Jueves 14, a las 19,30 h.
Nos veremos los versos en esta coqueta librería de la calle Palma de Madrid.
EL CABARET DEL VERSO
ISIDRO R. AYESTARÁN
(c) 2008 - 2020
ISIDRO R. AYESTARÁN
(c) 2008 - 2020
Abandonado en la puerta de un camerino en un destartalado cabaret, fue educado por siete cómicos de la legua en las más variadas artes escénicas entre libretos teatrales, plumas de vedette, pelucas, tacones de aguja, luces de neón, cuplés, coplas, boleros, marionetas, carromatos, asfalto y un sinfín de desventuras que acabaron por convertirlo en un pseudo-escritor de relatos y poemas que recita por escenarios de más que dudosa reputación junto a los espíritus de Marlene Dietrich, Bette Davis y Sara Montiel, quienes lo acompañan desde niño en sus constantes viajes a ninguna parte.
Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita del titular del "Copyright", bajo las sanciones establecidas en la Ley de Propiedad Intelectual, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático.ABRIL EN VERSO
Abril se presenta pletórico en cuanto a recitales con "De cuando quise acariciar el cielo con mis propias manos":
día 14 - librería ATTICUS-FINCH (Madrid)
día 19 - CASA CULTURA SANTOÑA a través de librería N. Áncora (Cantabria)
día 21 - librería LA BUENA LETRA (Gijón)
día 23 - librería HYDRIA (Salamanca)
Mis pequeñas historias en verso y mis personajes, vuelven a meterse dentro de la mochila, junto a mi muñeca de trapo, para volar alto, muy alto...
relato en el HOTEL REAL (Santander)
Este es el relato que narré ayer en el Hotel Real de Santander con motivo de la inauguración de las jornadas de Gastroletras, que se desarrollarán a lo largo del mes de abril, mes del libro. Una historia sobre un escritor en ciernes que es testigo de sorprendentes escenas:
Permítanme que les cuente una historia, a fin de cuentas
ese es el objetivo principal de hilvanar letras, aunque sea entre plato y
plato, como el evento que nos ocupa en el día de hoy, esta jornada de Gastroletras como tributo no sólo a
Galdós, sino también a Concha Espina, José María de Pereda, el Beato de
Liébana, don Miguel de Cervantes y Saavedra y el amigo Hemingway, quien aparte
de narrar muy bien diversos tipos de historias, además sabía de vida y de noche
como el que más.
Todos ellos nombres ilustres dentro del plano literario,
grandes personalidades… como las que pululaban por el Gran Hotel donde se
desarrolla la historia de la que les hablaba al principio. Un hotel como este, lleno
de alma y de vivencias donde también se dio cobijo a grandes nombres de la
Historia: realeza, burguesía, gente de la industria del cine, la alta sociedad
y la baja (que siempre hubo quien le hincó el diente a eso de acumular ceros y
apellidos en su cuenta bancaria o en su documento nacional de identidad). Estoy
seguro de que entre las cuatro paredes de ese Gran Hotel, como en este donde
nos encontramos hoy, se idearon los planos de enormes y fastuosos edificios, se
crearon las partituras de enormes epopeyas líricas, se diseñaron suntuosos
vestidos de novia para princesas de cuento y hasta se escribieron los diálogos
más famosos de aquellas viejas películas que ni el cinemascope podía ocultar su
esencia a naftalina y trucos de los de antes (de los de ahora, mejor no hablo).
E, incluso, se escribieron capítulos enteros de aquellas inolvidables obras
literarias que todos conocemos hoy día. Por sus habitaciones desfilaron todos
ellos. Compositores, actores, bailarines, cantantes, científicos, poetas
laureados, algún que otro Premio Nobel con la querida de turno… y el protagonista
de nuestra historia. Un escritor que, pese a gozar de unas vistas envidiables
desde la balconada de su suite, sufría la peor de las pesadillas para un autor:
la crisis de la página en blanco.
No importa la época en que se desarrolla la historia.
