EL CABARET DEL VERSO
ISIDRO R. AYESTARÁN

(c) 2008 - 2020

Abandonado en la puerta de un camerino en un destartalado cabaret, fue educado por siete cómicos de la legua en las más variadas artes escénicas entre libretos teatrales, plumas de vedette, pelucas, tacones de aguja, luces de neón, cuplés, coplas, boleros, marionetas, carromatos, asfalto y un sinfín de desventuras que acabaron por convertirlo en un pseudo-escritor de relatos y poemas que recita por escenarios de más que dudosa reputación junto a los espíritus de Marlene Dietrich, Bette Davis y Sara Montiel, quienes lo acompañan desde niño en sus constantes viajes a ninguna parte.

Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita del titular del "Copyright", bajo las sanciones establecidas en la Ley de Propiedad Intelectual, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático.

MARTES DE BOHEMIA Y SOLEDAD


Un vaquero sin pistolas recorre en
una diligencia las calles de la ciudad;

es un poeta a contracorriente, incluso

en el ritmo de sus latidos de corazón

- hasta en eso es diferente -,

con una música de fondo de saxofón

anclada en cada uno de sus huesos,

sus músculos, su angosta anatomía,

sus ojos ocultos en minúsculas gafas

de sol, como aquel príncipe de la película

de Coppola.


Camina despacio entre estatuas solitarias,

cada una con sus pequeñas cosas,

cada una con sus motivos de inspiración,

cada una, aún con ganas de continuar un día más.


El slogan de la tienda de una amiga,

"tu esquina del ahorro desde 1963", le arranca

la primera sonrisa abierta en meses...

Dos enamorados que gritan y lloran, que

se aferram a las ganas de seguir siendo uno

a pesar de las múltiples despedidas definitivas,

le corroen el alma y el interior... por ser estampa

de su propia vida, tantas veces repetida.

Y en eso, un cortejo fúnebre que se para ante

un semáforo para que él pueda cruzar hacia la

cúpula arbolada de la Alameda Segunda.

Y vuelve la cabeza para ver en qué termina aquéllo:

la chica llora, el chico se vuelve hacia ella, la abraza,

le suplica una vez más una nueva oportunidad,

y en eso, el claxon impertinente de corto

de miras de un imbécil, que pita a rabiar al coche

de las flores para que reanude su marcha en estos

tiempos de incoherencia perenne, donde hasta

los muertos parece que molestan.


Luego, el príncipe de las pequeñas gafas oscuras

se para ante un inca que toca una ocarina,

"The sound of the silence" le evoca un baile

lento en alguna cama perdida hace mucho tiempo,

y dos señoras entradas en años y carnes, que se

desesperan rascando cupones de una suerte esquiva.

Sonidos de silencio... Sonidos de azar...

Sonidos de ciudad que se revuelven en sus recuerdos.


Pero el paseo continúa en aquella mañana de martes,

con sus andares lentos y meditados, como queriendo

echar raíces en cada uno de aquellos pedestales...

Un anciano toca una guitarra en una calle peatonal,

pide limosna a cambio de su arte, y lo que parece una

súplica en su cartel, hace que el príncipe se siente a

contemplarle, a escucharle, a llorarle...

"Os necesito tanto como vosotros la música" dice,

y unas monedas jamás serán recompensa suficiente

para quien lleva años invocando una simple sombra

para que le haga compañía.


Llega la noche en un fin de fiesta, acompañado

de su musa y la lejana personita especial de sus poemas,

un concurso de fotografías que no gana, un zumo pacífico

de frutas para no jugarse la vida tras la ingesta

cotidiana de pastillas, Pablo Santos, que toca la guitarra

ante la indiferencia y el vocerío de un ajeno público estúpido

que sólo sabe escucharse a sí mismo, pero él rasguea

su guitarra, pelea sus canciones, se desgarra en cada estrofa,

en su divertida composición sobre una historia de amor

entre pañales con sabor a leche maternal...

Y el príncipe le aplaude y se funde en sus melodías, tan

cercanas, tan reales, tan de todos los amigos que le rodean

en el local bohemio donde poetas, fotógrafos, ilustradores

de cómics, galeristas, la dueña de una tienda de flores,

la actriz de un cortometraje y un mecenas, escuchan sus propios

silencios ante cubatas y cigarros con aroma a marihuana.


Un cuarteto toca luego diversos temas instrumentales,

el "Quizá, quizá, quizá", el "Bésame mucho"...

Demasiadas coincidencias, demasiadas jugarretas

del destino concentradas en un mismo espacio.

Y mojitos, cervezas, un vaso de agua mineral,

ceniceros atestados de colillas, y parejas

que se besan furtivamente entre cada acorde.


El poeta Juanjo Galíndez, que construye versos

en el libro de notas del príncipe agotado, pidiéndole

perdón por "husmear en tu alma", pero los poetas

somos hermanos en este mundo que él describe:

"trastes truncados, tras la agonía llega

el placer, el paladar a tu lado, lamiendo la boquilla

del destino inhumano..."

Y al final el príncipe se marcha del local bohemio,

tras una última súplica para dormir acompañado,

con el violín de la película "Modigliani" destrozándole

de nuevo la mirada y el escaso aliento en aquel

patético intento de resucitar el abrazo perdido entre

sus sábanas arruinadas de susurros y caricias...

Pero éso es simplemente asunto de poetas tristes,

y la quimera del amor ya se pierde de vista una vez más.


Hace tanto de aquéllo...

Hace tanto que duerme solo...

Hace tanto de tantas cosas...


... que el príncipe de los bohemios

le saluda a las estrellas desde su ventana, le lanza

un beso a las bromas que los amigos del pasado

le arrojaron sobre su estado de salud resquebrajada,

para, de manera agónica, trasladar sus manos hasta

el motor del amor renqueante donde, en un delirio

de éxtasis forzado y sobreactuado, lanza un suspiro

mientras sus frágiles dedos se impregnan del elixir

de la nostalgia, del aroma del amor compartido.


Cierra los ojos y duerme exhausto.

Es un príncipe sin aspiraciones a trono.

Es,tan sólo, un cuerpo destrozado y solitario

en una cama de uno cincuenta de ancho.

Y más allá de esa cruel frontera, sólo hay silencio.


Silencio...


Silencio...


Y los versos de su hermano poeta:

"El hombre maceta draga sus versos

con sílabas de la vida".


