EL CABARET DEL VERSO
ISIDRO R. AYESTARÁN
(c) 2008 - 2020
ISIDRO R. AYESTARÁN
(c) 2008 - 2020
Abandonado en la puerta de un camerino en un destartalado cabaret, fue educado por siete cómicos de la legua en las más variadas artes escénicas entre libretos teatrales, plumas de vedette, pelucas, tacones de aguja, luces de neón, cuplés, coplas, boleros, marionetas, carromatos, asfalto y un sinfín de desventuras que acabaron por convertirlo en un pseudo-escritor de relatos y poemas que recita por escenarios de más que dudosa reputación junto a los espíritus de Marlene Dietrich, Bette Davis y Sara Montiel, quienes lo acompañan desde niño en sus constantes viajes a ninguna parte.
Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita del titular del "Copyright", bajo las sanciones establecidas en la Ley de Propiedad Intelectual, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático.entrevista en LA FACTORÍA DEL RITMO
Estas son algunas de las perlas que he arrojado a lo largo de la entrevista. Podéis leerla entera en el siguiente enlace:
http://www.lafactoriadelritmo.com/fact25/isidro-r-ayestaran/rapsoda-trueno-silencio
SILENTIUM. vídeo promoción
Ahí os dejo con el vídeo promoción que el departamento artístico de ALAS EDICIONES ha realizado para llevar SILENTIUM. a todas partes. Unas imágenes muy reivindicativas, a juego con los relatos y versos que pueblan las 110 páginas de mi nueva obra.
Espero que os guste.
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llega SILENTIUM.
"He visto buitres con alas blandiendo coreografías de estado, escuchado himnos y sinfonías que hablaban de los nadie, troquelado siluetas huérfanas de sombra y de alma, al viento banderas ondeando en el hipocentro de mil tornados"
LÁGRIMAS DE DIOS
Lloró Dios al despuntar la aurora,
al desmadejar el ovillo del desaliento
y comprobar que, unánimes,
el dolor y la soledad se troquelaban
en el horizonte nocturno de la vida.
La noria de su silencio
se quedó sin tickets de entrada
y un nuevo aviso de bomba desarmó
el puzle no apto para menores de cinco años.
Vio Dios lo que había creado,
lo desteñido de su nombre
y lo desangelado de su entorno.
El mar ya no era azul, sino rojo.
El árbol, verde en primavera,
se tornó desnudo inmortal en un
otoño sin fecha de caducidad.
El invierno fue el único que
permaneció frío y glacial,
envolviendo al verano hasta
agotar su identidad. Y la torre de babel,
cada vez más alta, imponía el idioma
de la incomprensión a base de tiros en la nuca
y éxodos rutinarios hacia la solución última
en una frontera que había que adivinar.
Despuntó la aurora,
lloró Dios, y mudo,
optó por el suicidio.
(c) Isidro R. Ayestarán
SILENTIUM.
MMXVII
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SILENTIUM.
PRÓXIMAMENTE.
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PASEÍLLO
Desperté a la pesadilla y me abalancé escaleras abajo,
raudo, con respiración inquieta y aliento expectante, con un hilillo de voz que
apenas dejaba escapar tu nombre, pero el miedo me impidió atravesar aquella
puerta que alguien había dejado entreabierta.
Mamá me gritó que no mirara, pero yo sólo quería verte una
vez más, aunque simplemente fuera de espaldas mientras aquellos hombres te
arrastraban calle abajo, empequeñeciéndote de tal manera que de ti tan sólo
quedara un punto lejano perdido en el horizonte de una noche a la que la luna
no quiso iluminar.
No volví a verte nunca más, y aún hoy, en que ya soy mayor,
cuando veo una puerta entreabierta, recortada en la madrugada, me apoyo en ella
para seguir sintiendo el calor de tu último beso de buenas noches.
