EL CABARET DEL VERSO ISIDRO R. AYESTARÁN (c) 2008 - 2020
Abandonado en la puerta de un camerino en un destartalado cabaret, fue educado por siete cómicos de la legua en las más variadas artes escénicas entre libretos teatrales, plumas de vedette, pelucas, tacones de aguja, luces de neón, cuplés, coplas, boleros, marionetas, carromatos, asfalto y un sinfín de desventuras que acabaron por convertirlo en un pseudo-escritor de relatos y poemas que recita por escenarios de más que dudosa reputación junto a los espíritus de Marlene Dietrich, Bette Davis y Sara Montiel, quienes lo acompañan desde niño en sus constantes viajes a ninguna parte.
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Anoche, las estrellas me alumbraron con la intensidad de un sueño, con el resplandor de esas quimeras que dejan de ser utopías para hacerse realidad. Anoche, mientras le silbaba a la oscuridad tu nombre, el brillo de una de ellas atravesó el corazón del poeta errante para escribir su verso más certero. Fue anoche cuando se me desveló el secreto del significado de tu silencio, de tus calladas respuestas, de lo más profundo de tu mirada. Y fue al alba, cuando al despertar entre tus brazos, ya no hubo sueño, ni meta ni horizontes, ni luz ni quimeras... ni tan siquiera hubo noche. Porque te encontré a ti de nuevo, y en un solo gesto sincero, eufemismo de la felicidad completa, tú y yo comenzamos a ser uno caminando aferrados a la ilusión escrita con el fulgor de aquel viejo sueño. ¿Le recuerdas? Es aquél que me dictaron las estrellas la pasada noche, justo antes de despertar junto a ti y sonreírnos el uno al otro. (c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2009
Que por una noche, el levantar la mano sea el prólogo de una caricia. Que por una noche, el levantar la voz sea para decir "te quiero". Que por una noche, los latidos del corazón marquen el ritmo de esta sociedad. Que por una noche, cuando los gobernantes firmen tratados de guerra no se lleven por delante a millones de N I Ñ O S muertos. Que no me callen la voz, para poder seguir diciendo lo que siento. Que no me quiebren los brazos, para poder seguir estrechándome con el mundo. Que no me cieguen, para poder seguir viendo las sonrisas de los niños.
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Uno de los momentos cumbre del espectáculo realizado el pasado 19 de junio en el Centro Cultural Dr. Madrazo de Santander. "El ballet de los soldados rasos", la oda anti-belicista denuncia de los conflictos armados y la muerte de los inocentes por defender el nombre de una patria y los límites marcados por las fronteras dictadas por los dignatarios. Sin lugar a dudas, el momento más aplaudido. Un número acentuado por los maravillosos temas musicales "La batalla de los héroes", que John Williams compuso para "Star wars - La amenaza fantasma", y "Silence", de Hans Zimmer para la película "La delgada línea roja".
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Qué no te daría yo por retenerte en cada nuevo amanecer, al sonar la alarma de tu reloj, al incorporarte desde tu lado de mi alcoba… Qué me quedaría por regalarte a través de mis palabras, de mis gestos, de mi mirada por que no te fueras a la hora señalada… De qué forma rasgaría el silencio que me atormenta al sonar el estruendo de la puerta, de tus pisadas descendiendo los cinco pisos que separan tu frontera de la mía, tu mundo de mi nada… Y dejo pasar el tiempo recostado en mi cama, abrazando tu recoveco, tu hendidura en mis sábanas, colocando mi bandera al llegar a tu cúspide, besarla como si fuera tierra santa… Y te añoro sabiéndote de otro, que él es tu día, tu luz, tu alegría… Y yo, convertido en tu noche escondida, en tu amante por horas con un contrato basura, un ser anhelante y agónico en espera de su mediodía… Pero te aguardo sin reproches a que llegues de nuevo para preguntarte por tus cosas, por el trabajo, por la familia… mordiéndome la lengua por no incomodarte, no fatigarte con mis neuras de amante impaciente a la espera de un abrazo que me reconforte y me dé la vida entera. Y en otra clase de silencio, mientras duermes el sueño del reposo por ese viaje mágico entre dos cuerpos, te acaricio y te amo de otra manera, poseyéndote sin testigos ni horarios impuestos, ni prisas por vestirte y despedirte de manera rutinaria con un beso en los labios. Es en esos momentos, entre la penumbra de las estrellas, cuando este amante que se muere por retenerte es tuyo de veras. Y tú, en sueños, asientes con una sonrisa dándome la razón. Y al sonar de nuevo la alarma del reloj, mientras te veo vestirte y arreglarte, derramo una lágrima dedicada al recuerdo de esos mágicos instantes donde tú y yo somos uno, aferrados a la pasión y la locura por adorarnos. Y qué importará que calumnien, critiquen y señalen con el dedo. Soy tu amante, el dueño de tu cuerpo por unas horas… y con una sonrisa esbozada en los labios, hasta el mismo Dios sabe que soy quien tiene las llaves de tu corazón… … aunque sea por un instante.
Paredes sombrías, velas consumidas, oraciones mudas, ojos ciegos, caminar errante, vago, apagado, alma arrancada hacia el fondo del túnel. Luz de velas ardientes, reflejos y destellos sobre fondo negro, Caronte en su barca se apodera del miedo que corroe tus adentros. Pero no, pero no... Quítate la venda y mira hacia la vida, hacia la platea de la gente que te quiere, que abarrota el teatro para aplaudirte porque tú puedes, porque tú lo puedes conseguir. Sal de bambalinas, despójate de las candilejas, deshazte del telón que te oculta, no hagas caso al falso apuntador que señala el camino equivocado, improvisa, actúa, vive... No me importa si tus fuerzas están limitadas, no me importa que te falte aliento o ganas para tirar hacia delante, yo voy contigo, a tu lado, dándote impulso, dándote vida, escuchando lo que quieras decirme, asintiendo a tu forma de expresarte, pero no te rindas, pero no te rindas... Estoy al otro lado del túnel con las manos tendidas a tu alma, a los latidos de tu corazón, dándote la luz que arrase la tiniebla que te rodea. Tú y yo juntos podemos. Podemos. (c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2009
Lluvia sobre sombras chinescas, alumbradas por farolas de luz tenue, frontera áspera entre vida amarga y mundo gris, gotas de placer, de dolor, de humedad en los recuerdos, gotas sin piedad... gotas de nostalgia...