(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2009


ERRANTE


En un mundo donde las caricias se las llevó el viento...
No nací para dejarme la piel en un cruel sendero de búsquedas,
ni late este pobre corazón para seguir soñando con que vuelvas.

Realizado a partir de mi poema "Senderos de poeta", mi estado de ánimo y mi escasa salud de hoy día influyen notablemente en el resultado final de este nuevo montaje fotográfico, acentuado con la melancólica música que Guy Farley compuso para la película "Modigliani".

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2007 - 2009

BUSCARTE (nuevo vídeo desactivado de You Tube)

Hoy salgo a buscarte por mil calles,

a sentirte en cada rincón, en cada lugar,

a saber que estás presente en esta morada

inhóspita de gente ajena y extraña.


Hoy he tenido miedo al vacío de mi almohada,

a la soledad de las sábanas que habitabas,

a la mordaza de unas caricias desconocidas

que me gritan en una distancia descolorida.


Hoy salgo a buscarte en un mundo de silencios,

evocándote a través de un juego de luces y sombras,

adivinando tu rostro en mil siluetas

que son el fruto de esta locura mía por adorarte.


Hoy quiero encontrarte y no soltarme de tu mano,

aferrarme a tus latidos que son los míos,

a percibirte a cada instante a mi lado, en mi regazo,

y enloquecer en una tempestad constante de arrumacos.


Hoy salgo a buscarte para confesarte que,

al hallarte de nuevo en mi vida y mi mundo,

es mi deseo firme el perdernos de nuevo

en la tierra de la pasión y el fuego.


Perdernos, sí…

pero esta vez, perdernos juntos


NOTA: El vídeo "Buscarte", realizado a partir de este poema mío, fue de los primeros que realicé en mi anterior obra ilustrada NOCTURNOS, y que se ha visto desactivado en You Tube por la utilización de una versión de "El lago de los cisnes"


(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2008

EL TESTIGO SOLITARIO DEL PASEO MARITIMO


Otro jamacuco.
Creo que mi corazón aguantará
dos o tres más, y los médicos
me dan largas alegando que he de tener
una vida más tranquila.
Hay que joderse.


Cada día que pasa me canso
más que el anterior,
y ya apenas puedo caminar más allá
del paseo marítimo,
por lo que me siento en uno de
sus bancos de madera,
ilustraciones constantes
de mis anteriores poemas,
y mientras cojo apuntes para
nuevos recitales, me dedico
a mirar a la gente.


Ante mis ojos pasean jubilados,
viudas que disfrazan su soledad
confundiéndose entre otros mortales,
turistas de primavera con acento extraño,
parejas comiéndose a besos y que
van cogidas de la mano...
Y yo, mientras, en mi Tercer Mundo de
convalecencia y muriéndome de hambre.
Qué mierda de pastillas sedantes.


Hay chulazos solitarios de los de
"toma pan y moja" que se sientan
en otros bancos a leer libros
o a mirar el paisaje,
estudiantes que se corren las clases,
perritos estrafalarios con adornos
estúpidos que sus dueños horteras
les ponen, y los pobres, con un ladrido,
me piden un auxilio a modo de crítica
en alguno de mis versos.


Y luego están mis padres,
que me distraen de mi mundo silencioso
con sus charletas constantes sobre
lo mal que funciona el gobierno.
¿No venderán bozales para hunanos?


Otro jamacuco.
Y yo, solo, mirando la vida,
que sin palabras me lo cuenta todo.


Ir y venir de cuerpos de todo tipo,
sin abdominales o con cintura de avispa,
maratones en el carril bici y
carreras de supervivencia entre aquellos
vagabundos que fueron algo importante,
y que ahora naufragan en el océano de
las colas enormes del paro.


Hace frío a la hora del almuerzo
en mi paraje cotidiano de enfermo solitario,
y como puedo, me levanto y dejo que
mis pasos me lleven hasta mi buhardilla,
donde tras leer mis apuntes sobre los
actores que pueblan este escenario,
lanzo una mirada sincera y certera
hacia no sé muy bien dónde,
para que el encargado de esas cosas
del teatro baje el telón muy despacio.


No están los tiempos para análisis, pienso.
Además, ya es la hora de tomarme
la pastilla de color rosa para los nervios.


Mañana tengo de nuevo consulta con mi médico.
Y como cada semana, le contaré mis cosas.
Y como siempre, al terminar,
él me dirá con la mejor de sus sonrisas:
"a cuidarse... y que pase un buen día".


Y sí...
hay que joderse.


Un poquito de amor en tiempos de guerra (Bunbury)

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2009

SENDEROS DE POETA


No se hicieron las tardes de domingo
para hablar de amores perdidos,
ni el horizonte de mi bahía
para ser camuflado por la neblina matinal.

Los rayos del sol se funden con el mar
bicolor, entre crepúsculos y lágrimas vertidas,
y los solitarios no lo son menos por maquillar
artificialmente sus sonrisas de mentira.

Hay quien dice que los poetas naufragamos
en cada uno de nuestros versos,
y que como los buenos capitanes
nos hundimos con nuestro barco,

y los hay también que se sientan a
contemplar el caminar errante de las musas,
el footing del alcohol en sus venas, y el calor
de aquel beso que ya se pierde a lo lejos.

No se hicieron las mañanas de lunes
para escribir poemas amparados en el recuerdo,
para ensordecer con el estruendo de los silencios,
apoyarme en el balaustre de la nostalgia
y musitarle al viento que aún le quiero.

No, querido destino incierto,
no nacimos los poetas para dejarnos la piel
en este cruel sendero de letras plañideras mientras
nos lanzamos a la búsqueda de su encuentro.

El amor nos lleva delantera, compañeros.

Un par de páginas, por lo menos.

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2009

SE LEVANTA EL TELÓN...