ISIDRO R. AYESTARÁN
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EL HOMBRE DE AGUA
Perdió su billete en lo recóndito de la
oquedad de su mirada, en lo vacío y mudo de un lenguaje torpe de luciérnagas
con plomos fundidos. Quedó desolado en el centro de una plaza en un tiempo
amarillo y asientos solitarios, donde las maderas apolilladas crujían en su
única manera de entenderse. Sintió la necesidad de comunicarse y entabló
diálogo con sus extrañas parejas de baile, sin embargo, la música de su voz
sonaba lejana, como de una primavera aturdida por su gula floral en un tiempo
invernal donde el hielo y los árboles desnudos se resaltaban en un lienzo torpe
de pinceladas reventadas tras un ataque terrorista.
En un instante de silencio echó la
mirada hacia otros puntos cardinales, y se vio solo, empequeñecido en un
decorado inmenso que se veía devorado paulatinamente por un denso humo y un
color sepia de entreguerras.
Corrió raudo al escuchar el sonido de
un tren lejano. Los asientos de la plaza se derrumbaron demolidos por su propio
silencio tras tanto tiempo echando en falta a quienes los ocuparon antaño. El
impulso de supervivencia escuchaba aquella respiración agitada de los raíles,
pero el camino confundido del aturdimiento lo llevó hasta una pasarela de
hormigón y cemento donde un graffiti callejero apenas se resaltaba sobre viejos
carteles electorales, programas de autoayuda y anuncios propagandísticos de un
nuevo apocalipsis.
Sintió el correr del tren bajo sus pies
mientras el piso de la pasarela se caía a pedazos hacia un abismo sin fondo.
Lloró al verse cada vez más pequeño y el tren se perdía en un punto lejano ya.
- Era el último tren – anunció una voz
a sus espaldas –. Lleva a los muertos que quedaron rezagados y que alguien
olvidó en lo oscuro del callejón de las tinieblas.
Enloqueció al no ver a nadie cercano,
al ignorar de donde procedía la voz mientras giraba sobre sí mismo una y otra
vez mientras el atrezzo de cartón piedra se desmoronaba trémulo al son de un
violoncelo que una mujer raída tocaba en lo alto de una sima. Su rostro, sin
ojos, se movía al compás de su música de réquiem ajeno al revolotear de unos
cuervos negros sobre su cabeza y un camisón ceniciento que se iba
descomponiendo en cada nota sobre aquel extraño pentagrama hasta dejarla
completamente desnuda.
Con pasos nerviosos comenzó a escalar
aquella pequeña montaña que también se iba desintegrando con cada nota. Al
llegar a la cumbre, la mujer cesó su música de réquiem, se puso en pie, y tras
un leve intento por esbozar una sonrisa otoñal quedó convertida en escarcha
ante sus ojos. Y quedó más aturdido aún.
En ese momento sólo el silencio y una
densa niebla lo rodearon.
Comenzó a llover de una manera
premonitoria antes de la tormenta. Y él también comenzó a fundirse en agua al
tiempo que se hacía un ovillo consigo mismo en un intento por hallar respuesta
ante tanta incomprensión a su alrededor.
El sonido de unas sirenas lo despertó a
su realidad.
Se vio sobre una camilla, donde una
procesión de focos lo deslumbraban al tiempo que punzadas de calor lo atacaban
sin piedad por todo lo que quedaba de su cuerpo. Sin embargo, a pesar de lo
irreal de los minutos previos a su despertar a la consciencia, se sentía vivo.
Y lloró por eso.
Recordó que aquella mañana, siguiendo a
rajatabla su rutina laboral, se dispuso a coger el tren de cercanías que lo
acercaría a su puesto de trabajo. Las mismas caras mortecinas de cada mañana lo
acompañarían en su viaje de apenas veinte minutos. El mismo ritmo matinal, los bostezos
retardados, las ojeras resaltadas y el silencio en cada una de las miradas. Incluso
los mismos asientos destinados para las mismas personas. Como cada mañana.
Apenas diez minutos después, mientras
terminaba de leer los titulares en el periódico local, una voz grave rompió la
rutina de aquel lunes. Quien gritaba palabras ininteligibles era una mujer de
mediana estatura y melena negra quien, portando una gran funda metálica negra
de instrumento musical, reventó en mil pedazos antes sus ojos. Y a partir de
ahí una sucesión de gritos ahogados por el estruendo de la explosión, junto al
romper de cristales, asientos que se levantaban de sus anclajes y restos de
cuerpos humanos que vomitaban sus vísceras contra su cuerpo, fueron las últimas
percepciones que tuvo de aquella terrible realidad.