Podría haber ocurrido a finales del diecinueve como hace cinco minutos. El caso
es que ya desde por la mañana, casi al amanecer, las pelotas de papel arrugado
asfaltaban el alfombrado de la habitación; el cenicero yacía atestado de
colillas; el mueble bar había sido literalmente asaltado; todo el decorado daba
idea de un enorme caos autodestructivo. Y hasta a Lisardo, el encargado del
servicio de habitaciones, le albergaba la duda de que aquel extraño y
desquiciado huésped estuviera realmente en sus cabales, máxime cuando a primera
hora de la mañana, sin casi tiempo a golpear levemente la puerta de la
habitación con sus enguantados nudillos, un auténtico huracán de metro setenta
y tres, envuelto en una bata blanca y descalzo, salió de la habitación en
dirección a ninguna parte, a una velocidad que ningún radar pudo registrar, y
eso que doña Casilda Montenegro, Dama de Compañía de una adinerada familia de
banqueros, cotilla oficial y metomentodo por devoción, ocupaba la habitación
contigua.
Y en eso, mientras la mayoría de los huéspedes dormía
plácidamente la mañana, reposaba la noche bohemia o, en algún que otro caso,
lidiaba por disimular con toses y aspavientos determinados ruidos propios del
esfuerzo humano, la gran cristalera que daba al balcón principal, con balaustre
de mármol y demás lindezas arquitectónicas, se abrió de par en par con sonoro
estruendo enviando a los cristales labrados que la decoraban a un periplo en dirección a una lejana, muy
lejana galaxia. Y como ese silencio mortuorio que se instala previamente a una
gran catástrofe, también en ese mismo momento el reloj de la vida se detuvo
unas décimas de segundo antes de que se produjera el Gran Estallido, así, en
mayúsculas, como lo utilizaron los titulares de todos los periódicos que se
hicieron eco de semejante acontecimiento histriónico en el Gran Hotel en
aquella mañana que, ingenuamente, se la prometía tranquila y sosegada.
Un grito atroz y nada solidario con la hora que marcaba
el reloj salió del interior de nuestro protagonista para susto y cuasi infarto
de Lisardo, el encargado del servicio de habitaciones, quien había ido a la
carrera tras el desquiciado personaje de la bata blanca por si fuera necesario
el empleo de sus escasos conocimientos en pelea personal para lograr aplacar
semejante muestra de vendaval humano.
– ¿Dónde moráis, malditas arpías? – fueron las palabras
que todo el mundo entendió en un radio kilométrico que oscilaba entre Faro
Mayor, a la vuelta de la esquina del Gran Hotel, y el puerto de Tarifa - ¿Por
qué? ¿Por qué me habéis abandonado, musas del demonio?
Era tal la furia y el revoltijo consigo mismo de aquel
extraño huésped, que Lisardo, haciendo mutis por el foro, se dio la media
vuelta en busca del gerente del Gran Hotel, de los Cuerpos de Fuerza y Seguridad
del Estado, los Tres Ejércitos y de hasta don Melquiades de la Benigna Concha,
quien, pese a no ejercer profesionalmente con uniforme alguno, cuando abría la
boca para dialogar, hasta las piedras lograban entenderse entre ellas.
Y en eso, de nuevo se instaló el silencio en el balcón
principal del Gran Hotel. Nuestro protagonista, con la cabeza escondida entre
sus manos, que parecían agarrotarlo de tal manera que ni hasta lo más íntimo
podría escaparse de entre sus dedos, notó una suave brisa deslizándose por
entre la parte baja de su bata blanca. Luego, una mano se posó sobre su hombro
derecho de manera contundente.
– ¿Lo ves, querido Sancho? – dijo una voz a su espalda,
con tono grave, frío, a lo Fernán Gómez – No era el repiqueteo de un aspa de molino
de viento, sino el alarido estruendoso de un gigante en apuros.
– Déjate de milongas, Triste Figura – soltó otra voz, más
cálida y afable que la anterior – Que yo soy el último postre en esta historia
y el pestiño aún no está ni ideado por el gran chef.
Poco a poco, mientras las dos voces seguían dialogando a
dúo, nuestro escritor en apuros fue desembarazándose de su férrea máscara de
diez dedos, y lentamente, con una coreografía entre temerosa y curiosa, se dio
la media vuelta para mirar a los ojos a sus extraños interlocutores.
Pero allí, en el balcón principal, ya no había nadie. Sus
ojos, escondidos tras horas interminables ante la hoja en blanco, se abrieron
de norte a sur previo paso por el este y el oeste, pero nada. Sólo una densa
niebla ocupaba un área considerable de la balconada. Y la brisa también, que
seguía jugueteando de manera pícara con su bata blanca, bordeando casi
delictivamente la frontera entre lo permisible a los ojos de grandes y decentes
damas y la sordidez visual de un extraño personaje que, vistiendo de frac,
apareció de entre la niebla, sentado ante un enorme piano de cola mientras sus
dedos se deslizaban mágicamente por las teclas dando vida a una melodía
juguetona.