El Maestro de Ceremonias aparece caminando hasta el centro del escenario, con un cigarrillo a punto de consumirse en la comisura de los labios. Lo hace con decisión hasta que apaga violentamente el cigarrillo en un cenicero que hay sobre una repisa, junto a una silla donde hay posada una chistera de color plata, un bastón en el respaldo, y un atril con varios papeles.
De pie, meditando las palabras, se dirige al público:

MAESTRO DE CEREMONIAS:
No esperéis un recital de poesía al uso, que me vaya a sentar sobre esta silla y comience a leeros mi trabajo de manera…
se encoge de hombros de manera indiferente
... Que cada cual ponga un adjetivo. No. Ese no es mi cometido. Sí vais a permitirme el que en esta noche de estrellas blancas, vuelva a colocarme una chistera,
la coge y la mira entre las manos
utilizándola como la armadura perfecta para afrontar una nueva jornada de sueños y poemas.
se la coloca ligeramente ladeada y se sienta de manera especial,
a lo Dietrich en El ángel azul
Vamos a olvidarnos del despertador, que existe una jornada llamada “mañana”, y cojámonos de la mano para adentrarnos en un cabaret de esos que antes se decía que eran “para mayores”, porque se cantaban canciones que los más pequeños no podían escuchar…
coge el bastón y lo pasea entre las manos a juego
con diversas posturas sobre la silla
Decidme un secreto. Atreveros a jugar a la confidencia de un amor que se os haya escapado entre las manos, o hablemos de la picardía adolescente de redescubrir el cuerpo y sus adentros de manera curiosa y atrevida a partes iguales. O permitidme, a cambio, que sea yo el chivato con matrícula de honor a la hora de desvelaros intimidades curiosas que escuché al adentrarme en las alcobas de las estrellas que habitan la puerta de este nuevo escenario...
la señala como esperando que en ese momento entre alguien importante para él. Sonríe cínicamente dirigiendo la mirada hacia el montón de papeles que hay sobre el atril
No... no sé por qué sigo mirando hacia cualquier puerta con la ingenua esperanza de que se abra y aparezca el ángel amoroso que guíe mis pasos de nuevo a través de un sendero de arena color vida y sentimiento...
mira al público
Y hablando de sentimientos… Eso es precisamente lo que voy a hacer con vosotros. Cogeros de la mano, escuchar los latidos de vuestros corazones y hacerlos míos, y traerlos aquí conmigo, al centro de este escenario donde el viejo Maestro de Ceremonias, antaño personaje nocturno, cogerá una batuta...
coge uno de los folios que mira detenidamente
... a la espera de que suene la música que envuelva esta noche, este sueño del que no quisiera despertar nunca.

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2009

TU ASIGNATURA FRACASADA


Este poema, más que una colección de versos,
es el grito profundo de mi alma por la herida
que sufro al comprobar qué sucia
es tu mente enferma y qué ciegos tus sentimientos.

Y te lo digo a ti,
que te negaste en rotundo a verme actuar
en mi último show, sólo porque lo hacía
en el escenario de un local de ambiente homosexual.

Y también va para ti,
que te marchaste asqueada porque un
par de lesbianas se abrazaban y besaban al
compás de mis palabras.

¿Y tú vas de liberal y tolerante?
¿Y dices que el progreso es tu señal
de identidad y tu bandera?
Qué pedazo de ignorante.

Siempre sostuve la teoría aquella
que reza que quien no comprende el amor
entre dos seres humanos, nunca llegará
a dar realmente amor a nadie.

Y qué solo te vas a ver, querido mío,
y qué ninguneada te vas a sentir,
porque no volveré a perder un segundo
de mi vida con tu compañía…

Ya que nunca cambiaría a mi Oky y mis
amigos transformistas por estar contigo,
no dejaría al margen los abrazos sinceros
y emotivos de Manu al darme unas rosas

porque tu tolerancia, entre comillas,
tenga mejor aroma que el de un grupito
de locas que viven “petardamente” sin,
según tú, importarles nada.

Como me pasa a mí en estos versos…
Que cada vez, me importa menos
el estar a tu lado porque, sinceramente,
prefiero estar con todos ellos, que son los míos.

A mi gente del Colilla Queens

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2009

SOBRE "EL CABARET DE LOS SUEÑOS", EL SHOW DEL COLILLA QUEENS


UNA CRÓNICA DE JUANJO GALÍNDEZ

¿Por qué no estás ahí? Yo estoy sinuosamente socorrido por las lentes del destino.

¿Dónde te hallas? Casi pude tocarte esa noche helada en la que acariciaste mi intención. Él parece saber de qué se trata. De qué puede tratarse, dado que andamos lamiendo andamios, sosteniendo el alma. La primera noche entre colillas y reinas, un rey reina reinaba e inhalaba, exhalaba... Ufff... Despacio, con maquillaje y sin lentejuelas, rasgo a rasgo, resquebranjando miradas cardinales excepto al sur, ése que reserva para el que nunca vuelve... O para el que nunca llama... Sea quien sea, él siempre interpreta su sabor entre frambuesas natas y apoteósicas mentas que refrescan regularmente su exquisita locura cotidiana.

Este martes entré, y ante mí dispusieron a Oki, como una pantera de ojos ignífugos y afrodita guerrera. ¡¡Pechos fuera!! Gacela de mil miradas alrededor de ninguna y todas bebiendo de su boca. Retazos de altruismo maldito, entre tientas se besaban como en la canción de Francoise Hardy, ellos con ellos, ellas con ellas, de la mano, de la boca... Quiero decir que recitó desde el músculo, desde la piel, desde cada uno de sus huesos, limando lo que nunca queda, como si lo supiera, se consumió una explosión de altura.

La lluvia mojó el pálpito y el último púlpito de cuando creías que era la noche en la que todo se arregla. Estallaba de nuevo la locura. Divina locura. Creo haber sido testigo de un recital que nunca se rindió. Aunque habló de los amantes condenados y de los niños hambrientos, aunque no mencionó a los apartados. Los brindó todas y cada una de sus vocales ávidas de pasión. Todos y cada uno de sus versos, ellos tan perros, ellas tan lacias... Todos tan amigos, y al final amargos habitantes del mismo suspiro, estábamos allí. Alberga aumentos cuando recuerdo su deslizante nombre en la noche... Isidro Ayestarán. Sí, Isidro. Allí estábamos todos, y cada uno de nosotros olvidó su nombre por una noche y por tu emoción, esa emoción que no cabe en ningún nombre extraño.

¿Estabas allí? Ya lo dice su nombre... Allí estará.

Y debo decir que me alegro de haber sido uno más. Cuando todo se apague no quedarán más que sensaciones. Quien te abastezca de espíritu es buen asceta.

Un valiente suicida luchando contra la ventisca.

Sinceridad experta.

Gracias Isidro.

Se levanta el telón en este mundo de fieras, al ritmo del "Cabaret" de John Kander, un baile diferente entre el Maestro de Ceremonias y una corista especial y maravillosa (mi gran Oky).