Un enorme telón rojo nubló su visión.
Adivinó al fondo de un vagón a un chico joven que intentaba ponerse en pie
entre el humo y los restos del vagón, pero le vio hundirse de nuevo al
comprobar que le faltaba media pierna, arrancada de cuajo. Otra chica joven
había quedado encajada entre los restos de uno de los ventanales del vagón,
inerte, despedazada. Él intentó mirar su propio cuerpo, con miedo, sin poder
esbozar un leve grito. Punzadas de dolor y calor le embargaban allí donde
segundos antes había sostenido el periódico de la mañana. Le faltaba el brazo
izquierdo y la mano derecha era tan sólo un muñón ensangrentado.
Y entonces, apagó su mirada.
La tormenta cada vez estaba más cerca.
Los relámpagos centelleaban y laceraban
el paisaje.
El eco de un violoncelo se escuchaba a
lo lejos, junto al revolotear de unos cuervos negros que se reflejaban en
charcos de agua, barro y escarcha.
La lluvia había cesado y un viento
atronador arrastraba todo a su paso, incluso a los charcos de agua, los cuales,
protagonistas en ese extraño y apocalíptico paisaje, se hicieron uno hasta
formar un enorme lago.
Un grito estremecedor sirvió de prólogo
a un relámpago, y del lago salió una mano hacia lo alto, con los dedos bien
abiertos, como si así quisiera apoderarse de todas las respuestas posibles ante
tanta incomprensión.
La tormenta siguió su baile.
Los cuervos graznaron y continuaron su
viaje entre las nubes, sorteando relámpagos y a la música de réquiem que sonaba
en un violoncelo hasta el final de su partitura.
Como cada mañana, la enfermera entró en
la habitación del hospital y depositó, junto a la mesa del desayuno, el
periódico de la mañana. Cerró luego la puerta tras de sí y la asistenta, de
manera rutinaria, comenzó a dar de comer a la boca al paciente de mirada triste
que continuaba perdido en un terrible sueño del que no quisiera haber
despertado nunca.
(c) Isidro R. Ayestarán
MMXVII
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POR TI
Contaría las brazadas que me
restan por alcanzarte,
las noches a la luz de las
estrellas
por fundirme en tu mirada, las
lágrimas
furtivas al nombrarte, ese nudo
en la garganta
obligado mientras esquivo el
primer plano
al otro lado de la barca.
Por ti, sólo por ti, surcaría
esta calzada
asfaltada de miedo y silencio,
por abrazarte de nuevo, retornar
al juego
de las sonrisas infantiles y
sentir la aventura
de la vida en cada poro de
nuestra piel.
Esta misma piel que me arrancan a
tiras,
desollada por la carroña
burócrata
que utiliza la mentira y la nada
más absoluta
para pulir su trono de mierda.
Por ti, sólo por ti,
que eres lo que de verdad merece
la pena,
por quien me desalojo de la
madrugada
para soñarte, por quien me
abandono
en mis pensamientos al faltarme
horas para anhelar
el regreso a casa.
(c) Isidro R. Ayestarán, MMXVII
BAUTISMO
La frontera se llamaba
ilusión, sueño, despertar, quimera.
Y aventura, música, baile y
aquello
que en otros tiempos se
denominaba
como “vestir de domingo”.
Pude leerlo en sus ojos
faltos de vida tras haber
viajado por la tierra del miedo,
el silencio y el temor,
y nadé como nunca hacia
esa otra orilla,
con el impulso y el aliento
necesarios
para poder ser bautizado de nuevo
con cualquiera de aquellos
nombres
esperanzadores con que soñábamos
desde el letargo de nuestro túnel
de noche.
Sí,
una brazada más, y ya amanece.
texto y fotografía: Isidro R. Ayestarán
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HERIDA
Te hirió la vida en un momento,
en un leve instante teñido de
dolor
envuelto en lazadas de lágrimas
sin aliento,
sin meta alguna, sin destino ni
rasgueo
de banda sonora.
Te hirió a pelo,
sin avisar, sin anestesia,
sin última cena, sin derecho a
una llamada,
sin un beso de buenas noches, sin
un petting
previo al revolcón sobre la
almohada.