Lluvia sobre los rostros del desánimo, del desencanto, del silencio más audible.
Lluvia sobre sombras chinescas inmóviles en su sendero incierto.
Gotas de agua en su propio miedo, lluvia nuclear que desintegra a partes iguales, lluvia pactada en el lenguaje de sordos de los gobiernos analfabetos, mudos y ciegos.
Rincones solitarios empapados de uniformes y crueldad, de fanatismo en la mirada, de intolerancia, de orden y mando, de surcos que se esculpen con la decepción, gotas de silencio, de ¡¡¡agachad la cabeza a mi paso!!!
Un niño que pregunta el porqué siempre en invierno nos asaltan las nubes grises en esta vida que logramos en la tómbola de los sorteos inexplicables.
Y no hay respuesta, porque no es agua de lluvia ... es agua de lágrimas.
un viejo texto, escrito originalmente en prosa, y remodelado
para su representación en "GRAND GUIÑOL... o no?",
al ritmo de la evocadora música que Francis Lai compuso
El 8 de septiembre es la fecha escogida para el nuevo espectáulo poético musical que interpretaré junto a OKY, tras "El show de los sueños" y "Muñecas de cristal". Poco puedo adelantar sobre este nuevo trabajo, tan sólo que la "VIDA" será el leit-motiv del show, con unos versos que irá desgranando un peculiar Trovador Nocturno que, al ritmo de las músicas de Henry Mancini (La pantera rosa), Andrew Lloy Webber (El fantasma de la opera), Violaine Corradi (Varekai), Melanie C (Norhern Star) y Madonna (Fever) entre otros, contará esas "pequeñas cosas tan de todos...".
El propio Oky, además de escenificar temas de Fiordaliso (Vive) o Estrella Morente (Volver), compartirá escenerio conmigo en varios números, con unas coreografías que ya estamos ensayando, con un nuevo juego de luces, vestuario y... una pequeña sorpresa que espero que sea del agrado de todos. Una pequeña pista: representaremos un pequeño acto teatral para abrir la segunda parte del show.
¿El contenido? - el próximo 8 de septiembre.
Os esperamos.
GRAND GUIÑOL... o no?
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En tu obra hay una gran variedad temática ¿te atreverías a describir la esencia, la columna vertebral de tu trabajo poético?
Sin lugar a dudas, y tal y como aparece en la introducción de mi libro, el verdadero leit-motiv de toda mi obra es el mundo de los sentimientos, ya sea desde la óptica romántica, analizando pormenorizadamente el amor y sus consecuencias más amargas (desamor, abandono, soledad…), o desde el punto de vista social, como cuando reflejo en mis versos, relatos o fotografías el alma de los perdedores en la vida, los considerados “ceros a la izquierda”, la gente a quien el espejo no les devuelve una sonrisa, viviendo en un constante nudo en la garganta y el corazón, los niños que sufren la violencia de los mayores, que resuelven sus neuras a base de conflictos armado, o todos aquellos que son ejecutados porque no se ciñen a las normas arcaicas dictadas por sus gobernantes o líderes religiosos, como es el caso de los homosexuales en países como Irán o el de las mujeres que mueren lapidadas al cometer adulterio. A ellos va dedicado mi “Cabaret de los sueños nocturnos”: a los hambrientos de amor, a los que mueren por culpa del abandono, a los que son exterminados por su forma de ser o pensar… y, especialmente, a todos aquellos que se detienen, aunque sea por un breve espacio de tiempo, a soñar una vida mejor.
Quizá, de ahí, que en el mini-show que ofrecí en la librería La libre el pasado 5 de junio, introduje al público en mi “Cabaret” a través de la voz ronca del Clint Eastwood de “Gran Torino”, ya que transmite a la perfección la esencia de mi poesía.
Eliges el cabaret para presentar la obra al público ¿Por qué?
Porque decidí presentar mi trabajo, a partir de diversos espectáculos teatrales, como si todos los ingredientes de la vida que he descrito antes estuvieran expuestos en un gran escenario, siendo desgranados por un “Maestro de ceremonias” un tanto peculiar: el personaje que inventé para la ocasión, y que en los shows de mayor duración cambia de vestuario, pasando del negro al blanco como metáfora de las dos caras de la moneda.
Además, consciente de que la poesía es algo muy minoritario, pensé que debía llevarla al mayor número de gente, haciendo un espectáculo que sirviera para, no sólo deleitar a los amantes de la literatura y la poesía, sino también para hacerlo llamativo, utilizando músicas de fondo, coreografías, juegos de luces, atrezzo..., y así, intentar despertar a la gente a los verdaderos problemas de este mundo loco en el que habitamos. De ahí que yo no ofrezca recitales de poesía “al uso” o me limite a leer mi trabajo sentado en una silla. Eso, en mí, es imposible. Si me quedara quieto sobre el escenario, siento que no sería capaz de transmitir lo mismo.
Ése es mi verdadero empeño, con mayor o menor fortuna.
¿Son ‘malos tiempos para la lírica’? ¿Por qué? ¿Por qué seguir haciendo poesía?
Pienso que la poesía es el arma certera para poder transmitir todo aquello que me dicta el corazón. Por eso la uso y la escribo, sin pararme a pensar si la poética es algo desfasado o, si me apuras, el lenguaje “exquisito” de los más petulantes. Yo no voy por ahí.