Los versos de "Disoluta colombina", al ritmo del "Moonriver" de Henry Mancini, dan comienzo al show, lleno absoluto en el Colilla Queens.

El corte de mangas a la vida demoledara y agónica que atormenta al personaje de "Estatuas silentes nocturnas", al ritmo del "Memory" que Andrew Lloyd Webber compusiera para su musical "Cats"

La agonía del amante herido para los versos de "Caminando con mi soledad", con la extraordinaría y evocadora música que Alberto Iglesias compusiera para la película "Lucía y el sexo"


Duelo de esgrima para "La nave del recuerdo", al ritmo del "Future lovers" de Madonna, para finalizar la primera parte del show.

La soledad del escritor bohemio, alcoholizado de absenta, que hilvana versos al amor perdido con el aura de los autores malditos, con la voz del Clint Eastwood de "Gran Torino" de fondo.

El baile con la muñeca en "Las sonrisas mudas", el homenaje a las víctimas inocentes de todas las guerras.


Apoteósis final con el número musical "Es mi vida", interpretado por Raquel Olmedo

AMANECER

Amanece difuso en mi mente,

y mi cuerpo derrumbado es la

sombra chinesca dibujada en el horizonte,

condenado a vagar en silencio

en busca de tu sombra,

soñando aún con aquella

promesa rota tuya de no dejar de quererme...

Y amanece en la ciudad,

y te busco en cada una de sus luces.

Un juego de miradas mudas

ante el peregrinar errante

del poeta que te escribe...

el poeta que te anhela

en cada uno de sus sueños.

... Ya amanece.

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2009

LA NOCHE MAGICA DEL COLILLA QUEENS


Todo comenzó a las 22,30 horas de la noche, tras un tema musical a cargo de OKY (mi protagonista en "Tioviovo nocturno" y "En construcción"), que se vio interrumpido por una música de cabaret y la intromisión en su escenario del Maestro de Ceremonias más osado que se pueda recordar.
A partir de ahí, la preocupación por un pequeño fallo técnico con los micrófonos dio lugar al mágico juego de la improvisación haciendo uso de la lengua más "disparada" que haya utilizado nunca.
Después, uno a uno se sucedieron los números de la primera parte tal y como estaban preparados, con "Moonriver" de fondo para el poema "Disoluta colombina", las cartas del poeta solitario de "Estatuas silentes nocturnas" con el "Memory" de "Cats" y el corte de mangas más amargo que se recuerde; los poemas al amor perdido de "...Porque tú no estás" y "Caminando con mi soledad", con las músicas de Enya y Alberto Iglesias respectivamente; el juego satírico al ritmo del "Requiem" de Verdi para los textos "La alcoba desnuda" y "Deseo", y tras un insólito baile erótico con el bastón al ritmo del "Future lovers" de Madonna, un juego de esgrima para "La nave del recuerdo" como colofón a lo que ya estaba prometiendo ser la gran noche de mi vida.
Un pequeño descanso de unos minutos, y el Maestro de Ceremonias dio paso al personaje atormentado del escritor bohemio y alcoholizado de absenta para los poemas "Trovador de madrugada" y "Halcón nocturno", al ritmo de la voz ronca del Clint Eastwood de "Gran Torino" y la música de su película "Changeling", para la interpretación más dramática de mi "Blues del asfalto".
Y llegó el momento más emotivo de toda la noche: una bandera blanca ensangrentada y agujereada, símbolo de paz y ataúd de muchos inocentes, con unas luces muy bajas, el tema musical de Morricone para "Once upon a time in the west" y la carta de la niña del poema "Las sonrisas mudas". Luego, un baile con una muñeca, herida en una guerra, que es envuelta en la misma bandera de antes, mientras llorando (de verdad), recitaba fragmentos de "El sordo siempre cree que los que bailan están locos": "Que por una noche, el levantar la mano sea el prólogo de una caricia; que por una noche el levantar la voz sea para decir "te quiero"; que por una noche, los latidos del corazón marquen el ritmo de la sociedad...".
Tras un pequeño discurso, homenaje a las musas y trovadores, verdaderos protagonistas al ilustrar los poemas de NOCTURNOS y EL CABARET DE LOS SUEÑOS, y bajo la bandera del Arco Iris, que cuelga siempre del Colilla Queens, el último monólogo, "El lugar donde ya no se pone el sol", el homenaje a todos los homosexuales asesinados legalmente en países como Irán.
Y para finalizar, mientras mi personaje nocturno se maquillaba al ritmo del tema musical de Raquel Olmedo "Es mi vida", Oky volvió al escenario para desmaquillarse y mostrar su imagen de hombre.
Dos pelucas de payaso, dos narices postizas y un beso sincero en los labios para el gran final de la que, sin duda alguna, se convirtió en la gran noche de mi vida artística sobre el escenario de mi segunda casa, el Colilla Queens, a la que volveré muy pronto con otro show para toda la gente que me está pidiendo a gritos que regrese.
Mil besos a todos... a los que os adentráis en estas páginas y allí lo presenciasteis, a Oky, porque nos hemos prometido hacer nuevas cosas juntos... y a Manu, por su ramo de rosas y por ser el mimosín más maravilloso que existe sobre este planeta tierra.

OPENING NIGHT


No tengo sueño en esta noche
de soledad previa a un gran estreno.

No he hecho la cama en todo el día
ni me he quitado de encima el olor
del tabaco ni del exceso de la noche pasada.

Helado, agónico, tétrico muñeco de trapo
que puebla las horas insomnes
a golpe de tecla a falta de una caricia.

¿Estás? Quiero oírte, escucharte,
empaparme de tu sudor extenuante,
fundirme en el adentro de tu alcoba
en forma de cuerpo que crece y crece…

Pero no haré nada en las próximas horas.
Ya estoy cansado de ensayar mi próximo show.
Y prometo sorprenderte… aunque sea de oídas.

Dudo que vengas, que te dejes ver entre candilejas,
que te aproximes a este loco personaje
inventado para leer los versos de tu nombre,
llorar las lágrimas negras del viejo poema

que premió la nostalgia de tu persona,
y de otras palabras que el veneno hospedado
bajo mi chistera reparta a quien se lo merezca.