Te hizo daño y la odiaste por
ello,
porque tiñó de noche la aurora,
desafinó el canto del jilguero y
estrelló
todos los aviones sobre las
torres de cemento del alma.
Tu alma, tu cuerpo, tu anhelo.
Tú, siempre tú, como el niño que
lloró
por vez primera al verse la
herida tras caerse
de la infancia de cuatro ruedas.
(c) Isidro R. Ayestarán, MMXVII
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NANA
Dejarás de tener miedo al
asomarte
a esta ventana de lunes,
al aterrizaje forzoso de la
hoja del calendario,
a ese soplo de aire fresco
que se resquebraja mientras
se desliza entre tus dedos,
a la aridez del recuerdo de mi
nombre,
a la torre de babel que se
manifiesta
con cada tempestad, a cada
lágrima
que vierten las nubes
para acompañarte en tu naufragio,
a vagar, solitaria, por el
camposanto
de la añoranza.
Dejarás de tener miedo a las
miradas
esquivas que se muestran en el
escaparate
del disparate más acentuado,
al redoble del eco en la saeta
a una virgen entre flores,
cirios y costaleros,
a seguir paso a paso la receta
para
caminar en dirección al centro de
la diana,
a no encontrarte en medio de la
multitud
que escapa en busca de la
etiqueta
que reza “compañeros”.
Dejarás de tener miedo a
que yo no esté a tu lado,
a esa pista deslizante y
peligrosa
donde se estrellan los pilotos
automáticos,
a esa hoja en blanco hambrienta
de letras
y sentimientos, a no encontrar el
calor
de mi cuerpo al despuntar la
aurora,
a que no te conteste al decirme
buenos días,
qué tal dormiste, con quién
soñaste…
Y dejarás de tenerle miedo al
miedo,
a la velocidad de vértigo con que
todo avanza,
a la distancia incomprendida que
no
enseñan en los colegios, al
estaño
con que se pinta el invierno,
a la tristeza en la pintura del
payaso
que, divertido, recrea vidas en
el escenario.
Y ese día, niña mía, lejos del
miedo,
el temor, la soledad y el
silencio,
te pararás en seco, echarás una
ojeada al mundo que te rodea,
y esbozarás una sonrisa sincera y
abierta
al saber, de manera cierta,
que aún sin esas cosas, yo
seguiré a tu lado
para cantarte por las noches,
como cuando sabías que yo estaba
junto
a esa luz que se deslizaba por
debajo de tu puerta.
Pero, ahora, mi niña,
duerme y no tengas miedo…
que enseguida te
encuentran.
(c) Isidro R. Ayestarán, MMXVII
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presentación del libro de relatos BARBARIE
Todos
los relatos están escritos en tiempo verbal presente y en tercera persona. En
todos ellos aparece un personaje secundario que, sin ser hilo conductor de los
relatos, muestra cierta complicidad entre todos ellos. Se trata de un mendigo
llamado Diógenes.
EL
ENJAMBRE , de Luis Ruiz Aja, muestra una estampa literaria realista del
fenómeno social del 15M. Se exponen las diversas tendencias del movimiento, la
evolución de los personajes a lo largo del tiempo hasta vincularlos con el
tiempo actual. El título proviene de la teoría del enjambre, opuesta a la
tradicional militancia política.
BOLEROS
DE CONVENTO, de Isidro R. Ayestarán, poeta y autor teatral, es un ingenioso
relato que se desarrolla en una institución religiosa dedicada a la caridad
entre los más desfavorecidos, que ha sido expropiada por el Ayuntamiento, y que
ha de cesar en su actividad. Nos muestra el último día de la misma.
VALE,
de Pedro Santamaría, uno de los autores que más éxito tienen a nivel nacional
en el ámbito de la novela histórica, trata de la presencia de un don Quijote,
sobreviviente desde el siglo XVII, decepcionado por el rumbo de la historia de
España; un don Alonso que ha colgado la adarga y la lanza en astillero, y que
pasea por el retiro con Sancho.
EL
OCTOGENARIO DE LA TRISTE FIGURA, de J.Fernando Lestón, en contraste con el
anterior, muestra un Quijote encarnado en un anciano estrafalario que utiliza a
su nieto como escudero, y que participa en los movimientos sociales de hoy día.
