo que las sonrisas también tienen fecha de caducidad, se dejó quemar por la lava que escupía el volcán de su propia vida.
Como la de Kayson.
Como la de tantos otros Kayson que habían pasado de largo, como si la vida no fuera algo a tomar en serio.
Hasta la última gota de lava.

(c) Isidro R. Ayestarán, MMXIV

LA SIRENA DE LA CALLE CUBO (versión poema)


Era la silueta más reconocida
de las mañanas que aún no han despertado,
llevando a cuestas todo su mundo,
como los caracoles, pero en bolsas de supermercado,
con un eterno cigarrillo en sus labios,
rodeada siempre de silencio y con su
mirada anclada en el pasado.

Quienes la conocieron tiempo atrás,
sabían que había sido la musa
de un poeta decadente y torturado,
un Pigmalión oscuro cuyo único mérito
fue el haber creado al personaje por el que
aquella vagabunda sería eternamente recordada:
“la sirena de la calle Cubo”.
 
Los compositores de la época realizaron
sus nocturnos a través de los versos
que ella había inspirado. Los transformistas
la imitaron sobre sus escenarios,
ante miradas opacas de clientes que no desprendían
nada que no fuera alientos agónicos resquebrajados
en una constate ruleta rusa de arrumacos falseados.

Ella fue la imagen instalada en la memoria de los
taciturnos lectores en los cafés de luces oscuras
y pianola como banda sonora al errante vagar
que vino tiempo después…

Él se fue… partió para siempre preso de sus
propios versos que ya nadie leía, mal cimentados
en hojas en blanco, deconstruídos en flores marchitas…
él se ahogó una noche en el mar de la bahía.

Agua maldita y oscura a la luz de la luna,
foco fundido que empañó de soledad y melancolía
su propia vida. Y ella ya no fue más musa,
ni leída ni imitada, tan sólo olvidada, lejos del
aplauso, del recuerdo,
de su firma al pie de su fotografía…

La silueta más reconocida en las mañanas
que aún no habían despertado había quedado
sin una habitación alquilada donde descansar
sus ya ajados huesos, desahuciada, desterrada
por médicos, admirados y falsos amigos.

Tú eres la Sirena de la calle Cubo” le dije,
“¿Y tú? Otra alma errante que camina sobre
lágrimas sin sostenerse apenas”, me dijo ella.

Y hablamos, sí… y lo supe todo de ella a lo largo
de una noche entre copas, confidencias y algún que
otro juego de caricias… quizá con ello quiso recordar
que hubo un tiempo lejano en que había sido querida,
amada entre unas sábanas que olían a poesía…

Y tal como me contó su vida, desapareció de la
mía, lejos ya del último trago de nuestra última botella,
troquelada a lo largo de la calle en una madrugada
que se resistía a despertar…

La vi partir a lo lejos, perdida entre la nebulosa,
y le lancé un solo beso en forma de poema:
Buenas noches… princesa

(c) Isidro R. Ayestarán - Trovador de madrugada

DECADENCIA: EL BLUES DEL ASFALTO

... Y todos pisando el mismo asfalto
que canta baladas, canciones tristes

como la del poeta que perdió un amor

al caer la noche sobre la autopista

alumbrada por las estrellas



(c) Isidro R. Ayestarán, MMXI

DECADENCIA: EL VAGABUNDO

El artista pisa el escenario
con firmeza, por muy derrotado

que se encuentre, aunque esté

completamente hundido, con

el corazón destrozado...

con sus labios pronunciando

el nombre de aquel amor marchito

que partió lejos, más allá

de las candilejas...



(c) Isidro R. Ayestarán, MMXI

DECADENCIA: ESPALDA CONTRA EL MURO

AGONÍA EXTREMA,
DESTINO INCIERTO,

REVOLOTEO DE CUERVOS

CARROÑEROS AL SON

DE LOS SENTIMIENTOS,

DE ESE NUDO EN LA GARGANTA

QUE REDOBLA HACIA UN FINAL.




(c) Isidro R. Ayestarán, MMXI

DECADENCIA: HUMEDAD DE BARRA DE BAR


... Soy una silueta troquelada en un horizonte
de luces y sonidos, de músicas para envolver la resaca...

al tiempo que pido otra copa que pagaré con mis versos

empapados en vida y sentimiento.


Un precio muy alto, lo sé.

Pero qué más da ya...


fotografía: Sergio Torres Toca

DECADENCIA; EL HALCÓN NOCTURNO


Ponme un whisky doble, amigo,
y a la chica del fondo lo que ella te pida.

Qué más da. Aún tengo un billete

en la cartera, junto a su fotografía,

los poemas que le escribí durante

mis largas noches de bares...

y el sabor del último beso

que le lancé a los labios.