¿Estás entre ellos?
Yo aquí aguardo a la gran noche, al gran
momento del baile en forma de poema,
al piano de fondo con la voz de Eastwood,

y a que reconozca entre los aplausos
el sonido de tus manos, y que éstas me transporten
al viaje de aquellas caricias sobre la cama solitaria
que aguarda a este cuerpo exhausto y debilitado.

Pero, ¿sabes?
seguro que aunque no te vea entre la gente,
al apagar las luces del escenario, musite tu nombre
a modo de epílogo perfecto a mi montaje teatral.

Pero no has contestado… ¿Estarás?

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2009

DEAD MAN WALKING


Esposas y grilletes, revisados.
El andar, mil veces ensayado.
Incluso los guardianes no mirarán
a los ojos al condenado a muerte.

El pasillo es muy largo e iluminado,
como si su resplandor no quisiera
darme opción a un recuerdo de esos
que pasan en una fracción de segundo.

Dicen que así pasa la vida ante los ojos
de un condenado, hasta que el estruendo de la
puerta que te lleva al cadalso irrumpe con la
violencia de la ley férrea de la condena a muerte.

Familiares de la víctima, periodistas, agentes de
la Fiscalía General (supongo), un cura que habla
de redención e incluso un médico para firmar
el parte de defunción. Todos allí presentes.

Y uno a uno, los miro a todos sin rencor.
Y uno a uno, subo los escalones hasta la soga.
Y uno a uno, enumero los pecados cometidos.
Y… un silencio que te rasga lo profundo del corazón.

La sentencia es repetida de nuevo.
La capucha es colocada antes de esa áspera cuerda.
Y los segundos transformados en horas parecen
la tortura que merezco por el mayor delito cometido.

Es tu rostro quien aparece de nuevo en mi recuerdo,
el color de tus ojos aceituna, la línea de tus labios,
el surco de las lágrimas cuando te dije “ya no te quiero”,
y el frío del invierno, que se me cuela entre los huesos.

Me condenaron a muerte por dejar de quererte,
y fue la nostalgia la más implacable de los jueces
sin que le temblara el pulso, al darme la vuelta en la cama
y comprobar lo solo que me encontraba sin tu cuerpo.

Amanezco de mi sueño empapado de sudor,
me aferro a mi ventana iluminada por las estrellas, y
mientras busco tu luz en cada una de sus luces,
dudo si realmente vivo… o es que sin ti estoy muerto.

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2009

nuevo vídeo bloqueado "POR UN MUNDO MEJOR"

WMG continúa bloqueando mis cortometrajes fotográficos en el Canal You Tube. Esta vez, "Por un mundo mejor", uno de mis montajes más valorados y comentados - cercano a las 1.000 visitas - por su contenido, se ha visto sacrificado.
El motivo, tener como banda sonora la versión que Madonna realizó en directo del "Imagine" de John Lennon.
Ellos son los propietarios de la música.
Yo lo soy de mi obra, mi visión del mundo y mi manera de mostrarlo a mi público.
ISIDRO R. AYESTARAN, 2009

CENSURA DE RAIZ

En el mes de diciembre de 2007, comencé a realizar una serie de cortometrajes fotográficos que todos ya habréis disfrutado en el Canal You Tube, utilizando en aquellos montajes las imágenes que ya habían ilustrado los primeros poemas de mi anterior obra NOCTURNOS. Después vendrían las historias elaboradas con guión propio, con personajes atormentandos y solitarios en busca de amor, pero sobre todo, historias comprometidas con el ser humano, denunciando todo aquello que me parece denigrante: las guerras (sin necesidad de estar "vendido" a algún partido político para denunciar sólo aquellas que convienen), el hambre en los países más desfavorecidos (mientras nuestros queridos dignatarios políticos - TODOS - intentan paliar la solución a base de engordarse ellos mismos) e, incluso, denunciar a aquellos países que, teniendo como base su fundamentalismo religioso, no tienen ni idea de lo que es la caridad cristiana para cargarse a quien no piensa o cree como ellos.
En el mundo se sigue matando a gente que defiende sus ideas: monjitas misioneras en la India, por defender su fe; homosexuales en Irán, porque esa "forma de amar" va en contra de las consignas del Corán; militantes políticos que defienden sus planteamientos, aniquilidos éstos con un tiro en la nuca...
Todas estas denuncias tienen cabida en mi obra.
Pero el origen de este texto no es sino el denunciar el que, nuevamente, un vídeo mío haya sido censurado. El primero, "Suburban men", por utilizar desnudos masculinos en una defensa clara sobre el mundo homosexual; después, "Deseo" y "La mujer dormida" por utilizar como banda sonora músicas pertenecientes a la compañía WMG.
Hoy le toca el turno a "La mujer de la noche", el primer cortometraje fotográfíco que realicé con aquellas primeras instantáneas tomadas en marzo de 2007 a la musa Maru Dañobeitia, en su papel de prostituta que busca el amor por las calles de Santander al son del tema musical "What the world needs now is love", interpretado por Jackie DeShannon.
Tal y como está el patio con el tema de la SGAE, los top manta y demás lindezas, intuyo que seguirán cayendo mis cortometrajes en You Tube por la utilización de unas músicas que no son mías, pero que me sirven para apoyar las imágenes de mis historias.
Aún así, y conociéndome como me conocéis, aquí os presento aquel primitivo vídeo (realizado toscamente con unos medios que entonces ignoraba al cien por cien). Por tanto, saboread de nuevo a esta Mujer Nocturna que tan sólo buscaba un poquito de amor en su vida.

TROVADOR DE MADRUGADA


Escribir un poema en una de esas noches
en las que uno no es buena compañía,
rehusando el abrazo del amante anhelante
que le espera desde su orilla de la ciudad.

Humo de cigarrillo, voz ronca de blues,
luz de estrellas de neón donde se lee
no perdiste la cabeza, amigo, tan
sólo tienes destrozado el corazón
”.

Qué razón, compañera Chavela,
cuando uno no aprende de los errores
por mucho que pasen los años y los
regustos amargos se pudren en el alma.

Y vas perdiendo la cuenta de los tragos
de absenta – en mi caso – que se almacenan
en lo profundo de la mirada opaca y triste
del sentimiento de un amor perdido.

Y qué ingenuo, colega, al haber pretendido
que algún ángel te transportara a rincones
de fantasía donde la ternura es la asignatura
pendiente de los soñadores nocturnos del alba.