Si bien es cierto que en estos tiempos que corren, donde la informática, los sms y demás lindezas han cambiado el rumbo de las comunicaciones, haciéndola más inmediata y directa, coincido con la opinión de Chaplin, cuando en su famoso discurso para “El gran dictador” decía aquello de que “el mundo va más rápido, pero siente cada vez menos”. Ahí radica el secreto de seguir escribiendo poesía. Sentimiento puro y duro.
En el “Blues del asfalto” sugieres que “nadie hace nada”?¿Qué se debería hacer para evitar las “sonrisas mudas”?
Citas dos de los poemas de los que más orgulloso estoy. “El blues del asfalto” es un resumen del prólogo del libro, la esencia de la que hablábamos en una pregunta anterior, pasando desde la soledad de las prostitutas o las mujeres maltratadas, a la violencia de las cargas policiales, los atentados terroristas o los niños que lloran sin que nadie haga nada por ellos. “Y como una noria, todo vuelve a girar… todo vuelve a repetirse”. Y no es que sugiera que nadie haga nada para cambiar todo aquello, lo que aseguro con voz muy alta es que quien sí pone interés en intentarlo, se ve rodeado por continuas cortinas de humo que minimizan las voces alzadas contra las injusticias.
“Las sonrisas mudas”, mi canto a la paz desde la óptica de los niños que mueren en las guerras, es uno de los poemas más duros del libro, y en su versión teatral para los distintos espectáculos, uno de los más emotivos, pues al final, mientras suenan los compases de “Once upon a time in the west” de Ennio Morricone, me marco un baile con una muñeca rota.
¿Y qué hacer para evitar las “sonrisas mudas”? Quizá si los gobernantes dejaran de mirarse al ombligo, y si el pueblo despertara del letargo al que le someten y dejara de estar influenciado por ideas partidistas y fanáticas, pensaría por sí mismo y vería con total claridad que la violencia no es el arma para resolver nada. Lamentablemente, hay gente que lo “soluciona” todo por la vía rápida mientras todos los demás aplauden gozosos y satisfechos.
Desde mi modesta posición, lo único que puedo hacer es seguir denunciando lo que me parece injusto, bien sea desde un escenario o desde la letra impresa.
Ya lo dice un slogan de Amnistía Internacional: “si no se habla de ello… es como si no existiera”.
Lo marginal se presenta con belleza en la línea de los poetas malditos, ¿qué es lo que más te atrae de lo marginal, lo que te produce admiración y/o ternura?
Más que admiración, es ternura. Y llevas razón, ya que de siempre se ha asociado marginalidad, sordidez y decadencia con el aura de los escritores malditos. Me parece mucho más interesante retratar, por ejemplo, la vida rota de un chapero adolescente, como en mi cortometraje fotográfico “Tiovivo nocturno”, que el hablar de los triunfadores de la vida. No sé… Clint Eastwood también siente predilección por los perdedores; Chaplin veía la vida desde la óptica del vagabundo; John Ford se recreaba en los primeros planos de los que ansían una vida mejor de una manera asombrosamente poética. Y no es que estos tres pilares en los que me inspiro estuvieran encuadrados en lo que se entiende por autores malditos, pero también se veían atraídos por ese lado real de los que pueblan este mundo.
Las historias de amor y lujo tenían su gracia cuando era pequeño, cuando me “fumaba” las clases para deleitarme con “Dinastía” y “Falcon Crest”, pero a medida que van pasando los años, la mirada y el corazón van dirigidos, inexorablemente, a quienes de verdad se lo merecen: aquellos que sienten la necesidad de aferrarse a una ilusión para seguir adelante en la vida.
La temática LGTB queda reflejada en tu canto al amor en general ¿Consideras importante salir del paradigma heterosexual en poesía? ¿Cuál es tu actitud al respecto?
Al hablar de amor, no lo hago ciñéndome en etiquetas ni opciones sexuales concretas, sino que hablo del sentimiento en general, ya que entiendo que sólo existe una única forma de amar: aquélla en la que se pone el corazón por mucho que haya gente y/o sectores que intenten demostrar lo contrario. Allá ellos. Obviamente, y partiendo de mi compromiso con el ser humano, he de apuntar a quienes se ven rechazados por su condición homosexual, a los que aún deben esconderse para poder amar a sus parejas (realidad aún latente por muy avanzada que creamos que está la sociedad), a los que no se atreven a confesar su amor por gente del mismo sexo. Y muchos me critican por abanderar la bandera del arco iris considerando que la poesía no debería utilizarse para proclamar ciertos derechos. Pero yo no me puedo quedar callado viendo cómo el mundo se lava las manos ante, por ejemplo, el exilio político de un adolescente, cuyo novio fue ejecutado en Irán por contravenir los dogmas de la Ley Sharia, y que va mendigando por diversos países el que lo acojan para evitar el que lo extraditen a su país, donde le espera el mismo final que a su pareja. ¿Es qué el mundo está loco? ¿Cómo se puede consentir el que cientos de miles de personas se manifiesten de una manera parecida a la Inquisición de Torquemada contra algo tan evidente como es el que dos personas que se quieren, se acojan al derecho de estar juntas de manera legal? No, no me puedo quedar callado.
“Una historia de dos”, mi cortometraje fotográfico más visto en You Tube, con más de 40.000 visitas, es mi canto a todos ellos y ellas. “A flor de piel” y “El lugar donde ya no se pone el sol” son mis pilares en forma de verso respecto al rechazo que gays y lesbianas sufrimos a diario. Y mis imágenes, mis versos y mis espectáculos, siempre serán una mano tendida a quienes sienten con el corazón y aman según sus propios impulsos. Faltaría más.
¿Has hecho cine? ¿Otras disciplinas artísticas? Cuéntanos…
Me hubiera gustado aprender cine, ya que siempre he escrito con una técnica muy cinematográfica. De hecho, escribí muchos guiones de cine con la esperanza de que se materializaran en la gran pantalla, incluso me asocié con un actor local y fundamos AGC con el propósito de dar el gran salto, asistiendo, por ejemplo, al rodaje de “La playa de los galgos”, película que Mario Camus rodó en Castro Urdiales.