LA
ÚLTIMA PALABRA, Juan F. Hierro, recrea los atentados en París de 2015. Sus
personajes son dos jóvenes musulmanes y una pareja de recién casados españoles,
a los que el destino lleva a encontrarse en la discoteca de infausta memoria.
EL
REY AMARILLO, de Jorge Tomillo Soto-Jove, también el dibujante del libro, es un
relato descarnado en el que se muestra la decadencia de un rey del espectáculo,
una especie de superhéroe caduco, que es asaltado, en su decrepitud, por una
pareja de punkis.
VIDA
Y MUERTE DE UN PAJERO, de Javier Tazón Ruecas, escritor, trata de la
pornografía, del sexo desquiciado de los tiempos modernos, de la pedofilia y de
la burocracia administrativa, narrado todo ello en un tono distendido y
humorístico.
A
QUIEN CORRESPONDA, de A.G.Topán, tiene como
tema la miseria creciente que va cercando a muchas familias como
consecuencia de la crisis económica, un monstruo informe que las arrincona,
como esa sombra referente del famoso cuento de Julio Cortázar: La casa tomada.
ANSIEDAD,
de Noelia Zorrilla, es un relato de violencia doméstica, que no de violencia de
género. Un relato en el que los tópicos sociales se entrelazan con la demencia
de uno de los protagonistas para criticar los lugares comunes al uso sobre el
tema.
CABALLITO
DE MADERA, Sebastián Lasarte, argentino relacionado con el mundo del teatro,
nos narra, en boca de un niño de cinco o seis años, la crisis de los
refugiados. Es un niño que aparece varado en una playa, con la cabeza en el
agua, todos recordarán la imagen. La crudeza del tema es rebajada por la
candidez de la visión infantil.
EL
SÉPTIMO A, de Ramón Qu, profesor de técnica literaria, actor y promotor de la
vieja tertulia del café Ópera, se enfrenta con los desahucios. Recrea, en forma
de monólogo narrado, los últimos momentos del desahuciado que espera la llegada
de la comisión judicial.
DE
CERDO, Áureo Gómez, creador teatral, director y actor, es un relato fantástico cuyo
tema es la génesis misma del Círculo Decadente, con artes metaliterarias, sin
escatimar recursos de extrañamiento y pasmo para el lector, en un tono jocoso y
divertido.
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llega... BARBARIE
La Asociación Cultural CÍRCULO DECADENTE, a la que pertenezco,
presentará el próximo miércoles 1 de febrero, a las 19.30 horas en el
ATENEO de Santander, el libro de relatos BARBARIE, una sucesión de
historias, espléndidamente ilustradas por George Parker, acerca de las
diversas situaciones que la crisis económica ha generado en el tejido
social.
A.G.Topán, Áureo Gómez, J. Fernando Lestón, Javier Tazón Ruescas, Jorge Tomillo Soto-Jove, Juan Fernández Hierro, Luis Ruiz Aja, Noelia Zorrilla, Pedro Enrique Santamaría, Ramón Qu, Sebastián Lasarte y un servidor, con el relato BOLEROS DE CONVENTO, firmamos cada una de las tramas.
A.G.Topán, Áureo Gómez, J. Fernando Lestón, Javier Tazón Ruescas, Jorge Tomillo Soto-Jove, Juan Fernández Hierro, Luis Ruiz Aja, Noelia Zorrilla, Pedro Enrique Santamaría, Ramón Qu, Sebastián Lasarte y un servidor, con el relato BOLEROS DE CONVENTO, firmamos cada una de las tramas.
POESÍA DE ASFALTO en LIBU BILBAO
Isidro aterrizó el jueves en Libu e inundó todo con poemas y vivencias
de gente de la calle...la muñeca «medio metro», la prostituta de la
calle desengaño, los adolescentes del Ayuntamiento... almas que
deambulan entre rimas descarnadas y cuyas miradas de soledad se nos han
clavado en los huesos a los asistentes.
Gracias por tu visita! Sabes lo que me gustas!
Gracias por tu visita! Sabes lo que me gustas!
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