Esta noche escribo sobre ti,
te evoco en cada verso y cada letra,
te lloro en cada nota musical que truena
en los cascos que uso para huir del mundo real,

en esos momentos en los que plasmo
en una hoja en blanco lo que podría seguir
a esos puntos suspensivos que tan sólo
conocemos los que nos bebemos los versos,

los que vivimos la noche de la ciudad.
"Leaving in the dark city", se llamaría la película,
y la prostituta quedaría llorando ante nuestro
cadáver antes del fundido a negro final.

Porque en las películas de ahora,
como en la vida real, no se pone “the end
ni “fin”… y ni si sabemos si todo se ha acabado
o es que la puta vida es así de dura y cruel.

Sólo vemos a la chica alejarse cuesta arriba,
mientras el nudo en la garganta hace que
nos aferremos a la butaca de la vida para,
lentamente, con pasos derrumbados,

llegar hasta nuestro barman favorito
para cantarle el himno del trovador
de la madrugada…

ese que se entona al cerrar la verja,
al apagar las luces, y no tener a quien
dar un beso de buenas noches.

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2009

STEREOSEXUAL


Las pastillas dormideras que me recetó el médico me atontan más de lo normal.
Tampoco me excito lo que debiera al estar con mi pareja en la cama.
Y no dan lugar a la imaginación, con lo que uno ha sido en sus tiempos.
Maldito jamacuco.

Hace tiempo que ya no cambio las sábanas de mi cama de invierno.
Y no hace falta que me comentes lo que piensas al respecto.
Dos de mis fans me dijeron el pasado sábado que me querían, y ya es suficiente.
Y uno que yo me sé tuvo por fin su carroza gay.

Las plataformas lo elevaron justo a la altura de mis labios.
Hubo épocas pasadas en que sacó brillo a la altura de los zapatos.
Me encantó que se le notara el triángulo entre las medias rotas de encaje.
Incluso en carnaval mis amigos gays son más amigos (y amantes) de lo normal.

Tengo otro amigo que siempre supo definirme a la perfección:
Es simplemente sexidro, dejaros de homo, hetero, trans………..”
Las etiquetas nunca fueron conmigo, aunque sí el dar por el saco con esta lengua venenosa mía que el diablo cuidará entre algodones por muchos años más.

Y actuaré de nuevo para deleite de mis detractores, que ansían
tropezarse de nuevo con la chistera de la mala baba, con el dardo afilado a
no poder más en este cabaret que ya va adquiriendo la altura que deseaba.
Se hizo rogar, no estaban mis meses pasados para excesos. Sorry, darlings.

Pero vuelvo.
Mañana salgo de compras a renovar vestuario y atrezzo.
Y se lo dedicaré a mi Divina Sweet Lolita, que me hará falta más
allá del aplauso, el abrazo y el besuqueo que me sigue gustando dar
a las mujeres que me sonríen de todas las maneras al verme.

Y mi libro sale dentro de poco. Cosas del calendario, el marketing
y demás lindezas que dejo para los que saben que no hay nadie como yo
para hacer coincidir fechas a golpe férreo de almorrana en verso endecasílabo (mi favorito).

Ya sé que este poema no es como los anteriores.
Que no parece sacado de un sueño de amor ni de una
quimera romántica de esas sobre las que escribía hace meses,
días, horas, minutos…
Qué le vamos a hacer.

Es que es hora de poner el orinal bajo la cama, tomarse el vaso de leche caliente, rezar por las buenas intenciones de los políticos que deben dimitir, por todos aquellos que apuntan en su lista de la compra los tapones auditivos para el fin de semana, y por todos aquellos que, con toda seguridad, se temerán lo peor de mí en los próximos días.

El Maestro de Ceremonias está de renovada inspiración.
Y mi alta médica se aproxima en breves días.
Que se preparen todos ellos, incluido el que tengo roncando a mi lado en este momento, que como decía el bueno de Barry Fitzgerald en “El hombre tranquilo”, lo nuestro va a ser “homérico”.

Como esas películas que se publicitaban con sonido dolby sensoround.
Terremoto volcánico. Barca de Caronte entre las vigas naturales de mi dormitorio.
Y versos… muchos versos en este lap-dance que disparará su mejor fotografía
al tiempo que estampará la mejor firma tras el “intro” de mi inminente tomo poético:

Pese a todo, sigues siendo mi debilidad,
mi aria de amor,
mi mejor momento en el Rosario de los Misterios Gozosos:
bendito lado derecho de la cama, que me hace ver las cosas con claridad.

Pero eso ya lo decían mejor que yo mi adorada Escarlata
(lo de Scarlett lo dejo para los snob agilipollados de hoy día), o ese
otro empedernido romántico con alma atormentada:

mañana será otro día,
aunque no sé por qué de todos los blogs del mundo,
habré elegido éste para mostrarse tan stereosexual.

Buenas noches…

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2009

AMOR SE ESCRIBE SIN "H"


Soy como esos maderos húmedos que renacen en el mar tras un naufragio, que siguen flotando al son de la corriente, del surco del desastre, del silencio de los muertos…
Soy como esos solitarios creadores de letras que, ante un café, exploran vidas ajenas para proyectarlas en sus hojas en blanco, como los amantes que se miran a los ojos cuando ya no tienen nada más que decirse, y que esperan a que sea el otro a que se levante para ser el primero en abandonarlo todo…
Soy el último bastión del aura romántica – si se me permite la inmodestia –, amparado en el reloj que alumbra la hora irresponsable e inoportuna para llamarte y escucharte de nuevo… Y sabes – yo lo sé – que no abandonaré esta estancia oscura donde te escribo estas letras hasta que te sienta de nuevo, hasta la hora precisa, el momento justo, el instante concreto en que sienta tu cuerpo junto al mío…
Mi último descubrimiento, un nombre secreto que se muere entre mis labios, al que no le importa mi enfermedad ni mi cautiverio, ni mi sometimiento al deseo irremediable de aferrarme a tu mirada y tu cuerpo…
Sí, queridos míos, soy el portador de la pancarta en esta manifestación que dice “Sí” a tantas cosas, entre ellas, a la rotundidad a la hora de amar de nuevo aunque sea poco a poco, a la firmeza de un silencio pleno de significado dicho al corazón, a la sonrisa en un encuentro en la calle donde quedamos para vernos y charlar de nuestras cosas… Al encontrarnos de nuevo cuando “tú quieras”.
Poco a poco me lo confirmo, con lentitud lo voy sintiendo, con firmeza apoyas mis pasos… con seguridad, mi sentimiento.
¿Y por qué no decirlo?
Creo que con el transcurso de los días… te voy queriendo.