Con los montajes fotográficos en You Tube me he sacado la espinita, haciendo realidad (de una manera muy modesta en cuanto a medios) mi afán por transmitir mediante imágenes lo que reflejo en mis versos. De hecho, “El lugar donde ya no se pone el sol” lo filmé en imágenes, convirtiendo mi propia casa en un estudio, con decorados, cámaras, luces y un equipo de diez personas.
Me he atrevido también a fotografiar en exteriores, en la playa de Galizano, donde realicé “El sueño de las musas”, una historia gótica y tenebrosa donde unas musas horrendas inspiraban a un escritor en apuros a realizar su obra más personal. Y por las calles de Santander también he realizado gran parte de mi trabajo, para asombro de la gente que pasea tranquilamente y se encuentra de golpe con un grupo de locos que, cámara en mano, dan rienda suelta a su locura por crear.
Respecto a otras disciplinas, y de manera totalmente autodidacta, he compuesto canciones, música, y el diseño y las coreografías de mis espectáculos también son obra mía. Soy consciente de que debo pulir ciertos aspectos, pero tiempo es lo que me sobra…
Próximas actuaciones y anotaciones que hacer para la introducción de la entrevista.
Ahora mismo me encuentro preparando con OKY, el maestro del transformismo del Colilla Queens de Santander, nuestro nuevo espectáculo de teatro y poesía, tras el éxito cosechado con los dos shows anteriores, “El show de los sueños” y “Muñecas de cristal”, donde iba desgranando mi libro a modo de revista musical, intercalando números coreografiados a modo de cabaret el primero, y como homenaje a la mujer en el segundo.
Este tercer montaje, del que sólo puedo adelantar que será un canto a la vida, describiéndola desde diversos puntos de vista, será menos dramático que los anteriores, aunque la carga profunda seguirá haciendo acto de aparición.
Y por lo demás, sigo promocionando mi “Cabaret de los sueños nocturnos”, buscando locales por la ciudad, y con la idea de exportarlo a otros puntos de España, donde sé que me esperan con los brazos abiertos.
Y quién sabe, quizá para el invierno, aparezca un nuevo libro.
De momento, seguiré realizando nuevos montajes fotográficos para You Tube y el Canal Hispanista Tv, así como alguna colaboración apalabrada con la cadena local AquiTV.
La música del cabaret, seguirá sonando durante mucho tiempo todavía.
realizada por Patricia Manrique para el próximo número del periódico DIAGONAL CANTABRIA
En colaboración con la ONG Cantabria por el Sáhara y su campaña en beneficio de los niños saharauis que viene a España durante la época estival, el Colilla Queens, de la mano de OKY, realizó el pasado 7 de julio un festival benéfico para alentar dicha iniciativa, entregando todo el dinero recaudado del precio de las entradas (1 euro simbólico, cuyo montante superó los 200). Para tal fin, por el escenario del Colilla desfilaron diversos artistas del transformismo local, como el propio OKY, junto a Pepe Aro, Nené o Córax, además de un cuadro de baile de sevillanas y otro de salón, así como diversos artistas, como este servidor, que realizó tres números para deleitar al numeroso público allí congregado: "Buscarte", "Adicto al espidifen" y "Arrancarte de mí". Sin duda, una iniciativa hermosa. Las sonrisas de los niños bien que se lo merecen.
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Vieja canción desesperada en un gramófono perdido entre las ruinas de una desolación bélica, con la voz de Marlene a lo lejos, con el sendero marcado por las lágrimas, con el orgullo altivo de los generales.
Taciturno es el desfile de las miradas amoratadas por tantos golpes de pecho, por el “aquí estoy yo y por aquí no pasan” pronunciado por labios que murieron en un nombre con aroma a silencio.
Y tú en tu parque, con la mirada borrosa por el agua que mana de tu marchita sonrisa, alentando el vuelo del ángel que juguetea en la arena donde cayeron los gladiadores que aspiraron a ser héroes muriendo por el César.
Cavan fosos, construyen castillos, levantan barricadas soñando con que el aroma del invierno no decolore la fragancia de la primavera.
Y tú en tu nube, amortiguando el combate de la soledad en aquel lecho de estrellas, donde juramos querernos hasta la muerte.
“Buenos días” nos decíamos a los ojos. El niño mama ilusiones, ajeno a la locura adulta. La princesa del cuento aguarda en su torre. En el hatillo… nuestro mundo se esfuma deprisa. Y deprisa, mi mano busca una caricia y un beso.
Y tú me sigues aguardando… Y tú me sigues anhelando… Y tú me sigues llamando a través del cosmos. Pero a las estrellas se les han fundido los plomos.
Y al final del túnel oscuro pronuncio tu nombre. Vuelves la cabeza al sentir el aroma de mis flores. Pero es el viento quien te llama día tras día.
Y desde mi nube te veo partir desolada. En la arena queda el dibujo del alma. Dos nombres, un corazón… y una lágrima.
Dos hombres enamorados en esta historia inspirada en los versículos del libro del Apocalipsis, que cuenta cómo Dios arroja al infierno a uno de sus ángeles para probar su fidelidad a cambio de gozar de la vida eterna. Allí, será tentado por el Oráculo del Diablo, quien le someterá a múltiples vejaciones hasta que el amor y el sentimiento hacen su aparición. Será entonces cuando la ternura y las caricias se conviertan en su único lenguaje, aún a sabiendas de que su amor prohibido tendrá un final amargo para los dos. "Prefirió sentir el amor por un breve instante que vivir por una eternidad". Co-protagonizado por Bobby, este nuevo cortometraje fotográfico viene acentuado con los temas musicales "Devil square" y "Lost tower", de Jung Jae Hwan, y "Moon licht", compuesto por Violaine Corradi para la obra "Varekai" de EL circo del sol.
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Paraíso de nubes en el ocaso del sol, destellos tenues sobre el filo de la navaja, frases entrecortadas en el reino de los silencios, sentimientos que se olvidan en un latido extraño sin nombre ni fecha en el calendario.