– Buenos días, caballero – le dijo sin dejar de pestañear
los dedos.
Al mismo tiempo, aparecieron varios niños vestidos con
traje marinerito de Primera Comunión, dando brincos y haciendo girar un enorme
aro adornado con banderas del arco iris, arremolinándose junto a un trío
curioso de adultos que jugaban a la comba. En un extremo, un hombre cano, de
poblados bigotes y perilla, ponía verdadero ahínco en el movimiento de su
muñeca derecha, casi a la par que su oponente al otro lado de la cuerda, una
vieja dama con pelo a lo fregona de tiras de microfibra haciendo juego con
Cayetana de Alba, quien ponía verdadero interés en ir más rápido que su
contrario.
– ¡¡Venga, Chemari!! – decía ella – Que no se diga, que
soy mayor que tú. ¡¡Más rápido!! ¡¡Arriba!! ¡¡Peñas arriba!!
El hombre, ya visiblemente fatigado tras unos segundos de
frenética actividad, cesó en su tarea y se tomó su tiempo para responderle.
– Mire usted, doña María Concepción Jesusa Basilisa, que
nuestro menester es muy distinto a este, que lo de tirar de comba para que este
otro papanatas brinque hacia lo alto, está muy lejos de nuestras tareas
literarias. Y ya sabe usted, zapatero a tus zapatos…
Y efectivamente. Sin dar crédito a lo que había delante
de sus ojos, y mientras intentaba poner orden en su bata blanca para que la
brisa no siguiera haciendo de las suyas, nuestro escritor en apuros, entre el
estupor del sueño o la pesadilla más surrealista, tenía ante sí a don José
María Pereda y a doña Concha Espina, insignes literatos donde los haya, dándole
al juego de la comba mientras en el centro de tan improbable como alocada
escena se encontraba una especie de monje ataviado con un hábito multicolor de
cuya parte trasera despuntaban dos inmensas alas negras. Con los brazos en
jarras por el cese del juego, miró directamente a los ojos al personaje de la
bata blanca y le dijo:
– Permítame que le hable a mi manera, oiga, pero mi
lengua y mi atavío no son de esta época, que soy docto y erudito desde hace
siglos, que mi obra está muy por encima de la de muchos premiados con el
Planeta y el Nadal, y que he sido secuestrado por estos dos pelmazos que pugnan
por el mejor monumento en unos jardines destartalados para hacerle saber que
así, como usted se comporta, lo único que logrará es abonar páginas en blanco
sin ninguna letra en relieve con que adornar las mentes ávidas de historias y
personajes. He dicho.
Y así, después de que doña Concha Espina le saludara con
una sonrisa de oreja a oreja a la par que don José María Pereda le hacía un
gesto de ánimo con la mano que le quedaba libre, continuaron con el juego de la
comba mientras el monje, en uno de los saltos, alzó el vuelo para volar alto,
muy alto, muy alto…
– Son como niños – dijo otra voz a su espalda mientras
los de Primera Comunión jugueteaban por el jardín del Gran Hotel.
Al fondo, bajo el ramaje de un frondoso árbol, un hombre
de rostro amable le saludaba con la mano mientras le señalaba al grupo de
niños.
– Y se lo digo yo, que aparte de hombre de letras también
fui diputado en Cortes – prosiguió otro que no era sino el mismísimo don Benito
Pérez Galdós – ¡¡Marianito!! ¡¡Pedrito!! ¡¡Pablito!! ¡¡Albertito!! No molestéis
a este señor y comportaros como debéis. ¡¡Que sois el absurdo del mundo entero,
caramba!!
Los críos, que vistos más de cerca no lo eran tanto pese
a los pantalones cortos que llevaban, se alejaron jardín abajo, dejando atrás a
los del juego de la comba, contrariados por el vuelo del monje y absortos, en
ese preciso instante, en una trifulca que se originaba pocos metros más allá,
donde dos mujeres se enzarzaban en una bronca verbal que acabó con tirones de
pelos, arañazos, bofetadas y demás lindezas nada propias del género que
poseían.
– Y estas dos no aprenden – dijo Galdós levantándose de
su asiento con aire circunspecto – En mala hora las hice protagonistas de nada.
Y tal y como apareció, desapareció.