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2009

DESPERTAD... PEQUEÑOS PRINCIPES




Despertad, queridos príncipes...
Ya sé que hace frío
y que el calor de los abrazos
cesó la pasada primavera.

Y que hay color negro,
y ventanas que se cierran,
y mucho silencio en vuestras vidas...

Pero creedme cuando os digo
que existe un lugar donde
el amor ya no es una quimera,
y que jugaremos a ganar
en esta loca aventura de la vida.

Sólo hace falta que le cantéis
a vuestros corazones la vieja nana
que entonábais de pequeños.

Mis pequeños príncipes...
Despertad al sueño.

(fragmentos de "Intro" y "Halcón nocturno")

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2009

HALCON NOCTURNO


Dos monedas en la caja de música del cabaret,
esencia de amor prohibido en el alma,
las lágrimas silenciosas que se citan
en el juego del escondite de nuestro compañero de mesa.

Todos tenemos un Sam que toca nuestra canción,
y el sonido de la noche se ve interrumpido por
el motor del Gran Torino del último y magistral
Eastwood, con olor a voz ronca y rota por algún
amor que se resiste a naufragar en el olvido.

La chica de rojo del fondo no cobrará esta noche,
y sus besos irán envueltos en lazadas de cariño,
quizá porque los sentimientos no conocen de crisis
y porque, realmente, nadie se resistirá a una mirada
certera hacia el fondo de su tercera botella de ron.

Siempre fui evidente, exhibicionista y egocéntrico,
la mala vida siempre me dio la razón en todo esto,
por eso las monedas caen sobre la barra del bar como
terremotos de pasiones perdidas por no decir nunca
“te quiero” si no había flashes de por medio.

Fuera hay noche, color negro, ventanas que se cierran,
y suspiros jadeantes que mueren al filo del segundo polvo;
dentro del Joe´s estamos nosotros, bebiéndonos
el nombre de nuestra historia rota de amor, cabalgando
como halcones solitarios sobre el recuerdo de su mirada…

Y frío, mucho frío en nuestra memoria marchita,
en el aroma de aquellos abrazos de primavera que
murieron al caer la hoja del calendario, en aquel momento
justo en que el portazo certero y cruel del silencio
del adiós dio paso a sus tacones distantes en la noche.

Un whisky doble, amigo, y a la chica del fondo lo
que ella te pida. Qué más da…
Aún tengo un billete en la cartera, junto a su foto,
los versos que le escribí en mis largas noches de bares,
y el sabor maldito del último beso que le lancé a los labios.

Tal vez diga su nombre al compás de la última copa,
de la enésima noche que la persigo,
de aquel poema enfermizo que se titula como ella.
… Qué más da. Todavía falta mucho para que amanezca

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2009

ilustracíon: retoque de Nighthawks (Halcones de la noche), de E. Hopper (1942)

MOONLIGHT


Surcos de música en el viejo vinilo,
pequeñas motas de polvo a ritmo de blues,
serenata a la luz de la luna en los balcones
iluminados de las ilusiones nocturnas…

El baile coreografiado por el artista bohemio
de la cara blanca y el corazón aún sin pintar,
las manos entrelazadas como título a la obra
maestra resaltada en tu mirada…

Querer ver la vida a través de tus sueños,
estrecharte en mi regazo y respirar junto a
tu manera de respirar, y sentir… Sentir que vivimos
este idilio con aroma a quimera deseada. Sí…

Y deleitarnos, tú y yo, bajo el ritmo de las cuerdas
que sostienen el mundo resquebrajado
de los amantes tristes que esperan un final incierto,
entre la nebulosa fabricada a base de lágrimas…

Un punteo en mi vieja guitarra,
unas notas en mi pentagrama,
y un violín a lo lejos…

Las armas del trovador amante
que se muere por que vuelvas al sendero
de las baldosas doradas,

al arco iris de nuestra bandera,
al sello de una historia de amor verdadero
entre las nubes de los ángeles que sostienen,

una vez más, las miradas inciertas
de los silencios perpetrados por el miedo
a un volver a empezar.

Y sentir que llegas bajo el resplandor de la luna,
esa luz envuelta en la caricia que le dicté al viento
para que te trajera de nuevo a iluminar mi alma,

a que mataras la soledad de mi cuerpo
con la fragancia del aroma de un beso
certero… una vez más.

Una vez más… Tú y yo.

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2009

DESNUDO


Ovillo corporal de miseria humana,
tendido en la lona del ring manchado de sangre,
sorteando los golpes sin guantes de la vida,
humillando la mirada en mi alcoba perdida.

Refugio mis recuerdos del rencor del silencio,
respiro mi aroma sediento de tus besos,
mi frágil cuerpo que te añora, mis brazos
que no abarcan más que un punto en el infinito.

Desnudo de tus palabras, de tu acto de amor
eterno, inspirador mil veces del aliento certero
en el caminar errante del poeta mudo,

del viejo trovador que canta en un solo a la luna
la estrofa del verso destruido, el poema del
abandono de lo que fuimos, de todo aquello que hemos sido.

Y tú… tan lejos todavía,
que esta memoria se olvida del nombre de tus ojos,
y si es que alguna vez tuvo poder tu mágica sonrisa.

Y yo… reconvertido en un ornato en aquella
página en blanco lista para mis letras,
si es que me dejas que te las escriba,

si es que me dejas vestir de nuevo
al poeta desnudo que vive en la eterna carencia,
en el recuerdo de un simple beso,
bajo el resplandor cegador de una caricia.

Y desnudo de ti…
Y desnudo de vida…
Y desnudo de alma…
… y desnudo de mis propios versos.