Campanas a muerto a modo de réquiem, - llevan a enterrar a una historia de amor -, cortejo de besos y caricias ante la puerta del cielo, ésa que quisimos arañar por un instante, aquélla a la que convertimos en nuestra quimera.
Tules negros, sedas negras, lágrimas negras... dos elfos de madera labrada a tus pies haciendo guardia y vigilando tu sueño eterno, alentando la cuna que atraviesa el Gran Canal bajo el puente de los sueños rotos.
Yo allí, solo, agónico, exhausto, anhelante, desmadejado, perdido y alejado de tu mirada por este absurdo empeño mío de pintar el amanecer con unos colores tétricos ajenos al alba de la magia, de las caricias, de tu mundo, de tus manos tendidas.
No, no fui tu ángel, tu latido amigo, tu gesto sincero, tu sonrisa abierta en este mundo de palabras muertas ahora que el arco iris me aleja de la sombra inquieta de aquel baile entre dos cuerpos.
Y yo aquí, cabalgando solitario.
Y tú allí, en tu eternidad. Y nosotros, perdidos. Y preguntas el porqué. Y yo, sincero por una vez, musito... - Lo siento, no fui tu ángel.
"Mar de silencios" es el nuevo montaje fotográfico-musical, realizado a partir de mi poema "Mi reflejo en la luna", extraído de "El cabaret de los sueños nocturnos". En el vídeo, un poeta llora el abandono de su pareja, naufragando en un mundo de sueños y anhelos, donde desea ardientemente regresar a su lado, y acentuado con el tema musical "Crying (llorando)", escrito por Roy Orbison, interpretado por Rebekah del Río, y que David Lynch utilizó para su película "Mulholland Drive". Al principio del montaje, mientras vemos fotografías del mar, se puede escuchar el Coro Sacro que el malogrado Michael Jackson utilizó para una de sus composiciones, mi favorita, "Little Susie".
MI REFLEJO EN LA LUNA Siento la brisa en un mar de silencios y oigo el susurro del aliento sincero de un amante lejano que nombra mi esencia calladamente. Oigo el murmullo de mil voces que en una sola aciertan y comprenden lo que de este amor y su anhelo se desprenden. Me aferro al recuerdo honesto de un pasado apasionado donde nuestro amor por el otro era el único significado. Me reflejo en la luna tras tu recuerdo, y lloro tu ausencia, y añoro tu presencia en un momento en que la oscuridad ya es un todo. Y hoy tiendo mi mano al sentimiento queriendo morir en el sueño de tus besos, haciéndome sentir que el pasado es presente, y que el presente lleva tu mirada evocadora, perenne, tu aroma, tus gestos, tus manías, tu deseo, tu amor... todo tu nombre. (c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2007
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Montaje fotográfico que incluye las mejores instantáneas recogidas a lo largo de toda la promoción de mi libro "El cabaret de los sueños nocturnos", representado en la floristería Mil Rosas, en la librería La libre y en el Centro Cultural Dr. Madrazo de Santander. El vídeo viene acentuado por cuatro de los diversos temas instrumentales que sirvieron de banda sonora a los distintos shows: "Charleston" y "Terry", compuestos por Charles Chaplin para sus películas "Monsieur Verdoux" y "Candilejas"; "Silence", de Hans Zimmer para la película "La delgada línea roja"; y "Suite", compuesta por Guy Farley para "Modigliani". Un bonito recuerdo para lo que ha sido, sin lugar a dudas, uno de mis mayores éxitos, compartido con todo mi equipo técnico, sin los cuales no hubiera sido posible el realizarlo. Y otra vez, desde las líneas de mi Cabaret, les reitero mis mil gracias... y mis mil besos.
Con una puntualidad británica, el teatro del Centro Cultural Dr. Madrazo de Santander levantó el telón a las ocho de la tarde. Sobre el escenario, un gran piano, con una lámina de ángeles como partitura, y ornamentado con mi chistera plateada, un ejemplar de mi "Cabaret de los sueños nocturnos", el candil multicolor de este "trovador de madrugada", y dos candelabros de cristal. En el extemo izquierdo, una gran peana para ensalzar, sentada sobre una silla de madera, a la muñeca que utilizo en todos mis espectáculos; en el derecho, mi atril, decorado con una máscara y dos telares a modo de mariposa (estética ya utilizada en los primeros recitales de mi gira de promoción)... Dos enormes focos iluminaron el escenario, junto a cuatro lámparas de velas. Quince poemas al son de diversas músicas y coreografías: "Moonriver" de Mancini, "Watermark" de Enya, "Braveheart" de James Horner, "La batalla de los héroes" de John Williams, "Candilejas" de Chaplin y "Modigliani" de Guy Farley entre otras... Un atuendo completamente de negro, menos los zapatos y la hebilla del cinturón, que jugaban con el blanco y negro... y mucha emoción entre el público asistente. Un enorme éxito, tanto personal como artístico. Y desde estas líneas, mi enorme gratitud a la organización del acto, a Regino Mateo, director del Centro Cultural, a Merche Lanza por su presentación, a la emisora de radio OID CANTABRIA y la cadena de televisión AQUI TV por la promoción y la grabación de diversas imágenes, al periódico EL DIARIO MONTAÑES por publicitarlo, y, cómo no, a todo mi equipo técnico, sin el cual me sería imposible realizar nada: Rous con la música, Nel con la fotografía, Jorge Rodríguez con la iluminación, Ignacio Albarrán con la grabación en vídeo... y la voz maravillosa de Soledad Bezanilla, que recitó su poema "Luz" en el momento cumbre del espectáculo. Desde estas líneas... mil gracias a todos. Y mil besos.