Y de entre la densa niebla que volvió a hacer acto de
presencia, nuestro perplejo hombre, que no se recuperaba de una cuando se
encontraba con otra, se vio rodeado por una morena y una rubia, hijas del
pueblo de Madrid, la una como metáfora de corral y gallinero, la otra, chica de
prendas excelentes, modestita, delicada, cariñosa y bonita. Las dos, en pleno
combate a la usanza de las pescadoras más afamadas de nuestro Puertochico
santanderino.
Por lo que pudo escuchar de las palabras de la una hacia
la otra, pues eran más las onomatopeyas de los golpes que los vocablos
esculpidos en sus carnosos labios, se disputaban el orden de aparición en un
menú gastronómico como homenaje al mundo de las letras. La morena tenía las de
ganar, pues aparentaba más de pueblo llano que señorita de postín, como la
rubia, pese a que ésta gritaba más histriónicamente que la morena, pues de
histerismos sabía más que de palabras, palabrotas y demás ciclones verbales que
la morena.
– Yo apuesto por la de pelo oscuro – dijo una voz a su
espalda – Y tiene razón en lo que dice. Como entrante caliente no tiene precio,
aunque solo sea por el temperamento que se gasta la tía.
Un hombre de amplia sonrisa, barba cana, jersey de cuello
alto, copa en mano y cigarrillo en la comisura de los labios, parecía disfrutar
de la pelea.
– Por cierto, un consejo – le dijo mirándole a los ojos
una vez que nuestro atónito personaje se giró para ver quien le hablaba en ese
momento de apasionante combate femenino – Ya que busca hasta la desesperación
el que las musas hagan acto de presencia en su insistente devenir por el mundo
de las letras, intente que cuando aparezcan, si lo hacen, ya que muchas de
ellas se jactan de ser disolutas y atolondradas, le pillen a usted trabajando.
– ¿Cómo dice usted? – acertó a decir el escritor en
ciernes.
El hombre de la barba blanca soltó una carcajada, volvió
la vista hacia las dos mujeres que se peleaban de lo lindo, ahora con sus
respectivos mantones, y tras gritar un “ánimo, Fortunata, que tú eres de las
mías”, volvió a mirarle a los ojos.
– Así da gusto pasearse por esta España que tanto añoro.
Y ahora, caballero – le dijo mirando su reloj de pulsera – me tengo que dar un
garbeo por la plaza de toros, que la ginebra por estos lares es escasa, que en
esta historia no soy más que el prepostre y que tengo a Ava Gardner esperándome
fuera para irnos a correr una juerga como mandan los cánones. Ahora le toca a
usted seguir con la historia. Palabra de Pulitzer y Nobel.
Y dicho esto, chasqueó fuertemente los dedos.
La suite del Gran Hotel amanecía con el día. Los primeros
rayos de sol se filtraban por la persiana del ventanal. Al fondo, la cama
estaba como cuando entró por primera vez, perfectamente hecha, con su colcha a
juego con el color de la pared y los cojines que la adornaban.
Y él se encontraba en la misma postura que desde hacía
horas, esculpiendo letras, como él llamaba a su ejercicio constante y
disciplinado ante un buen montón de folios en blanco.
Se oyeron unos leves toques en la puerta de la suite, y
tras la orden, Lisardo, el encargado del servicio de habitaciones, entró de
manera silenciosa y depositó un papel sobre la mesa donde él se encontraba
escribiendo.
– La minuta del día, señor – le dijo.
Luego, abandonó la habitación.
Tras unos minutos, depositó sobre la mesa el bolígrafo de
oro que le había regalado su madre cuando cumplió los dieciocho años, contempló
lo que había escrito, esbozó una leve sonrisa y, satisfecho, se recostó sobre
el respaldo de la silla. Dirigió la mirada hacia el amanecer y tras permanecer pensativo
unos segundos, desvió su atención hacia la minuta que le habían dejado sobre la
mesa.
Sonrió divertido por la ocurrencia de denominar a cada
plato con el nombre de un escritor o un personaje literario, y decidido, se
dirigió hacia el cuarto de baño para comenzar el día con una buena ducha y una
buena comida.
Tras una buena historia labrada con tesón sobre una hoja
en blanco, le quedaba la satisfacción de poder decirse a sí mismo:
– Hoy va a ser un gran día.
Felices letras, y buen provecho
(c) Isidro R. Ayestarán, 2016
POETRY SLAM & SPOKEN WORD
Fin de semana intenso donde la poesía y el espectáculo fueron sus ingredientes principales.