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2009

GRITO


“Nos hemos pasado la vida entera buscando el amor en todas las cosas que realizábamos en este mundo. Pedíamos amar a gritos bajo las explosiones y entre las ruinas de los edificios en llamas. Solicitábamos amor hasta de aquellos que nos negaban la mirada. Y recitábamos versos a los pies de los acantilados con la ingenua creencia de que éramos escuchados por verdaderas almas gemelas que desaparecían de nuestras vidas sin contar tan siquiera con nuestros sentimientos. Pero yo ya me he cansado de buscar amor y de no hallar nada más que vacío y muerte a mi alrededor, de ver el odio reflejado en los gatillos de las pistolas, el egoísmo en los atriles donde se dan discursos dictados de antemano, y la soberbia en los púlpitos que pregonan un amor de Dios que no lo es tanto. Cansado de vagar por senderos sin meta alguna, por caminos rodeados de árboles desnudos, sin hojas ni sentimientos, con corazones mudos a quienes les cortaron sus lenguas. Pero pese a mi cansancio, yo quiero gritar al mundo que crean en el amor, que nada ni nadie podrá quitarme mi corazón, que las bombas no podrán conmigo, que las guerras dirigidas por los generales no cuentan con soldados como yo, que no existen las fronteras que limitan el paso a los que no son como los que gobiernan, y que el amor perdurará por encima de egoísmos y mezquindades.
“Y soy yo quien lo grita, desde la desesperanza y la tragedia de este mundo loco que terminará por volverse más loco todavía. Un mundo que ya no sabe hablar de amor, un mundo que ofrece la imagen de las madres que lloran las muertes inútiles de sus hijos, unos hijos que gritan de hambre al verse despojados de la más elemental de las cosas: las palabras de amor de sus madres. Y, en definitiva, un mundo reglamentado desde el orgullo y la soberbia”.
“Y por eso yo grito que no quiero ser de este mundo, que no quiero vivir bajo el fuego aéreo de aviones extranjeros, y que en este verdadero tiempo de morir, solicito a quien corresponda que ofrezca a mis pies el paraíso negado tantas veces. El tiempo de unas palabras que sean dictadas por corazones pulidos a base de sentimientos honestos. En definitiva, el verdadero tiempo de amar y de sentir”

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2003

monólogo de mi novela LA SONRISA AMIGA

BOHEMIOS DE BUHARDILLA




Pareja de artistas, con identidad ante un espejo,
con el escenario a sus espaldas, tras el telón de
los aplausos que mueren ante un silencio,
una mueca estudiada que parece espontánea en
un mundo ficticio fabricado a su medida.

Fundidos en colores, en miradas, en una lágrima
maquillada en un rostro oscuro y famélico,
y los ojos de ella, escondidos por una máscara
color plata y un cigarrillo en la comisura de sus labios.

Un bombín, una chistera de purpurina, telares que
se funden en los personajes de la colombina y el arlequín,
de los maniquíes diseñados a conciencia a la luz del
flexo abuhardillado de la esencia de la inspiración puesta
en unos versos ante una página en blanco.

Posturas a media luz, improvisación de estatuas
ante el cristal de la ventana que se abre a su mundo,
bajo la cúpula estrellada de las ilusiones y de los
sueños que no quieren despertar en mitad de una noche,
en mitad de una nada magnificada en letras mayúsculas.

Son bohemios de buhardilla, con música de fondo con aroma
a balada imperfecta que se clava en el alma de las miradas,
en mitad de las palabras esculpidas a base de promesas rotas,
y de mucha y casi eterna melancolía de ninfa de bosque
con esencia a naturaleza muerta.

Y al acabar su espectáculo, al poner fin a su show particular,
una luz del alba certero que les desprende de su bohemia nocturna,
de su vida soñada y truncada por una ovación lejana en
forma de sonrisa, de guiño cómplice, de gesto que asiente…

De tantas cosas maravillosas, que hacen que siempre salga el sol
en los corazones de estos bohemios de buhardilla
(C) ISIDRO R. AYESTARAN, 2009

BLUES DEL ASFALTO (video fragmento del recital)




Nuevo fragmento del show poético teatral ofrecido el pasado 21 de diciembre en el escenario del MIL ROSAS (Santander), dentro del circuito artístico "La noche en vela", desarrollado a lo largo de diversas galerías de arte de la ciudad. En esta ocasión, se trata de un vídeo que recoge el momento en que recito "Blues del asfalto", en un montaje acentuado con diversas fotografías realizadas al equipo artístico que da vida a los personajes aparecidos en los versos, y con el tema musical "Canción cruel", de Bunbury, además del tema principal que Clint Eastwood compuso para su película "Changeling".

HERIDAS DE MIEL


Aromas de incienso con olor a recuerdo
en mil esencias que envuelven el pasado,
aquella vieja historia de amor que se marchita
en la memoria perdida del viejo amante
que te evoca a golpe de verso.

Mil besos nunca fueron muchos,
ni siquiera el pretexto para seguir queriéndote,
ni, tal vez, para adentrarme en el sigilo
que se apoderaba de tus miradas,
de tus callados sentimientos.

No me odies, pequeña, por haber pretendido
felicidad y sonrisas en tu mundo raro,
ni porque quisiera desprenderme del nombre
de la rosa mágica de aquella ninfa del bosque
a la que sigo amando en mi nostalgia.

Son heridas de miel sin cicatrizar,
con sangre que brota aún del alma
al recordar el nombre de los amores sinceros,
por ser el poeta que muere al alba de esta soledad
certera que mata con su cruel silencio.

Soy el paciente agónico a quien nadie visita,
postrado en su eterna página en blanco sin rima,
sin métrica ni fondo ni título ni compañía.
Quizá es lo que merezco para sanar mis heridas.
Tal vez es lo que haya conseguido por amar tanto.

Y seguro que ese amor mío siempre habrá sido la mitad
de lo que tú habrías querido compartir conmigo,
con este tu poeta loco que en una tarde
de noviembre te dedicó unos versos color sentimiento
al tiempo que te robaba un beso…

y al tiempo que él, sin quererlo querer,
iba muriéndose poco a poco.

Esta es la diagnosis de mi estado,
el alcance de esas heridas de miel sin cicatrizar
al amparo de la memoria y el recuerdo
de los amores que viajan en un nuevo billete de ida.

Próxima estación: seguir recordando aquel beso

(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2009

VOLANDO HACIA EL PAIS DE LAS HADAS


... Despertando de un sueño terrible,
buscando en la noche unas alas que me lleven lejos,
hacia un país de hadas sin guerra ni dolor.


Una denuncia a todos aquellos fotógrafos y periodistas que sólo buscan la foto truculenta y morbosa por encima de la información de cualquier guerra estúpida que aflora en este mundo que nos hemos creado a nuestra justa medida.

CUANDO LOS CIVILES INOCENTES SON LOS QUE MUEREN, CUALQUIER DIGNATARIO QUE FIRMA UNA GUERRA ES CULPABLE DE SU ASESINATO.