La gran dama de la poesía en Santander, Merche Lanza, presentó el espectáculo. Toda generosidad; toda amabilidad; toda entrega; pura emoción al finalizar el show... Siempre, Merche. Siempre en mi corazón.
fotografía: NEL
Tras una introducción instrumental al ritmo del poema "Lágrimas negras", los versos de "Disoluta Colombina" abrieron el último recital de mi CABARET TOUR. "Hemos encendido las luces del escenario. Una tarde más, no sé muy bien qué dirección tomará. Cosas caprichosas del artista innombrable con el peso de los mil folios de la sensiblería romántica".
fotografía: NEL
"He vuelto a escribirte un poema tras sentir tu presencia en mi silencio, tras releer el epílogo que me dedicaste, tras morir en ese beso que nunca me diste". Los poemas que hablan de los amantes perdidos en busca de una nueva oportunidad, formaron el repertorio de la primera parte del espectáculo, a la luz de lámparas de velas y un foco blanco sobre mi atuendo negro.
fotografía: NEL
"...Ojalá te detuvieras un instante a escuchar el lamento amordazado de esas sonrisas, mudas de sentimiento, que están ahogadas en mil lágrimas de sufrimiento". Mi particular homenaje a todos los que son rechazados en el mundo, las mujeres lapidadas, los niños que mueren en las guerras... y al final, el entierro de una muñeca al son del tema instrumental de la película "Candilejas", con la voz en off de mi amiga, la gran poetisa Soledad Bezanilla, que recitó su poema "Luz" mientras en el escenario, me marcaba una coreografía con una gran tela negra.
fotografía: NEL
"Si pudiera tenerte esta noche entre mis brazos, abrazarte a la luz de las estrellas... ahogarnos, en un beso profundo dedicado al crepúsculo". A la luz de un candil multicolor, metáfora de la luz al final del tunel de la amargura y la soledad, el Centro Cultural despidió mi espectáculo.
fotografía: NEL
Final del espectáculo: firma de libros para el numeroso público que disfrutó y se emocionó con los versos de mi CABARET TOUR.
Tras haber descorchado la botella con el recital "El amor... ese romántico maldito", el pasado 6 de junio arrancó el nuevo ciclo de Primavera de poesía organizado por Absenta Poetas, con la colaboración de la Concejalía de Cultura, en el Centro Nacional de Fotografía de Torrelavega. "Sorbo a sorbo", y a lo largo de una hora de duración, Javier Perales, Mikel Lado Peña, Alen Kerish, Marianella Ferrero e Isidro R. Ayestarán fueron desgranando su repertorio poético, junto a los versos de unos invitados muy especiales: Gerardo Diego, José Luis Hidalgo, José Hierro, Idea Vilariño, Eduardo Galeano, Gioconda Belli, Roque Dalton, Juanjo Galíndez, Heddy Navarro Díaz, El Conde de Lautreamont, Ramón del Valle Inclán, Liber Falco y Katho Gómez. Tras el montaje fotográfico de Fernando Domínguez, las poderosas guitarras de Sergio "Sesi" Mier y Gerardo Ramos introdujeron al público allí congregado en un mundo de versos románticos sobre los amores pasajeros y los anhelos del alma.
Pero eso no fue todo, ya que el pasado sábado 13, los poemas nos hablaron de este mundo que nos rodea, con sus miserias, sus acentos y sus quimeras. "El mundo está loco (y nosotros también)", dio paso a los trabajos más densos y comprometidos de estos poetas cántabros que no cesan en su empeño de transmitir al resto del mundo que la poesía sigue viva, y que nunca desfallecerá. Y todavía quedan dos pases más: "Requiem al misterio" (sábado 20) y "Con Eros, cuerpo a cuerpo" (sábado 27), junto a más poetas de la Asociación, como Laura Sañudo, Gimena Angeriz, Raquel García y Eva Bolado.
En los sábados de junio, Torrelavega y Cantabria se visten de poesía y sentimiento. Y los Absenta Poetas, firmes hasta la ronquera, son los encargados de hacer el traje a medida.
Y es que ya lo dijo el trovador Mario Benedetti:
Cuando la poesía asume la esperanza puede salvarnos de la hartura fósil y tal y como es / jardin sin cielo puede inventarnos otro porvenir.
Conocedor mi hermano de mi gusto por los locales sórdidos y decadentes, me pidió que le acompañara al Palacio de Justicia, lugar de encuentro habitual de yonquis, putas y demás inmundicia sin necesidad de ocupar cargo público alguno, para que firmara como testigo a la hora de formalizar su expediente de matrimonio civil, “una cosa rápida, cosa de minutos…”. ¡Ay! mi hermano siempre fue un poco ingenuo.
Total, que para allá que fuimos, y nada más llegar, un scanner con pitidos nos dio los buenos días de una forma singular, dormiría mal la pasada noche, por lo que un armario empotrado de tres por tres me hizo quitarme los anillos, las cadenas, el móvil y hasta el cinturón especial “de los domingos” que me había puesto aquella mañana para ir un tanto mono y conjuntado. Y venga a quitarme cosas, que ya parecía el anuncio del Enrique Iglesias ese. Luego, un largo pasillo decorado con láminas manchadas de humedad, moho y demás lindezas propias del abandono, todas ellas pegadas a la pared con celo sucio y endeble, que no está la economía patria como para despilfarrar en marcos de madera, aunque sean de Cadena Cien. Pero una cosa es el ahorro… En fin, que un gran póster de colores estridentes anunciaba, como si de una Agencia de viajes se tratara, que “El Ministerio de Justicia, cada día está más cerca de ti”. Qué rabia me dio, pensé para mí, ya que si tan pendiente está la señora Justicia de sus retoños, por qué nos acoge en su santa casa el día en que libra el servicio. Papeles tirados por el suelo, funcionarios con cara de funeral perpetuo y continuado, como una boda árabe (lo digo por la duración de los semblantes taciturnos), instalaciones para echar a correr, pero no a sus brazos, sino en la dirección contraria, como en los bailes de fin de curso, cuando la más fea se pone remolona y le apetece monear con uno.