El viernes, en la librería DLIBROS (Torrelavega) participación en la edición de febrero de la IV Poetry Slam Cantabria, junto a poetas de la altura de Fran Sierra, Montse Barrero, Jorge Mier, Niño Néstor y Mio Sharp, presentados por José Elizondo acompañado por Espy de Bachelor a la guitarra.
Todo un lujo haber compartido (y ganado, todo sea dicho de paso) versos y miradas cómplices junto a todos ellos.
El sábado, en la sala escénica LaMusazul (Cantabria), el espectáculo poético de la I Spoken Word Cantabria, junto al artista SOS de Bilbao y un nutrido grupo de músicos y poetas de Cantabria y País Vasco.
Una vez más, el telón se levantó de nuevo.
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recital en GIL (Santander)
Galardonada con el Premio Nacional Librería Cultural 2013, la librería GIL de Santander acogerá el próximo jueves 18 mis "pequeñas historias en verso sobre los grandes fracasos de unos personajes que agonizan en un asfalto de miseria, decepción y soledad".
Acompañado de mi inseparable muñeca de trapo, como referencia y leit-motiv del mundo de la infancia perdida, os hablaré de la vagabunda que paseaba todo su mundo en bolsas de plástico ya en el fin de una vida en la que fue, de joven, musa de un poeta torturado y decadente; hablaré de Lamento, el travelo de San Bernardo, que sueña con tiempos mejores mientras ahora vive arruinada físicamente al tiempo que languidece en esquinas maltrechas; del niño que se pregunta por qué en invierno asaltan las nubes grises en una vida lograda en la tómbola de los sorteos inexplicables; del hombre de familia, que llega a su hogar tras una dura jornada laboral que apenas le da para sustentar a los suyos; del poeta enamorado que sueña con aquella mujer a la que vio hace muchos años, de la que no sabe su nombre, pero de quien vive prendado desde entonces...
Editada bajo el sello Émepe de MundoPalabras, "De cuando quise acariciar el cielo con mis propias manos"vio la luz a finales de septiembre de 2015, y ya ha recorrido librerías y salas teatrales (en su versión escénica) tales como Más que libros (Santander), La librería del Puerto (Santander), Enclave de libros (Madrid), La esquina del zorro (Madrid), La Inquilina (Madrid), Barra/Llibre (Barcelona), Eutopía (Valladolid), La revoltosa (Gijón), Dlibros (Torrelavega), Biblioteca Guillermo Arce (Los Corrales de Buelna), Sala de tres Teatro (Santander), Rubicon (Santander), Libu (Bilbao). Y, próximamente, en Atticus-Finch (Madrid) y la librería Hydria (Salamanca).
DE CUANDO QUISE ACARICIAR EL CIELO CON MIS PROPIAS MANOS (vídeo promocional)
A partir de la música que Antón García Abril compuso para la serie de TV "Segunda Enseñanza", escrita y protagonizada por Ana Diosdado, cuya frase "A veces me gustaría tener doce años para pensar que la vida comienza cada día" abre mi nuevo trabajo literario, os presento este vídeo promocional para anunciar el recital que ofreceré el próximo jueves, 18 de febrero, en la librería GIL de Santander.
Os espero.
BREVE RESEÑA DE LIBU BILBAO
"Una muñeca sonriente acompaña a nuestro rapsoda. Ana Diosdado en Segunda
Enseñanza y Lamento de la calle madrileña Desengaño inspiran sus
versos. Versos libres, crudos, reales de sol y sombra, de cine y teatro,
de Charles y de Chaplin...
Isidro R. Ayestaran hijo y nieto de Cantabria, con una muñeca en la mochila recorre ciudades mirando y escuchando vidas ajenas.
Libu te brindó ayer su espacio. Gracias por llenarlo de versos con nombre y apelidos. Venderemos tus libros con mucho gusto en un intento de atraparte entre nuestras estanterias".
Isidro R. Ayestaran hijo y nieto de Cantabria, con una muñeca en la mochila recorre ciudades mirando y escuchando vidas ajenas.
Libu te brindó ayer su espacio. Gracias por llenarlo de versos con nombre y apelidos. Venderemos tus libros con mucho gusto en un intento de atraparte entre nuestras estanterias".
entrevista en MUNDOPALABRAS
Hoy tenemos en mundopalabras a Isidro R. Ayestarán, autor del poemario De cuando quise acariciar el cielo con mis propias manos, editado con nuestro sello émepe.