Qué más da...

Aún falta mucho para que amanezca.

Mientras, como un halcón solitario,

revolotearé sobre el recuerdo

de su mirada.




fotografía: POWEREDby NEL

CONMOCION DEL TREINTAÑERO


Hoy el espejo me ha cotilleado
que hace tiempo que no se acuerda

de las correrías en el recreo del colegio

ni de las juergas con los amigos del barrio.


El calendario se muestra infame conmigo,

cruel y despiadado por momentos,

torturándome a lo Torquemada

para contarle lo que es el paso del tiempo.


Que pintan bastos en la baraja,

que el susto puede ser de campeonato,

que los veinte quedaron ya lejanos

y los cuarenta tuercen ya la esquina.


¡¡Yo no les tengo miedo!!


Vacuna contra la edad,

contra el muermo de los huesos,
el levantamiento artificial
y el sueño eterno de todo mi cuerpo.


Me dicen que debo sentar la cabeza

y dejar de perder el tiempo en niñerías,

que las golferías tuvieron su momento

y que debo pensar en la que se me avecina.


Me sueltan un rollo sobre la familia,

responsabilidad, trabajo, hijos...

y un largo etcétera sobre esa conveniencia

adecuada a mi nueva edad.


¡¡Bah!!


Soy el nuevo Dorian Gray,

fiel reflejo en el espejo,

lo que importa es cómo estoy por dentro

y no esta conmoción que da

tanto miedo.


¿Que ya no soy veinteañero?

¿Ni siquiera de los que empiezan por tres?

Pues ya lo véis,

... soy el nuevo Dorian Gray.


Vacuna contra la edad,

contra el muermo de los huesos,
el levantamiento artificial
y el sueño eterno de todo mi cuerpo.


fotografía: ROUS
del espectáculo DECADENCIA
pub URBAN CLASSICS (Santander)

NINFAS CON CARA DE HADA (versión escena)


Mañana recién inaugurada
en la calle Montera,

un par de medias nuevas

para vestir dos piernas

cansadas de tanto estar de pie,

tras el trasiego corporal

de todo el día de ayer.


Frente a los viejos cines,

como estatuas,

aguardando las miradas

de unos y de otros,

y de aquellos que vigilan

el asfalto madrileño antes

de llegar a Puerta del Sol.


Dos besos que no cuestan dinero,

que no son negociables al bajar

el sostén de dos tetas de

poco más de veinte años

en su mirada y su cuerpo...


Y amanecer en una habitación

de la pensión "Desengaño en cueros",

por poco dinero, escaso placer,

y un nudo en el corazón

y los sentimientos.


Irina, Bianca, Dana...

Morenas, rubias, altas, bajas,

jóvenes casi niñas,

ninfas con cara de hada

y cuerpo de ángel caído

en desgracia.


Damas que bailan ritmos lentos,

baladas con sus propios cuerpos,

suspiros desde lo profundo

de sus adentros,

sacando bandera blanca

en la guerra del AMOR.


para el show DECADENCIA
sábado 26 junio 2010
URBAN CLASSIC

CALLEJEANDO


Hoy las gatas han anunciado
que no se pasearán por mi tejado,

por mi buhardilla de sentimientos

agaterados,


por lo que me tocará esperar

a que las estrellas me quieran llamar

para escribirte un nuevo verso.


Dedicado a ti,

a aquellos buenos momentos

vividos entre tú y yo.


Luego, saldré a la calle

y me perderé entre la gente

que anida este mundo de bohemia

y de bares...


"Príncipe", me llamaba la croupier

más famosa del Gran Casino,

gran poetisa con dignidad reconocida

y con todos los excesos registrados

en su libro de familia.


Y alguien más habrá

que se detenga a escuchar

lo que les quiera recitar

al oído y el corazón.


Soy un trovador de la noche

en esta madrugada de cuerpos

celestes iluminados por la luna,


sin freno ni límite en el verso,

con la inspiración puesta

en tu eterno recuerdo.


Camino callejeando

por mil rutas asfaltadas

de vida y poesía,


y te busco, te encuentro,

te atrapo en un momento...


Prepárate para escuchar

los latidos de mi corazón.


¿Te atreves?



número de apertura de DECADENCIA,
al son de la música de HENRY MANCINI

para la película "SED DE MAL"

BOHÉME, el vídeo presentación de DECADENCIA




Utilizando el tema instrumental "La sombra de tu sonrisa" de Henry Mancini, para el número "Stereosexual" del nuevo show DECADENCIA, os presento el primer vídeo promocional de este espectáculo a estrenar en el Urban Classics de Santander el próximo 26 de junio:
Un nuevo show sobre la gente de la calle, la bohemia nocturna y los habitantes de los tugurios más sórdidos de la ciudad.