Total, que tras otro pasillo interminable, dimos con un gran patio que, por su forma, se asemejaba al de un claustro de una catedral. “Es que de antes, esto era un monasterio de monjas de clausura”, me comunicó una señora de fuera toda pancha sobre un banco de madera a falta de tres barnices. El banco. “Acabáramos” – pensé – “de casa de Dios a casa de funcionarios del Estado”. Pues sí que el país está en crisis. Y de las gordas. Atravesamos también una gran cola de inmigrantes, que hacían la mañana ante una gran puerta para resolver sus “papeles”, y me llamó la atención un crío muy mono de unos cinco años, vestido con chorreras, chupete y un pendiente en la oreja izquierda. Una monada, vamos. Qué gente… Pasamos ante un mostrador donde se expedían “fés de vida, sólo con el carné de identidad en vigor”, así de literal rezaba el cartel, pero mi hermano y servidor nos fuimos derechitos hacia otro que ponía “expedientes de matrimonio, sólo para casarse”. –(hay días en que los poemas me salen solos) –.
Nos atendió una funcionara entrada en años, en carnes, en horas de peluquería y en camiseta de lycra – las hay con valor – de color negro donde se resaltaban – y de qué forma – unas letras doradas donde se podía leer “S M I L E” (sonríe). Lo que pasa, es que como ella lo leería al revés, pues como que no se daba por enterada, ya que con acento huraño y voz de urraca constipada por quitarse el sayo antes del cuarenta de mayo, nos dijo que faltaba una fotocopia por entregar, unas partidas de no sé muy bien qué, y el sello de no sé qué oficina, por lo que “el vuelva otro día con todo formalizado, que aquí no nos gusta perder el tiempo”, se hizo patente una vez más. Y sin más preámbulos, continuó con su ajetreada vida laboral: se sacó una lima, se miró las uñas, le dio tres pasadas, miró su reloj de pulsera, y decidida, cogió una chaqueta, colgó el letrero de “volvemos enseguida”, y se marchó a hacer la compra, que aquella mañana el súper había puesto las lechugas de oferta del día.
Mi hermano me miró descompuesto. Yo le esbocé una sonrisa. Él se acordó de su familia y de algún muerto fresco. Yo continué riendo, que para eso uno puede resarcirse ante una página en blanco o la pantalla de un ordenador. Que si quiero, porque es mi casa, pongo los letreros que me da la gana y vuelvo cuando me apetezca de veras. Pero que en casa de todos se produzcan estos desmanes…
Sí, mi hermano fue listo al avisarme el día anterior. Sabía a todas luces que el día sería, por lo menos, inspirador de versos escritos con la certeza de un francotirador a sueldo.
Ellos se lo buscaron, forastero. El sol ha salido. Ha amanecido. Diez pasos, giramos… y ¡¡fuego!!
Sí, querido lector, amiga lectora… Aquella mañana di un bonito paseo.
Eras la persona más frágil que había visto en mi vida, agazapado bajo las escaleras, con tus ojos resaltados en negro, con tu cuerpo resquebrajado como un cristal hecho añicos, apenas vestido y con aquellas alas oscuras que llevabas a la espalda, como si vinieras de una representación teatral de la que te hubieran echado a patadas sin tiempo para poder cambiarte. O quizá eras una aparición en uno de mis constantes sueños en los que me recreo cuando estoy despierta. No sé. Te vi, me miraste, y no dijimos nada. Te perdiste entre la gente en algún momento de la noche, en el preciso instante en que volví a pensar en ti, miré bajo las escaleras, y ya no estabas. Y por alguna poderosa razón, me sentí como aquellas mujeres de la noche que pueblan las estaciones solitarias de tren sabiendo que han dejado escapar el último momento de su vida para llegar a ser felices. Me desembaracé de mi grupo y te busqué por cada uno de los rincones, como queriendo asegurarme de que no habías sido fruto de mi imaginación o, como deseando con todas mis fuerzas que fuera cierto, un impulso certero de uno de los latidos que pueblan y dan vida a mi corazón. Y corrí, corrí rauda por toda la sala, por cada uno de sus recovecos, sus salas vip, sus rincones oscuros, sus sofás de cuero donde se desmayaban los cuerpos decadentes, exhaustos y plenos de alcohol y efusión artificial; pregunté por ti a quien pudiera responderme, a quien pudiera encauzarme en aquella búsqueda que mezclaba la desesperación por no hallarte de nuevo con el miedo o la inseguridad a adentrarme en un terreno inhóspito y extraño. Pero no te encontré. Y todos me miraron como a una loca, riendo divertidos sobre el escenario de ese peculiar mundo de fantasía que me había inventado para sentirme viva de nuevo. Ya en el cuarto de baño, ante el espejo que me devolvía una imagen de angustia y terror, lloré y confundí mis lágrimas sinceras con el sonido del agua que desaparecía por el desagüe. Y fue entonces cuando te vi de nuevo, cuando supe que eras tú por ese brillo apagado, como de tarde de otoño, que delató tu identidad de solitario nocturno. Te habías quitado el maquillaje de los ojos, te habías puesto una camiseta blanca y estabas guardando las alas negras en una mochila casi deshilachada. Nos sonreímos, nos devolvimos la mirada, y lentamente te acercaste hacia mí. No dijiste nada, me tendiste la mano, y al tiempo que recogías todo tu mundo, reducido a aquella ruinosa maleta de tela, me sacaste de aquel lugar con la cadencia de un adagio, como aquellos bailes lentos que se deseaban en las discotecas de mi juventud tras la música atronadora. Y así, como una pareja de baile perfectamente sincronizada, en la calle volviste a sonreírme antes de comenzar a recorrer un sendero de silencios y miradas a través del boulevard que nos llevaría a la playa.
Eras la persona más triste que había visto en mi vida. Allí, encogido de manera casi fetal, con tu maquillaje negro cubriéndote por completo los ojos, y con un surco reciente de lágrimas en tu mirada dormida. Pero no quise despertarla, porque rompería el idilio de aquel mágico instante de la primera vez. Pero para entonces, y tras escuchar en silencio cada uno de los latidos de mi corazón, ya sabía que tenía que estar a tu lado el resto de mi vida.