Tal y como añadí para el texto de la contraportada, es una colección de pequeñas historias sobre grandes fracasos, sobre esas parcelas de verdad que atañen a la gente de la calle, de los cafés solitarios, de los que ansían, aunque sea, una pequeña porción de atención en sus vidas.
Un poemario sin grandes alardes literarios para llegar al lector mirándole directamente a los ojos.
Pequeña biografía que te interese destacar
Comencé a escribir cuando era niño, ya que siempre me
gustó contar historias, hilvanar personajes, llegar a lo más profundo
de ellos y conseguir que salieran a flote. Luego, ya de mayor, descubrí
el teatro, la magia de los camerinos, las mariposas del estómago y la
tremenda verdad que alberga esa “pared invisible” que es el patio de
butacas. Y decidí que debía calzarme el zapato de artista para viajar y
volar con mis textos desde el escenario a la platea.
¿Cómo definirías en un máximo de cinco líneas de qué trata tu libro y por qué deben comprarlo los lectores?Tal y como añadí para el texto de la contraportada, es una colección de pequeñas historias sobre grandes fracasos, sobre esas parcelas de verdad que atañen a la gente de la calle, de los cafés solitarios, de los que ansían, aunque sea, una pequeña porción de atención en sus vidas.
Un poemario sin grandes alardes literarios para llegar al lector mirándole directamente a los ojos.
¿Cuál es el principal objetivo que te planteaste con la escritura de esta obra?
Poner voz a los que no la tienen, no les dejan, no
interesan. En un mundo donde las desgracias se convierten en una
operación de marketing, los “sin voz”, los “nadie” –que diría Galeano–
son mi principal objetivo. Para ellos es este poemario.
¿Qué es para ti ser escritor/a? ¿Te cuesta utilizar esa palabra para definirte?
Como diría el ficticio personaje de Cela en la
versión cinematográfica de Camus, «yo no soy escritor, soy un mero
“fabricante de letras”».
Un poeta de escenario que escribe una vez que se levanta el telón.
¿Qué ha sido lo más bonito y lo más difícil de todo el proceso de publicación de tu libro?
Empiezo por lo difícil: elegir la versión definitiva
de poemas para la obra definitiva, decantarme por uno y no por otro. Eso
que se llama de manera tan fea “selección”.
Lo más bonito fue el proceso de creación, desde la
cita introductoria, los distintos bocetos para la ilustración de la
portada, el tono de cada verso… Darle forma como hiciera, por ejemplo,
Bernini con un bloque de mármol hasta llegar a alguna de sus obras en
Villa Borghese.
¿Les aconsejarías a otros escritores que se embarcaran en la aventura de la autoedición?
Por supuesto, pero sin dejar de ser ellos mismos,
teniendo fe ciega en su trabajo y creyendo a pies juntillas en lo que
hacen. Conozco a muchos que vendieron su alma a cambio de un determinado
logotipo en sus trabajos.
¿Cuál ha sido tu experiencia con mundopalabras.es?
Lo concebí como un trabajo en equipo, y así fue. Me
orientaban, me dejaba orientar, les daba mi opinión, la contrastaban…
Una experiencia mágica. Como sospechaba desde el principio que iba a
ser.
Y así fue.
¿Qué sentiste cuando tuviste el libro entre tus manos?
Fue muy emocionante el desembalar las cajas y ver
todos los ejemplares allí, ordenados, callados, a la espera de comenzar
el viaje. Eso fue lo mejor de todo.
¿Algún consejo para escritores que están empezando?
Conozco a muchos que piensan que por utilizar
expresiones o palabras “barrocas” o títulos “en abstracto” ya se
consideran escritores. Y lo único que logran es que la gente que acude a
sus presentaciones se mire entre sí en busca de una explicación ya que
no entienden nada.
Uno de los grandes dijo una vez que la manera más
fácil y directa de escribir “voy a subir al árbol a por esa manzana” es
escribiéndola tal cual. Pues eso. Antes de llegar a las ramas hay que
pasar por la raíz y el tronco.
Ya habrá tiempo para llegar a la cumbre.
Últimamente nos gusta cerrar nuestras
entrevistas con una pequeña batería de frases que requieren una
respuesta muy breve, ¡vamos a ello!