Junto a Cascabel, y rodeado de boas y aire "bohemio", éste es el resultado.


STEREOSEXUAL (versión escena)


Esta mañana casi llamo a mi promotor
para decirle que esta noche no podría actuar,

que me encontraba muy mal

y encima el señor doctor me ha recetado

unas pastillas que me atontan más de lo normal,

no me excito lo que debiera al estar

con mi pareja en la cama,

y no ha lugar a la imaginación,

con lo que he sido yo.


Hace tanto que no cambio las sábanas

a mi cama de invierno, que no me apetece

escuchar lo que opines al respecto.

Ya lo sé...


Pero aquí estoy,

actuando de nuevo,

con mi sombrero de la mala baba,

el dardo afilado de mi cabaret

y el dolor férreo de la almorrana

en forma de verso endecasílabo.


Renovada inspiración

en Dolby Sensorround,

terremoto volcánico en todos los estilos,

ausencia de etiquetas,

entre mis piernas siempre hubo de todo.


Fui de compras y renové vestuario,

cambié atrezzo y saqué brillo

a mi lengua venenosa,

revolución anticaspa prometida

en este nuevo campo de minas

lejos del calor de tus besos.


Extravagante siempre,

dicen que un tanto excéntrico,

y hasta comentan que no me pongo

de acuerdo en si lo uno o lo otro...


Qué le vamos a hacer,

yo soy de todos.

Soy un poeta...

un poeta stereosexual.


para el nuevo show DECADENCIA
pub URBAN CLASSICS
26 junio 2010 - 23.30 horas
interpretado con el tema musical
"La sombra de tu sonrisa"
de Henry Mancini

HALCÓN NOCTURNO (versión para escena)


Todos tenemos un músico que toca nuestra canción,
y el sonido de la noche se verá interrumpido por

el motor del Gran Torino del magistral

Eastwood, con olor a voz ronca y rota por algún

amor que se resiste a naufragar en el olvido.


La chica de rojo del fondo no cobrará esta noche,

y sus besos irán envueltos en lazadas de cariño,

quizá porque los sentimientos no conocen de crisis

y porque, realmente, nadie se resiste a una mirada

certera hacia su tercera botella de ron.


Fuera hay noche, color negro, ventanas que se cierran

y suspiros jadeantes que mueren al filo del segundo polvo;

aquí estamos nosotros, bebiéndonos

el nombre de nuestra historia rota de amor, cabalgando

como halcones solitarios sobre el recuerdo de su mirada.


Un whisky doble, amigo, y a la chica del fondo lo

que ella te pida. Qué más da...

Aún tengo un billete en la cartera, junto a su foto,

los versos que le escribí en mis largas noches de bares

y el sabor maldito del último beso que le lancé a los labios.


Tal vez diga su nombre al compás de la última copa,

de la enésima noche que la persigo,

de aquel poema enfermizo que se titula como ella.


Qué más da...

Todavía falta mucho para que amanezca.


fotograría: POWEREDby NEL
para el nuevo show DECADENCIA
reestreno al son de un tema instrumental de HENRY MANCINI

TELON Y DECADENCIA


Llega el momento de recogerte,
de llegar a ese refugio al que

llamas "hogar", para retirarte el

maquillaje, ver tu reflejo en el espejo

y maldecirte una noche más.

Una noche más...


Se fue con otro, ¿no te diste cuenta?

comiéndose los labios delante de ti,

buscando cada latido de su corazón,

prometiéndose el perderse entre

las sábanas que bordaron para ti,

con otro olor, otro fulgor,


otro...

otro...

otro...


Despojo de sociedad,

decadencia maldita en la noche

en que aúllan los lobos de la madrugada

en un solo de trompeta, a modo

de duelo fúnebre por aquella herida

extrema al perder de nuevo un amor,

al viajar en dirección contraria

otra puta noche más...


Adentrarse en el ojo del huracán,

intentar escribir un nuevo final

para algo que ya vino prescrito

entre las nubes gris perla

sin acolchar ni mullir,


en este testamento implacable

como telón definitivo e inexpugnable

a eso llamado vida

en esta noche oscura.


Telón...

Telón...

Telón...


Renglones torcidos que

un dios pretendía enderezar

por el bien de una humanidad

que él diseñó, a la medida

errónea de quien nunca vivió

el resquemor de un adiós.


(c) ISIDRO R. AYESTARÁN, 2010
para el nuevo show "DECADENCIA",

interpretado al son de guitarra eléctrica de

STRATOVARIUS y su "Mother Gaia"

fotografía extraída
de mi cortometraje fotográfico
"REHENES"