Mientras escuchábamos el sonido del oleaje, en aquella playa nocturna con atmósfera de invierno, me confesaste que estabas solo en el mundo, incapaz de entender la lengua extraña de los que no creen en el amor; que tu caminar errante por el mundo como mimo, sólo te había servido para incomunicarte aún más con la gente, a la que mirabas a los ojos en el momento en que depositaban una moneda en el interior de tu desmadejada mochila, y que las veces que habías fundido tu cuerpo con el de alguna amante furtiva, ésta se había resquebrajado entre tus manos como una muñequita de porcelana. Y me hablaste también de la luz de las estrellas, que iluminaban tu mirada de una manera especial aquella noche, y de lo que sentías al notar la brisa del mar en tu rostro, de lo que percibías en los semblantes de las gentes que habitaban las ciudades que visitabas mientras paseabas por sus grandes avenidas, lo que observabas cuando te sentabas solo en alguna mesa de algún local de copas… Y de cómo, a medida que callabas tus palabras, tus ojos se pintaban de un negro más oscuro cada vez.
Eras la persona más cautivadora de cuantos había conocido en mi vida. Y allí estabas, con tu atuendo de Mariposa Negra, con tus alas desplegadas al son de la brisa marina, como una estatua nocturna alumbrada por la luz de la luna, representando a tu personaje en exclusiva para mí, con tu frágil cuerpo semidesnudo en paralelo a tus alas, que por un momento parecía que iban a coger el vuelo y alzarte hacia algún rincón lejano entre tus adoradas estrellas. Con una sonrisa, me acerqué lentamente, a semejanza de todos aquellos que lo hicieron antes que yo, pero sin la firmeza y la convicción de unos sentimientos que ya albergaban de manera sincera en mi interior. Y decidida, en vez de arrojar una moneda a tu mochila, lo que hice fue darte un beso sincero en los labios. Sólo uno, labio con labio, tus ojos negros y los míos cerrados, y dos corazones que latían al mismo ritmo en aquel preciso instante en que ya nada nos separaría jamás. – ¿Quieres ser mi novia para toda la vida? – me preguntaste.
Es curioso el lenguaje de las miradas apagadas a lo largo de una autopista de asfalto, sin ningún objetivo claro ni meta alguna en el caminar diario y rutinario de unos cuerpos abandonados al desolador horizonte de una vida gris. Ahora lo sé. Ahora lo entiendo. Entre todos ellos, yo parezco la extraña, la mariposa perdida que vuela solitaria sobre un bosque de encinas y robles de cemento. Pero tú te encuentras al final de mi camino, irradiando una mágica luz en el centro de la plaza donde te has situado para encarnar a tu personaje silencioso. Y me desprendo de la aspereza del mutismo de estos habitantes raros para acercarme a ti, esperar unos minutos a tu lado, que bajes del pedestal en el que te has subido en esta mañana de domingo, cogernos de la mano, y perdernos hasta llegar a otro rincón donde dar vida a tu Mariposa Negra. Pero juntos. Perdernos juntos…
Eras la persona que estaba predestinada a ser quien diera luz y vida a mi mundo. Lo supe aquella noche en que huías del desaliento bajo las escaleras de aquel lugar decadente donde nos conocimos, con aquellas alas oscuras aún en tu espalda, con tus ojos pintados de negro y el surco de una lágrima recorriendo tu rostro. Y lo sé también ahora, cuando te despierto del sueño con un beso en los labios mientras esperamos en una estación de tren, ahora repleta de gente, para irnos y seguir aferrados el uno con el otro en cualquier parte del mundo donde no nos importe más que el estar juntos, sin más luz ni más color que el de nuestra mirada.
Y mirándote a los ojos, te dedico una sonrisa, como hice aquella noche en la playa, cuando tú me hiciste una pregunta que no necesitaba respuesta.
Dos hombres frente a frente, prisioneros en una historia de pasión y fuego, que se aferran en un mismo cuerpo para no soltarse jamás; porque saben, que de hacerlo, morirán de amor y soledad.
"Si pudiera aferrarme al sueño de estar contigo... y poder gritarle a todo el mundo que te quiero".
(c) ISIDRO R. AYESTARAN, 2009
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Siempre he sostenido la teoría de que los versos de los poetas son como mariposas que levantan el vuelo... De ahí que para los mini-espectáculos de poesía y teatro que sirvieron de presentación de mi libro "El cabaret de los sueños nocturnos" en la floristería Mil Rosas y en la librería La Libre, hubiera un atrezzo un tanto especial: mi atril, con mi máscara cubierta de telas a modo de alas de mariposa, y que hacían juego con mi atuendo oscuro y los zapatos especiales en blanco y negro que la musa Luzmela me regaló para escenificar mis versos. Fueron dos recitales distintos, pero la mezcla del romanticismo y el compromiso social casaron acertadamente una vez más. Mil gracias a mi equipo técnico de costumbre (ellos ya saben quienes son). Me llevo a lo más profundo de mi corazón su tremendo calor humano, así como las miradas atónitas de quienes presenciaron por vez primera uno de mis espectáculos. Han prometido repetir. Para ellos, darles la bienvenida a mi mundo de sueños... Los sueños de este su poeta.
fotografías: NEL
"El cabaret de los sueños nocturnos está dedicado a mis estrellas del cielo". El amante solitario de "Otoño" y "Caminando con mi soledad", con la mirada siempre puesta hacia el paraíso de las estrellas. Luego vendría la parte cabaretera del show, con "La alcoba desnuda", "Adicto al espidifén" y un vals un tanto peculiar para los versos de "Buscarte". Una vez más, el aroma de las rosas de Charo hacían juego con la música de mis palabras.
fotografía: NEL
"Me gustaría aferrarme a tus brazos mientras le dicto a las estrellas las heridas sin cicatrizar de mi alma". Tras "Las sonrisas mudas" y "El sordo siempre cree que el que baila está loco", los versos de "El poeta azul de las letras locas" cierra el show en la floristería Mil Rosas.