Tu principal fuente de inspiración es…
La vida
Para llamar a las musas nada como…
Dejar la puerta entreabierta mientras estás trabajando
Tu lugar preferido para escribir…
Mi rinconcito, rodeado de un montón de libros y una fotografía dedicada de Concha Velasco
¿Prefieres el día o la noche?, ¿el silencio o algún sonido de fondo?
Siempre la noche, con los auriculares puestos mientras escucho música en tono bajo
¿Libro electrónico o libro en papel?
Papel, of course. Lo otro no debería llamarse libro tan siquiera.
¿Alguna superstición?
Ninguna
Un sueño como escritor…
Que al terminar el libro, el lector(a) se ponga a pensar.
Tu escritor/a favorito/a…
Infinitos, de Bukowski a Gala pasando por Cela o Kerouac
Un personaje literario que te cautivara especialmente…
Martin Marco, de La colmena
La novela que te hizo llorar…
NADA, de Carmen Laforet. Por lo terrible de la historia, máxime teniendo en cuenta la época en que se escribió.
Por último, nos gustaría conocerte un poquito mejor, ¿te animas a responder a nuestro apartado “muy personal”?
Tu comida favorita es… Como de todo, pero no me van las extravagancias tipo chef
Serías capaz de insultar si… Cuando la estupidez se hace evidente al alcance de la mano
Tu ciudad favorita es… ¿Una? Roma
Lo que más odias de este mundo… la falta de respeto hacia los más débiles
Una manía personal… mirarme al espejo
¿De qué te disfrazarías en una fiesta de disfraces?… Maestro de ceremonias de un cabaret (lógico)
Ahora mismo estás leyendo… El sueño de la ciudad, de Andrés Vidal
RECITAL EN LIBRERIA LIBU (BILBAO)
Vuelvo a la carretera con mi poemario DE CUANDO QUISE
ACARICIAR EL CIELO CON MIS PROPIAS MANOS, esas pequeñas historias en
verso sobre los grandes fracasos de unos personajes que agonizan en un
asfalto que dispara miseria, decepción y soledad.
El hombre que se desespera en la cola del paro, la vieja prostituta que añora tiempos mejores, el enamorado solitario que ansía unas caricias, el viejo artista de teatro que sale a escena con un nudo en la garganta... Todos ellos, acompañados por mi inseparable muñeca de trapo, símbolo de la infancia perdida, llevada a hombros por cuatro payasos con su cara blanca, con surcos de haber llorado...
OS ESPERAMOS!!!!!!!!
El hombre que se desespera en la cola del paro, la vieja prostituta que añora tiempos mejores, el enamorado solitario que ansía unas caricias, el viejo artista de teatro que sale a escena con un nudo en la garganta... Todos ellos, acompañados por mi inseparable muñeca de trapo, símbolo de la infancia perdida, llevada a hombros por cuatro payasos con su cara blanca, con surcos de haber llorado...
OS ESPERAMOS!!!!!!!!
breve reseña sobre mi obra
El poeta Isidro R. Ayestarán presenta su nueva obra, "De cuando quise acariciar el cielo con mis propias manos",
una colección de historias en verso sobre personajes fracasados cuyas
vidas cotidianas se desarrollan en la miseria, el sufrimiento y la
soledad. Una dura crítica a la situación actual marcada por el
desencanto, la falta de ilusión y el pesimismo.
Vagabundos, prostitutas, actrices en decadencia, infancias perdidas,
etc. se convierten en protagonistas y centro de atención de esta obra
que nos lleva a experimentar todos los estados de ánimo. Las palabras y
el universo literario en el que nos sumerge el autor nos arrastran a un
mundo gris en el que viviremos la decepción y la agonía, pero también
nos hará reflexionar, sonreír y emocionarnos.
Cuando uno abre este libro de Isidro R. Ayestarán pasa a sumergirse en un universo literario donde la prosa se hermana con la poesía a golpe de verso, donde las metáforas y los símbolos juguetean, desinhibidos, y embellecen con un barniz especial todo aquello que tocan. Es este escritor santanderino, sin duda, un artista de las palabras que las maneja con sobrada holgura, utilizando los ritmos con tanta habilidad que convierte cada composición de este poemario en una melodía que nos hará vibrar, ya la leamos en silencio, deleitándonos, ya sea en voz alta.
De cuando quise acariciar el cielo… es una obra con un enorme poder evocador que consigue sacudir al lector, y hacerlo reflexionar, y sonreír, y emocionarse hasta la médula, y sentirse afortunado de haber coincidido con este libro ante cuyo encanto es prácticamente imposible mantenerse impasible.
Isidro R. Ayestarán nació en Santander, en mayo de 1973. En 2009 ve la luz su libro de poemas y fotografías El cabaret de los sueños nocturnos, representado en formato café-teatro en varios escenarios de la capital cántabra.
Los textos de este autor y rapsoda han aparecido también en diversas publicaciones poéticas y ha obtenido algunos galardones como el del XVI Certamen de Poesía Merche Lanza.
Además, también es autor y coprotagonista de diversos espectáculos poético-teatrales representados en diversos escenarios de Santander y Madrid con títulos como Bohemian Cabaret, Trovador de madrugada o Carrousel, donde combina la sátira y el cabaret con el compromiso social.
Cuando uno abre este libro de Isidro R. Ayestarán pasa a sumergirse en un universo literario donde la prosa se hermana con la poesía a golpe de verso, donde las metáforas y los símbolos juguetean, desinhibidos, y embellecen con un barniz especial todo aquello que tocan. Es este escritor santanderino, sin duda, un artista de las palabras que las maneja con sobrada holgura, utilizando los ritmos con tanta habilidad que convierte cada composición de este poemario en una melodía que nos hará vibrar, ya la leamos en silencio, deleitándonos, ya sea en voz alta.
De cuando quise acariciar el cielo… es una obra con un enorme poder evocador que consigue sacudir al lector, y hacerlo reflexionar, y sonreír, y emocionarse hasta la médula, y sentirse afortunado de haber coincidido con este libro ante cuyo encanto es prácticamente imposible mantenerse impasible.
Isidro R. Ayestarán nació en Santander, en mayo de 1973. En 2009 ve la luz su libro de poemas y fotografías El cabaret de los sueños nocturnos, representado en formato café-teatro en varios escenarios de la capital cántabra.
Los textos de este autor y rapsoda han aparecido también en diversas publicaciones poéticas y ha obtenido algunos galardones como el del XVI Certamen de Poesía Merche Lanza.
Además, también es autor y coprotagonista de diversos espectáculos poético-teatrales representados en diversos escenarios de Santander y Madrid con títulos como Bohemian Cabaret, Trovador de madrugada o Carrousel, donde combina la sátira y el cabaret con el compromiso social.
SENDEROS DE POETA
No se
hicieron las tardes de domingo
para
hablar de amores perdidos,
ni el
horizonte de mi bahía
para ser
camuflado por la neblina matinal.
Los rayos
del sol se funden con el mar
bicolor
entre crepúsculos y lágrimas vertidas,
y los
solitarios no lo son menos por maquillar
artificialmente
sus sonrisas de mentira.
Hay quien
dice que los poetas naufragamos
en cada
uno de nuestros versos,
y que
como los buenos capitanes,
nos
hundimos con nuestro barco,
y los hay
también que se sientan a
contemplar
el caminar errante de las musas,
el footing del alcohol en sus venas, y el
calor
de aquel
beso que ya se pierde a lo lejos.
No se
hicieron las mañanas de lunes
para
escribir poemas amparados en el recuerdo,
para
ensordecer con el estruendo de los silencios,
apoyarme
en el balaustre de la nostalgia,
y
musitarle al viento que aún la quiero.
No,
querido destino incierto,
no
nacimos los poetas para dejarnos la piel
en este
cruel sendero de letras plañideras mientras
nos
lanzamos a la búsqueda de su
encuentro.
El amor
nos lleva delantera, compañeros…
Un par de
páginas, por lo menos.
(c) Isidro R. Ayestarán
LA SIRENA DE LA CALLE CUBO
Versión escénica del poema "LA SIRENA DE LA CALLE CUBO", incluido en mi último trabajo literario, y que en 2009 formó parte del repertorio del espectáculo "MUÑECAS DE CRISTAL", una gala realizada junto al maestro del transformismo OKY en la sala Colilla Queens de Santander y en la que, desde la óptica de diversos personajes y sus modos de vida, se hablaba de la mujer.
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le llamaban "EL PIRULETA"
Versión teatral del poema "El romance de Pedrito El Piruleta", representado en la sala Colilla-Queens de Santander junto al artista del transformismo OKY en septiembre de 2009.
Incluido en mi último poemario, "De cuando quise acariciar el cielo con mis propias manos", lo he recitado tal cual, en versión escénica en el montaje "Carrousel" y en este espectáculo, GRAND GUIÑOL, que tantas alegrías me dio en su momento.
Espero que os guste.
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